Oye al viento cantar
(fragmento?)

(Vagando por Internet, encontré una transcripción de la primera novela de Haruki Murakami. Es muy corta - apenas 12 hojas -, así que supongo que es un fragmento.)


Oye al viento cantar
Haruki Murakami

1.

“No existe tal cosa como la escritura perfecta. Tanto como no existe la desesperación perfecta.”

Un escritor que tuve la oportunidad de conocer cuando estaba en la universidad me dijo esto alguna vez. Aunque fue mucho después cuando comprendí el verdadero alcance de estas palabras, al menos podía hallar algo de consuelo en ellas. En el hecho de que no existiera tal cosa como la escritura perfecta.
Pero era igual, cuando tenía que ponerme a escribir, siempre era superado por la desesperación. El alcance de mis habilidades era demasiado limitado. Aún si pudiera escribir acerca de, digamos, elefantes, probablemente no hubiera escrito una sola línea acerca de los entrenadores de elefantes. Así era.
Durante 8 años, estuve atrapado en ese dilema - y 8 años es un largo tiempo.
Pero claro, uno puede decirse a sí mismo que siempre hay una lección que aprender de todo, y envejecer no debería ser así de difícil. Esa es la tendencia general.
Desde que llegué a los 20, he tratado de ceñirme a esta filosofía de vida. Gracias a la cual he recibido puñaladas, he sido engañado y malentendido innumerables veces, o con la misma frecuencia me he encontrado en las más extrañas situaciones. Todo tipo de gente se me ha acercado para contarme sus historias, pasando sobre mí como si yo fuera un puente, para no volver jamás. Todo el tiempo mantenía la boca cerrada sin decir nada. Así es como vi pasar mis veintitantos años.
Ahora creo que estoy listo para hablar.
De hecho que no he encontrado la solución a nada. Si la idea fuera esa, para cuando hubiera terminado de hablar, las cosas no serán distintas de cuando empecé. Caes en la cuenta rápidamente: escribir no es ninguna forma de autoayuda. Es apenas un pasable intento de autoayuda.
Aún así, es tremendamente difícil decir las cosas honestamente. Mientras más honesto trato de ser, más se alejan en la distancia las palabras adecuadas.
No es que quiera racionalizarlo, pero al menos este escrito es mi mejor esfuerzo en este momento dado. No hay más que decir. Y aún así, me encuentro pensando que, si todo sale bien, en algún momento más adelante, años, tal vez décadas a partir de hoy, podría descubrir, al final, que estos esfuerzos han sido mi salvación. Entonces contemplaré, desde ese punto, a los elefantes regresando a las planicies y plasmaré esta visión en palabras más hermosas.

***

He aprendido bastante sobre escribir de Derek Heartfield. Tal vez casi todo. Desafortunadamente, Heartfield era un talento desperdiciado, en todo el sentido de la palabra. Léelo y verás. Su estilo es difícil, las historias, imposibles; los temas, infantiles. Sin embargo, era uno de los pocos escritores caracterizados por la habilidad de darle una buena pelea a las palabras. Un contemporáneo de Hemingway, Fitzgerald, y toda esa gente. Heartfield era, a mi parecer, no menos “luchador” que ellos. Era solo que hasta el final, Heartfield nunca tuvo una imagen clara de con quién debía haber estado peleando. Ese fue, finalmente, el desperdicio de su talento.
Durante 8 años y 2 meses él luchó en vano, luego murió. Una buena mañana de domingo, en junio de 1938, un retrato de Hitler sujeto a su mano derecha y un paraguas en su mano izquierda, saltó desde la cima del edificio Empire State. Fue tan inadvertida su muerte, como había sido su vida.
Fue durante las vacaciones de verano, en mi tercer año de preparatoria - y yo estaba con una terrible picazón en la entrepierna - que una edición agotada de Heartfield encontró su rumbo a mis manos. El tío que me dio el libro desarrolló cáncer intestinal 3 años después, y murió con dolor insoportable, las tripas por completo en pedazos y tubos de plástico entrando y saliendo de su cuerpo. La última vez que lo vi, estaba tan demacrado y enrojecido como un viejo y astuto mono.

***

En total he tenido 3 tíos, uno de los cuales murió en las afueras de Shanghai. Dos días después del cese del fuego, pisó una mina que él mismo había plantado. Mi único tío sobreviviente se había convertido desde entonces en prestidigitador, y ofrecía su espectáculo a las posadas de aguas termales por todo Japón.

***

Heartfield había dicho sobre el escribir bien: “La tarea de escribir consiste primeramente en reconocer la distancia entre uno mismo y las cosas alrededor de uno. No es sensibilidad lo que se necesita, sino una regla.” (¿Qué hay de malo en sentirse bien? 1936).
Para mí, tuvo que haber sido el año que el presidente Kennedy murió que tomé mi regla y empecé a comprobar las cosas de fuera, siempre con mucho cuidado. Eso ha sido ya hace 15 años, y en esos 15 años he abandonado un montón de cosas. Así como cuando un avión tiene problemas en el motor y empiezan a botar todo el equipaje para reducir peso, luego los asientos, y finalmente llegarán incluso a lanzar a las aeromozas. A lo largo de aquellos 15 años he descartado todo tipo de cosas, pero no me he quedado con casi nada en el proceso.
No estoy completamente seguro de haber hecho lo correcto. Ciertamente, hizo mi carga más llevadera, pero las perspectivas son realmente aterradoras: al envejecer, cuando llegue el momento de morir, ¿qué quedará en la tierra de mí? luego de mi cremación no quedará ni un hueso.
“A aquellos de espíritu triste llegan solo tristes sueños.” es lo que mi abuela siempre decía.
La noche que mi abuela murió, lo primero que hice fue acercarme a ella y cerrar sus ojos. Y en cuanto hube bajado sus párpados, los sueños de sus 79 años se dispersaron tranquilamente como una pasajera lluvia de verano en una calle de negocios, sin dejar nada atrás.

***
Una cosa más acerca de escribir. Esta es la última.
Para mí, escribir es un trabajo difícil en extremo. Hay veces que me toma un mes entero escribir una sola línea. Otras veces escribiré 3 días y noches de corrido, solo para que todo esté mal.
No obstante, escribir puede ser también divertido. Comparado con lo difícil que es la vida, el proceso de encontrarle significados a esta lo es todo para vivir tranquilo.
De vuelta en mi juventud, ¿en qué estaba? Me sorprendió tanto despertar a esta verdad, que durante una semana no dije una palabra. Que si prestaba la menor atención a las cosas, el mundo empezaría a seguir mi voluntad - eso es lo que parecía - todos los valores cambiarían, incluso el paso del tiempo empezaría a cambiar.
La trampa se descubrió, desafortunadamente, mucho después. Tracé una línea al centro de una hoja de cuaderno, puse a la izquierda las cosas que había conseguido, y a la derecha todo lo que había dejado en el camino - cosas que perdí, cosas que destruí, cosas de las que me alegraba haber perdido el rastro, cosas que sacrifiqué, cosas que traicioné - la lista era interminable.
Un enorme abismo separa a aquello de lo que intentamos ser conscientes de aquello de lo que realmente somos conscientes. Y no importa que tan larga sea tu regla, no hay medida que baste. Lo que puedo dejar aquí, por escrito, solo llega a ser un catálogo. No una novela, ni literatura, ni siquiera arte. Solo un cuaderno con una línea trazada por el centro. Y quizás una lección o dos por algún lado.
Si es arte o literatura lo que estás buscando, harías bien en leer lo que escribieron los griegos. Para que exista el verdadero arte, es necesario que exista la esclavitud. Así era con los antiguos griegos: mientras los esclavos trabajaban la tierra, preparaban los alimentos, y remaban en los barcos, los ciudadanos podían tenderse bajo el sol mediterráneo. Perderse en la composición de poemas u ocuparse de sus matemáticas. Así es con el arte.
Más los simples humanos que se dirigen a sus refrigeradores a las 3 de la mañana serían incapaces de tal escritura.
Y eso me incluye.

2.

Esta historia empieza el 8 de agosto de 1970, y termina 18 años después, el 16 de agosto del mismo año.

3.

“Los ricos pueden comer mierda!”
Rata volteó hacia mí y gritó tristemente, ambas manos apoyándose en el mostrador. O quizás estaba gritándole al molino de café detrás mio. Rata estaba sentado junto a mí en el mostrador, así que realmente no había necesidad de que volteara en mi dirección. Bueno, como sea. Una vez que se hubo calmado, continuó saboreando su cerveza con la usual expresión satisfecha. Valga decir, ni un alma prestó atención al exabrupto. El pequeño bar estaba repleto, y ¿quién no gritaba igual de fuerte a alguien más? todo el lugar parecía un barco de pasajeros a punto de hundirse.
“¡Parásitos, es lo que son!” Rata movió la cabeza, vehemente, “¡nada más que peso muerto todos ellos! ¡Me da escalofríos de solo mirar a sus caras de monederos!”
Me llevé el vaso de cerveza a los labios y asentí en silencio. Rata había dicho su discurso y guardó silencio y se quedó mirando su mano sobre el mostrador, dando vuelta a sus dedos de un lado al otro, una y otra vez, como si los estuviera asando al fuego. Me resigné a mirar al techo. No se inició una nueva línea de conversación hasta que hubo terminado de examinar sus diez dedos en orden. Siempre era así.

Solíamos beber como posesos. Durante el transcurso de un verano llegamos a tomar un estanque de 25 metros de cerveza y comer tanto maní como para cubrir el piso del bar de J con 2 pulgadas de cáscaras. Si no lo hubiéramos hecho, no habríamos sobrevivido a aquel aburrido verano.

Un poster amarillento de nicotina colgaba detrás del mostrador del bar de J, y cuando las cosas iban insoportablemente lentas nos quedábamos mirando a esa imagen durante horas sin término. La imagen era un patrón, algo como un test de Rorschach, en el que yo veía lo que parecía ser el enfrentamiento entre 2 monos verdes lanzándose al aire 2 bolas de tenis uno al otro.

Cuando le dije esto a J, el cantinero, se detuvo un momento a echar un vistazo, para luego responder con un despreocupado, “bueno, ahora que lo mencionas...”

“¿Qué crees que simbolice?” le pregunté.

“El mono de la izquierda eres tú y el de la derecha soy yo. Yo te lanzo una botella de cerveza y tú me lanzas el dinero por ella.”

Bebí mi cerveza, muy impresionado.


“¡Me dan escalofríos!”

Rata había terminado la revisión de sus dedos y estaba empezando de nuevo. Aquellas diatribas contra los ricos no eran nada nuevo en Rata, y de hecho, realmente los odiaba. Su propia familia era de posición acomodada, aunque siempre que le mencionaba ese punto, su respuesta habitual era, “eso no es culpa mía.” A veces (generalmente cuando yo había bebido demasiado), le decía “nah, en realidad es tu culpa.” Una vez que decía eso, siempre me sentía pésimo. Porque, en cierto modo, Rata tenía razón.

“¿Por qué crees que no soporto a la gente rica?”

Esa noche, Rata no se detenía. Era la primera vez que había seguido con lo mismo durante tanto tiempo.

Moví la cabeza.

“bien, déjame decirte.” Rata siempre estaba “dejándome-decirte” algo. “Es porque los ricos no se preocupan por comprender nada. Ellos necesitan una linterna y una vara incluso para rascarse sus propios traseros”

“No me digas”

“Si, muchos de ellos no tienen un solo pensamiento que valga la pena en sus cabezas. Ellos solo fingen pensar... ¿y sabes por qué?”

“Te escucho”

“Porque no lo necesitan. Claro, tienen que usar sus cabezas un poco para enriquecerse, pero ya no para mantenerse ricos. No más que un satélite necesita gasolina para seguir dando vueltas y vueltas en el mismo lugar. Pero las cosas no son así para ti o para mí. Nosotros tenemos que ingeniárnoslas para sobrevivir. Tenemos que considerar todo, desde el tiempo que hará mañana hasta el tamaño del tapón de la bañera. ¿Cierto o no?”

“Ahá.”

“ya ves, así es la cosa.”

En cuanto Rata hubo terminado, sacó un pañuelo de su bolsillo y se sonó la nariz ruidosamente. Cuan serio era acerca del tema, no sabría decir.

“aunque, todos mueren al final,” aventuré.

“¿Y qué con eso? todo el mundo tiene que morir alguna vez. Pero hasta que llegue ese momento se pasan sus buenos 50 años de vida por vivir, y déjame decirte, vivir 50 años pensando en varias cosas es todo un infierno comparado a vivir 500 años sin pensar en nada, ¿estoy en lo cierto?”. Tuve que admitir que tenía un argumento ahí.

4.

Conocí por primera vez a Rata hace 3 años en primavera. Ambos entramos a la universidad aquel año, y los 2 habíamos quedado muy vapuleados. Así que no recuerdo absolutamente nada de los que pueda haber pasado para que termináramos en aquel viaje pasadas las 4 de la mañana en su brillante Fiat 600 negro. Supongo que teníamos algun amigo en común.
Sea cual fuere el caso, íbamos ebrios, acelerando ruidosamente, y para colmo el velocímetro llegaba ya a los 50. ¿Qué mejor razón para arrancar de cuajo los arbustos de un parque, arrasar un campo de azaleas, e irnos directo contra un poste de piedra? Solo nuestra enorme suerte permitió que ninguno de los dos saliera herido.
Cuando mi cabeza se aclaró del choque, abrí la malograda puerta de una patada y salí, solo para encontrarme con que el capó había salido volando limpiamente y había aterrizado a treinta pies frente a una jaula de monos. La parte delantera del auto estaba encajada perfectamente en la superficie del poste de piedra, y los monos de la jaula no estaban nada contentos de haber sido despertados tan rudamente.
Rata yacía sentado desarreglado, con ambas manos en el volante. No estaba lastimado, solo estaba depositando en el tablero los restos de la pizza que había pedido una hora antes. Me subí sobre el carro y atisbé por la ventana del techo que daba al asiento del conductor.

“¿Estás bien?”
“Ajá, me pasé un poco con la bebida, creo. Me hizo vomitar”
“¿Puedes salir?”
“Tendrás que jalarme.”

Rata apagó el motor, tomó su paquete de cigarrillos del tablero, se lo metió al bolsillo, y luego rápidamente tomó mi mano para alzarse al techo del auto. Y allí nos quedamos, uno al lado del otro sobre el techo del Fiat, mirando al cielo empezar a iluminarse, fumando los cigarrillos en silencio. No sé porqué, pero se me vino a la mente una película de guerra protagonizada por Richard Burton. No tengo idea de qué pensaba Rata.
“hombre, la suerte de hecho está con nosotros” dijo cinco minutos después. “O sea, míranos. Ni un rasguño. ¿Puedes creerlo?

Asentí. “el auto ya es chatarra, sin embargo.”
“”Hey, no te preocupes por eso. Puedes comprar otro auto, pero no puedes comprar tu suerte.”
Eso me sorprendió un poco, y observé a Rata “¿Eres así de adinerado?”
“Así parece”
“Bien por ti”

Rata no respondió; solo se quedó moviendo la cabeza, insatisfecho. “Como sea, viajamos con la suerte a nuestro lado”

“Supongo”

Rata apagó su cigarrillo en la suela de su zapatilla, lanzando luego la colilla en dirección a la jaula de los monos.

“Hey, ¿porqué no hacemos los dos un equipo? apuesto que podríamos hacer grandes cosas.”
“¿cómo qué, para empezar?”
“¿Qué tal unas cervezas?”

Compramos media docena de cervezas de una máquina expendedora cercana, caminamos hasta la playa, nos tendimos en la arena y luego nos sacudimos. Luego miramos al mar. Iba a ser un magnífico día soleado.

“Puedes llamarme ‘Rata’,” dijo
“¿Como conseguiste un nombre así?”
“Ya lo olvidé. fué hace mucho tiempo. Al principio realmente odiaba que me llamaran así, pero ahora ni siquiera pienso en ello. Uno se acostumbra a lo que sea.”

Lanzamos las latas vacías al mar, luego nos quedamos en el embarcadero y dormimos una hora con un abrigo sobre nuestras cabezas. Cuando desperté, mi cuerpo rebosaba una extraña energía. Se sentía muy raro.

“Apuesto que puedo llegar a setenta corriendo,” le dije.
“Yo también,” dijo Rata.


En realidad, lo que terminamos teniendo que hacer fue pagar a la municipalidad los daños al parque por un periodo de tres años, con intereses.

5.

Rata era terriblemente iletrado. De hecho, jamás lo vi leer algo excepto quizás un periódico deportivo o publicidad por correo directo. Una vez, cuando yo estaba leyendo para matar el tiempo, le dio una mirada al libro, tan perplejo como una mosca mirando un matamoscas.

“¿Por qué lees libros?”
“¿Por qué bebes cerveza?”

Le respondí entre que daba bocados a la ensalada y al escabeche de caballa, sin siquiera mirarlo. Esto dejó a Rata sumido en lo profundo de sus pensamientos. Eso fue cinco minutos antes de que volviera a abrir la boca.

“Lo grandioso de la cerveza es que puedes expulsarla toda. Un out, una base, doble juego. Así todo cerrado y terminado.”

Rata me observaba seguir comiendo mientras lo decía.

“¿Por qué solo lees libros?”

Me tomé la pieza de caballa con un trago de cerveza para pasarla, alejé mi plato y comencé a pasar las hojas de La Educación Sentimental que tenía al lado.

“porque Flaubert está muerto y enterrado. Por eso.”
“¿No lees libros de autores vivos?”
“No hay nada de valor en los autores vivos”
“¿Cómo es eso?”
“Cuando la gente está muerta, puedes perdonarle ‘casi cualquier cosa’.” Terminé mi lado de la conversación mirando una repetición de “Ruta 66” en la televisión que estaba detrás del mostrador. Nuevamente, Rata se quedó en silencio, absorto en sus pensamientos.

“entonces, ¿qué hay de la gente de carne y hueso? ¿A ellos tampoco les puedes perdonar ‘casi cualquier cosa’?”

“Buena pregunta. Nunca le di mayor importancia. Pero si llegara el caso, entonces eso sería probablemente lo que sucedería. Es, sencillamente que no está en mí el perdonarles”

J se acercó y puso dos cervezas más frente a nosotros.

“Y si no puedes perdonar, ¿entonces qué?”
“Abrazo mi almohada y me voy a dormir”

Rata meneó la cabeza, se veía realmente desconcertado.

“Que extraño. Yo, no sé qué pensar,” dijo Rata.

Volví a llenar su vaso, pero eso no lo sacó de sus pensamientos.

“La última vez que leí un libro? debe haber sido el verano pasado,” dijo. “Ya olvidé el título y el autor. Ya hasta olvidé por qué lo leí, pero como sea, era una novela, escrita por una mujer. El protagonista era una mujer, una diseñadora de modas famosa, de treinta años o algo, que se le mete en la cabeza que tiene una enfermedad incurable”
“¿qué tipo de enfermedad?”
“Ya lo olvidé. Cancer o algo. ¿Alguna otra enfermedad incurable?... bien, así que va a este refugio junto a la playa, y de inicio a fin se la pasa masturbándose. En el baño, en los bosques, en su cama, en el océano, en todos sitios.”
“¿En el océano?”
“Ajá... ¿puedes creerlo? ahora, porqué alguien escribiría una novela así? tiene que haber mucho mejores cosas de las cuales escribir.”
“Eso creo”
“Novelas como esa, no gracias, no para mí. Me hacen querer vomitar”

Asentí.

“Yo, creo que escribiría un tipo de novela completamente distinto”
“¿Como por ejemplo?”

Rata pasaba el dedo por el borde de su vaso mientras se ponía a pensar un poco en ello.

“¿Qué tal esto? Estoy en un barco que se hunde en medio del pacífico. Allí estoy, sujetándome a mi salvavidas, mirando las estrellas, flotando completamente solo en el mar de noche. Una bella y tranquila noche. ¿Entonces qué debería pasar? una mujer joven, también sujeta a su salvavidas, viene nadando, así, de la nada.”

“¿Es bonita?”
“¿Tú qué crees?”

Bebo un sorbo de cerveza y meneo la cabeza.

“Suena algo tonto”
“Tú solo escucha, quieres? entonces los dos estamos flotando hombro a hombro ahí en el océano, solo disfrutando de la brisa. De dónde venimos, a donde vamos, intereses y pasatiempos, los compañeros de cama que tuvimos, programas de televisión favoritos, sueños de la noche anterior, cosas como esas. Entonces nos conseguimos unas cervezas”
“Hey, un segundo. ¿De dónde salió la cerveza?”

Rata lo pensó un segundo.

“Estaba flotando alrededor, latas de cerveza del almacén del barco. También con algunas latas de sardinas, ok?”
“Entendido.”
“Eventualmente, el amanecer se termina. ¿Qué debemos hacer? ella me pregunta. ‘Yo creo que empezaré a nadar hacia una isla’ dice ella. ‘Pero y si no hay ninguna isla?’ digo yo. ‘yo creo que me quedaré aquí, flotando y bebiendo cerveza. Seguramente vendrá un avión de rescate.’ Pero ella decide irse nadando de todos modos”

Rata suspiró y tomó un trago.

“La mujer nada durante dos días y noches hasta que finalmente llega a una isla. ¿Yo? pues, luego de la esperada resaca aparece un avión para rescatarme. Entonces, unos años después, los dos nos encontramos en un pequeño bar en Yamate,”
“Y supongo que se toman algunas cervezas, por los viejos tiempos”
“¿No te parece?”
“me conmueve” dije.

6.

La novela de Rata tenía dos puntos rescatables: primero, no hay escenas de sexo; y segundo, nadie muere. Dejado a sus anchas, un hombre se acostará con mujeres y morirá, de todos modos. Es la naturaleza del animal.

*

“¿Entonces crees que estaba equivocada?” preguntó.

Rata tomó un trago de cerveza y lentamente meneó la cabeza. “Bueno, déjame decirte, todo el mundo está equivocado.”
“¿Qué te hace pensar eso?”
“Uhm,” Rata se aclaró la garganta, luego se pasó la lengua por los labios, pero no dió respuesta.

“Yo nadé hasta no sentir los brazos tratando de alcanzar esa isla. Dolía tanto que pensé que me iba a morir. Y eso no es todo. Yo seguía pensando, ¿qué tal si tú tuvieras razón y yo estuviera equivocada? ahí estaba yo matándome, entonces, por qué tú solo te quedaste flotando sin hacer nada?”

Entonces ella forzaba una risita, para luego pasar a masajearse las sienes, desanimada. Rata consiguió algo de tiempo buscando sin rumbo en sus bolsillos. Por primera vez en tres años deseaba fumar.

“¿Deseaste que hubiera muerto?”
“Un poco.”
“De verdad, ¿solo un poco?”
“... ya lo olvidé.”

Se quedaron en silencio por un rato. Rata sintió que debía decir algo.

“Hey, no todos los hombres son creados iguales, ¿sabes?”
“¿Quien dice?”
“John F. Kennedy.”




Inasibles

Son un par (de tantos) de recuerdos que siempre vuelven como tarea pendiente:

1.

Un cuento que salió en la revista Somos (hace ya mucho tiempo, cuando la revista somos publicaba cuentos). Una pareja de ancianos, cada uno con su rutina. El viejo saca el sillón a la puerta de la casa, a observar la calle. Pasan los dias y cuando se ha hecho rutina, decide mover el mueble a la acera de en frente. Esa se convierte en la nueva rutina. Los dias siguen pasando, él observando el acontecer de la cuadra tal como hiciera cuando estaba del otro lado. Es entonces algo lejano e impersonal el acontecimiento, de los vecinos entrando a la casa de enfrente, y encontrar a la anciana fallecida. Oh, la anciana de la casa de enfrente, su pareja de dias anteriores, de aquella ya lejana vida al otro lado de la acera.



2.

Un texto de Cortazar, en el que hace notar como ella acompaña la frase "te quiero" con "ese aumentativo que disminuye": "mucho". Para dejar en claro que aunque existente y abundante, continúa el sentimiento prisionero de la medida.

Para ambos, aplica la pregunta: ¿cual es el cuento?

Candilejas


Arlequin, Pierrot, Colombina. Es una vieja historia, aquella de 2 payasos disputandose el amor de la bella.
O qué tal una variante? Payaso conoce bailarina, pero bailarina piensa en otro. Telenovela mexicana, dirá alguno (de hecho, el payaso del cuento también pensó lo mismo).
Aquella noche fuí con unos amigos a verla. Un argumento harto conocido del cual no esperar sorpresas.
¿Qué tiene de especial esta obra? Argumento, música, el carácter de los personajes... no hay novedad y, si me pusiera cínico desdeñaría incluso el caracter moralizador en ciertas lineas de diálogo, pero...
¿Qué hace especial a cada obra, ya sea teatral, musical o literaria? Porque quiero creer que esta historia, que me ha llegado a conmover, tiene algo único. ¿es el teatro siempre así? ¿no lo serán también, la música y la literatura?
Pocas veces me ha sucedido, una canción repitiéndose sin descanso en mi corazón, una novela (siquiera un cuento, o todo un autor) poniendome el mundo de cabeza. Pero ha sucedido antes. Nuevamente, entonces, recapitulando las veces que no iba al teatro me pregunto: ¿me he perdido de todo esto, todos estos años? ¿como pude?

A la desesperanza por el tiempo perdido se auna la idea de toda la gente que no irá a ver la obra. Yo (espectador) reí, lloré (como una magdalena, lo admito), me emocioné. Es la idea de que el mundo se pierde de algo muy bueno por no ver esta obra, la que no halla descanso en mi cabeza y me insta a la acción. Me preguntarán qué tal es? y yo solo podré decir "Es buena". Me dirán "Pero no que era una historia muy común? con personajes comunes y harto conocidos?" y yo diré que sí, pero que eso no la hace mala, y si me insisten les diré que no puedo decir más, no por temor al spoiler sino porque no puedo articular o transmitir en palabras la emoción que sin embargo logran transmitir los actores en cada paso que dan sobre el escenario.

Sería más facil decir: hey, escucha este disco; oye, te va a gustar este libro. Pero no puedo hacer lo mismo con una obra de teatro. "Hey, anda a verla, te va a gustar". Porque los libros y los discos te pueden esperar. Meses, o décadas hasta que estés listo para ellos. Pero una obra teatral es tán efímera como la rosa del pequeño príncipe. Debes estar atento a disfrutar de la visión, del aroma, de la emoción de verla florecer, incluso de verla marchitarse.

Soberbia mia pensar que ver una obra sencilla pueda cambiar al mundo para mejor. Pero no, quizás no sea tanto ese el sentido. Me gustó tanto la obra. Me gustó tanto que quiero que todos se sientan tan bien, tan mal, tan identificados con la historia, que le digan a los personajes "oh, comprendo como te sientes, yo alguna vez pasé por eso", "... hubo un tiempo en que me sentía así", "... también pensé eso alguna vez", aunque, como ya dije, no sea una historia novedosa.

Recomendarla quizás transmita una errada sensación de superioridad ("Hey, yo sé lo que es bueno para tí, más vale que lo aprecies", "Esta obra te cambiará la vida" o algo por el estilo), pero no. Yo te pido por favor, que la vayas a ver. Porque he visto, y he podido agradecer el haber sido espectador y testigo, más que de la puesta en escena, del cariño (esta palabra no basta), del amor con que se entregan los participantes a la obra. Por ello, me considero afortunado. Mientras que yo, desde mi butaca, no les puedo dar nada cercanamente valioso a cambio. Por eso me siento mezquino. Las entradas se pueden comprar ahí mismo, va hasta el 03 de junio, y me temo que no alcanzará el tiempo para que todo el mundo la vea.
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Blog de la Asociación de Artistas Aficionados
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Gracias...

alegria
euforia
maravilla
miedo
ternura
alegria de nuevo
entusiasmo
desconcierto
mas miedo
ternura
calma
tranquilidad
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esperanza
(¿Existe alguna palabra que signifique todo esto a la vez?)

Antes, al meditar sobre el futuro, el pánico se divertía descuartizando mi sanidad en eterno tormento, digno de dantesca imaginación. Meditaba mucho, diré, pero siempre le daba vueltas a lo mismo. Tanto dar vueltas que ya no sentía los pies de mi razón.
Y la risa me nace al escribir este texto, entrelazada con llanto y gratitud (y la inevitable exclamación :"como pude estar tan ciego?!"). Porque luego de claudicar, y dejar a mi consciencia ensoberbecida en aquel ruido blanco que me entercaba en llamar razón, Apareces. Y las palabras se agotan y vuelven a nacer con el mismo significado pero que es nuevo cada vez. ¿Como describir esto? El futuro sigue siendo el mismo, pero estás aquí y eso lo hace el mejor futuro posible. A tí, gracias.

Dejavú

Me has llevado a un lugar peligroso, por querer sacar de mí lo que tú necesitas. No es mi tarea ser tu salvación. Puedes escribir que voy a volver, o que voy a morir, o que voy a luchar. Te descubres torpe en tu intención. Me dices que huya, a la espera del tiempo propicio, cuando el único que teme en esta historia eres tú.
Pero seré yo, siempre yo, mientras tú te quedas del otro lado, imaginando aventuras que deseas para tí. Aquí, en medio de la nada, te digo que lo que voy a hacer no será por tu ruego, o porque lleves el lapiz sobre estas hojas, las que camino. No estoy aquí por tí, ni para tí. Resulta que tú me encontraste cambiando los canales de tus locuras y quedas te encantas creyendo que es tu voluntad la que guia mis pasos. Grábate esto, escribiente: Lo que haré, lo haré por mí.
Más aún: puedo hacerlo solo, pero no quiero. No busco tu apoyo, no te preocupes: esta historia seguirá sin tí.
Si crees que hay rabia en mis palabras, te desengaño: hay compasión. Sígueme si quieres, bajo tu propio riesgo. Es tiempo de volver a las páginas, y a la batalla.

Vagando entre árboles viejos, en lo profundo del parque, acepto que no sé que hacer con las memorias que me siguen a pocos pasos de distancia. Si abro los ojos es para mirar al sol, que inunda mi cabeza, dejandoles sin espacio para entrar; a pesar de las ventanas abiertas. Vengan. Vamos a bailar.

Desvío

Vuelvo a engañarme. No me dirijo hacia algún lugar.Estoy huyendo en verdad.
¿Porqué hacia el norte? es la ruta conocida. Oh, mejor desviar mi camino, un poco al oeste, tras los pasos de alguien con preocupaciones más importantes que mis balbuceos de niño engreído.
Cruzar las pistas. Esperar al semáforo cambiar. Todo es un recuento de procesos automáticos. Irrumpe el taxista apurado en el sistema, atropella al distraído. Pero no sucede tal cosa, calma. Aún hay bastante por diseccionar en el protagonista.
Un lugar aséptico en cuanto a memorias. Pero quizás para otros sea campo minado. Los recuerdos se desnudan al sol, danzando ante mis ojos cerrados. Conozco el camino y ni siquiera el final de las veredas me coge por sorpresa. Cuento los pasos por costumbre, a fin de ejercitar la memoria, a fin de prepararla para la batalla que he de librar si he de llegar al siguiente día. Esperan, silban a mi alrededor, prestos a devorar mis pupilas apenas se las deje al alcance. Oh, recuerdos. Ya habrá tiempo para la matanza. Mientras tanto, de cara al sol de la tarde, la vida se deja sobrevivir. Después de esto, ya habrá tiempo para vivir.
Incluso el rumbo recién hallado, continúa siendo huida.

Sinceridad

Casi he olvidado que huyo. Es lo bueno de la memoria. He dejado que la desesperanza me tome en sus brazos, como las olas alguna vez. Solo me queda esperar a que todo acabe. Quizás si no vuelvo a pasar jamás por aquel lugar. Puedo vivir así, claro que sí. Pero se me acaban los lugares. ¿He de seguir caminando? azorado, trato de contar los recuerdos que están tras los recuerdos, dejando al olvido los primeros. Son fácil engaño, pienso.
Pero incluso esta súbita audacia es también engaño: ya se ve que he estado dando vueltas en el mismo lugar. Pero... avanzar... ¿a donde? otro engaño, a fin de dudar.

La playa nublada, la gris arboleda y la negrura de las olas desde el otro lado. Sujeto estos recuerdos - reducidos casi a conceptos - con cuidado los deposito en la copa. El licor termina de diluirlos y bebo. Es una mala mezcla, esta. Apuro el trago y seco la copa. Me espera un sueño blanco como la ceguera.

Niego la pregunta, por intentar distraerme en inútil batalla retórica. Quiero continuar.

Desesperación

Piensa! esto es importante. Estás aquí porque necesito que recuerdes! no me dejes aquí otra vez! Quizás ahora sí lo logremos. Debemos abandonar esta órbita, de una forma u otra. Te traje aquí a fin de romper el círculo de lo conocido. ¿Como explicártelo? te ruego (no te rindas) te imploro (no te rindas). No quiero volver a todo esto una vez más. La locura no servirá para contener esta eternidad repitiendo escenas que ya ni reconozco como recuerdos.

En mi corazón anida una certeza: hay un lugar, detenido en la memoria, que está esperándome, para echarse a andar nuevamente y terminar su ciclo vital. Fenecer

Sé que comprendes! despierta! dime que entiendes! que sabrás que hacer llegado el momento! por favor! matame si piensas dejarme nuevamente aquí... por favor, dime que me llevarás, si? por favor...

El susurro del viento tiene la cadencia de un sollozo apagado.

Engaño

Quiero creer que hay una mente maestra detrás de esto. Que no ha sido el caos quién me ha dejado aquí. No reconozco el tablero, aún sabiéndome un peón. Andar... me repito a mí mismo que lo único que hace falta es ponerse en marcha.

Reconozco el lugar y, aunque me trae recuerdos que conozco, la imagen de una arboleda gris, trae a mi memoria otra imagen, de un tiempo y lugar que otras veces he intentado, pero aún no puedo localizar. Oh, es seguro que en cualquier momento volverá la lluvia. ¿Donde hallaré resguardo aquí? Los recuerdos comienzan a materializarse a mi alrededor: estoy caminando, estoy leyendo, estoy tumbado en el pasto, estoy mirando a las aves, estoy esperando a alguien, estoy viendo el tiempo pasar, todo al mismo tiempo. Estoy en todos lados excepto en el inicio de la vereda que me trajo a esta trampa. Como explicar?
Caos (o quien seas) ¿porqué me has traído aquí? todos mis yo buscan a su alrededor y se encuentran solos. No se ven entre sí... como estoy distinguiéndome de ellos? ¿como siquiera puedo estar utilizando el ellos,cuando soy yo quien ve alrededor de todas mis presencias de tiempos desconocidos?
Piensa. Es ahora cuando te puede servir aquello que tanto detestas. ¿Porqué te he traido aquí?
La imagen gris de los árboles se trastoca en otra antigua, que aún lucho por fijar en la memoria.

Orbita

Es lo que necesitaba. Mantengo la distancia de la música mientras mi mente se revuelve, intentando deshacerse de pensamientos que se prenden a su pelambre. Luchando por hacer más duradero el momento de vacío experimentado. Camino tranquilo, cada paso guiado por la música. Pausas y distancias marcadas. No hay voces aquí, que griten o pregunten. La música se aleja, así que apuro el paso. Los pensamientos vuelven ¿Cuando dejó todo de importar? La música se acaba, comienzo a correr al ver que ha volteado la esquina. No están las voces ni el viento. Debería estar escuchando el ruido de motores y peatones. La música desapareció y tengo frio a pesar del sol. Los sonidos de la realidad pugnan por regresar, al igual que la conciencia. busco desesperadamente a mi alrededor. No reconozco las calles ni la dirección. ¿Norte? ¿ahora? me dejo vencer. En cualquier momento volverán las voces. Mi mirada vaga por los alrededores, buscando algo conocido, sin hallarlo. Un sentimiento ominoso va cerrando sus fauces sobre mí, mientras busco desesperado alguna señal del peligro. La realización llega a mis sentidos como un súbito vacio: estoy en medio del parque, y mis pies ya han comenzado a andar esta vereda. La frase sin sentido escapa de mis labios: Dios mio, Dios mio, ¿por qué me has abandonado?

Izquierda

Alguna vez deseé que La Paz fuera eterna. Bordeo un parque enrejado, intentando olvidar porqué estoy caminando. Ya casi ha resultado. Constancia. Poco falta para tener la mente en blanco. ¿Qué seguirá después? mal. Recordar no formular preguntas mientras se intenta vaciar la mente. Surge una voz, de timbre estridente, ansiosa por responder, que me convenzo es el sonido de las risas de los niños jugando en el parque. Acelero el paso. La voz quiere llamar mi atención y grita. Volteo. Son solo niños riendo. continúo caminando.
Toca elegir una ruta y tomo la que creo menos transitada. -Izquierda - me digo, mientras tardo en seguir la orden. Llega el vacío, de a pocos. Gente aparece de vez en cuando a mi paso, y doblo la esquina por evitarlos. Los recuerdos se desvanecen a cada vuelta y pronto, estoy seguro, la conciencia le seguirá. Piloto automático. Rumbo norte. El tráfico y los peatones son peces de un mar distinto. Lentamente, de forma indolora, me doy cuenta de que he estado siguiendo a alguien desde hace poco: audífonos al máximo volumen me atraen constante. Mis pasos se acompasan al ritmo y a la melodía y los semáforos ya conocen su entrada. La fuerza que me atrae es la misma que evita que me acerque a destruir el momento. Sigo los pasos de la música.
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La Paz

Enfoco la vista en mis manos, apoyados los brazos sobre las rodillas. Siento que todo da vueltas. Será mejor quedarme aquí un rato más. El mundo gira cada vez más lentamente, hasta detenerse. Respiro aliviado.
Estoy caminando, con la certeza pulsante de que el tiempo se acaba. Hay prisa en mi cerebro, a pesar de que en la calle todo se ha detenido. No se oye más que el murmullo de los árboles y el viento. A pesar de todo, mi cabeza no se termina de detener. Prisa que debo conjurar. Prisa que mueve mis pies sin llevarme a ninguna parte. Logro alcanzar La Paz. Caminar ya no es una amenaza, ahora que no hay prisa. Interiorizo el susurro del viento y lo hago mi respiración. Calma, y a andar. Pero no hay camino eterno, y si lo hubiera, no habría quien lo recorra en su totalidad. Tarde o temprano he de abandonar la seguridad de la senda conocida.
Puedo continuar, sin abandonar la avenida. Total, lo puedo hacer en cualquier momento. Doblar la esquina, cualquier esquina, bastará. Paso de largo los nombres de desconocidos y continúo por la senda de La Paz, cada vez menos solitaria.
Tarde o temprano deberé abandonarla, me digo, tal como me digo que tarde o temprano deberé volver a la playa.

...

Vas a cruzar la pista, detrás del taxi que acaba de pasar. Ahora! ¿qué estás pensando? ¡levanta los pies! ¡camina derecho! ¡avanza! no, por la derecha, ahi hay una subida. ¡levántate! ¡y sacúdete el polvo! ¿qué esperas? ¡mira acá arriba! ¡mirame! eso es, ahora camina. Bien... no corras, no arrastres los pies... ¡camina!
¿Todavia estás acá? ¿cuanto es siete por ocho? ¡no cuentes con los dedos!
¿Tienes miedo? ¿entonces para qué me llamas? ¿esperas que te ayude, o te cargue? solo sigue caminando. ¿Cuanto es cinco entre dos?
Estoy harto de escucharte, darle vueltas a las mismas preguntas. ¿No tienes un cuaderno de apuntes? ¿qué te he dicho? Anota todo lo que dice el profesor

Vete de aquí... y amárrate los zapatos
¡FIJATE SIEMPRE ANTES DE CRUZAR LA PISTA MUCHACHO IMBECIL!

¿te ries? vas a ver en la casa
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limpiate la nariz, ¡y deja de comerte las uñas!
(¿has apuntado todo?)

... no me han enseñado eso en clase... no sé...

¡Párate! ¿quien te ha dicho que te sientes? te estoy preguntando: ¿has apuntado todo?
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¿Has apuntado todo?

Retirada

Tras el breve camino andado, estoy en la playa. Un rato más, dirigiéndome hacia el sur, bastará para llegar al lugar donde reside este recuerdo. Es así. Ha tomado por fortaleza el lugar que evito. Pero está a pocos minutos de caminar. Observo las olas, las mismas en mi recuerdo. Pienso nuevamente en ese momento y lo siento solidificándose, haciéndose realidad metros más allá. Allá mora, más allá del cansancio. Sentado sobre una muralla de piedra, con las olas a mis pies. Esperando la voz de aquello que es más que el cansancio, agazapado debajo de mis ojos, recibiendo la escasa luz que le permite mi vista, prisionero de la infrahumana prisión que es mi cabeza. Rie, emocionado, fluye líquido por entre las sombras. Sabe que estoy cerca al lugar. Pierde la compostura y rasca las paredes. Sigo observando las olas. ¿Es tan importante volver allá? ¿Es tan peligroso, aquél que está oculto, mas allá del cansancio? Tengo que ir, tarde o temprano. Pero lo que sucederá después... Encuentro la suficiente entereza para admitir que mi mente está destrozada. No lo lograré. Quiero pensar que no estoy huyendo, pero deshago, tambaleante, el camino andado. Tengo la boca reseca y siento que lo que suceda después de volver a ese lugar ya no dependerá de mí. Me alejo, con la certeza de no estar huyendo. No es posible huir de si mismo, inevitable. Está tán cerca, me dice, mientras araña las paredes. Solo debes ir al sur... solo caminar...

Cubierta

La brisa arroja incesante, el rocio sobre mi piel. Pasan los minutos, sin embargo las fuerzas no vuelven a mi cuerpo. Pienso que, si alguien observara la playa, vería una roca abandonada en vez de mi cuerpo sentado. Es tal el cansancio que no da espacio para la desesperación. Es tal el cansancio.
Pienso en ello mientras observo el cielo, descansando en el parque. Vale decir que falté al trabajo. Me la he pasado acostado en el pasto, observando las nubes, tratando de analizar este recuerdo. Con temor, he probado a recapitular en mi memoria cada paso, en el estricto orden de sucesión. Pero cada vez que he llegado al momento en que estoy en la playa, sin poder moverme, ha sucedido lo aterrador: el cansancio ha trepado, de mi cuerpo recordado, a mi cuerpo presente. He descubierto el cansancio como algo distinto, a punto de salir de su escondite a devorarme. Es una certeza súbita de peligro la que me hace abrir los ojos. Dubitativo, levanto la mano derecha hacia el alcance de la vista. El escalofrío está desapareciendo nuevamente, mientras muevo los dedos y cierro el puño, dudando brevemente de los propios sentidos. Pienso que quizás no sea tan importante volver a ese momento. El sol está frente a mi en este momento, después de todo. Pienso en aquello que se oculta, mas allá de mi cansancio. Pienso que quizás, es momento de dejar de pensar. Solo dejar de nadar. Solo abandonar.

Ataque

Ayer llovió (un momento) en la mañana. El cielo nublado se mantuvo la mayor parte del viaje diario a la oficina mientras extrañado, recibía los recuerdos que el cielo de Lima dejaba libres en mi memoria. Estaba apurado, así que intentaba no prestar atención a cada catástrofe que la breve garúa provocaba: un fragmento de la mañana que transitaba era ahora La victoria, con su olor a mercado y ajetreo de estibadores. Metros más adelante apareció intempestivo Ate, de pistas y vientos resecos, mientras detrás de mí brotaba Independencia, destilando incertidumbre al resto de recuerdos que tuviera a su alcance. Un recuerdo cayó muy cerca, dejando sobre mi rostro gotas de agua e inconsciencia. No reconocí el lugar a simple vista, tal era la conmoción. Los oídos me zumbaban y no me podía mantener en pie. La playa, solitaria y silente, había reemplazado por completo mi anterior ubicación. Poco a poco, al ceder mis oídos, los sonidos fueron cubriendo este nuevo mundo. Primero fue el viento, luego las olas, que llegaban constantes a mis pies. Busqué entonces, pero no encontré a nadie al alcance de la vista. Cuando al fin pude moverme, decidí quedarme sentado sobre la arena, hasta que todo volviera a la normalidad. Cerré los ojos y aspiré el aroma salino, que ya se sentía más real que el viaje diario al trabajo. Volteé a mi izquierda, divisando a lo lejos un pequeño mercado. Chorrillos - pensé.

Strange and unproductive thinking

Hearing off the aforementioned dialogs we discover the possibilities and the curve (¿?), through this progresive behavior and the ultimate realization of the goal of evolution which ??? the benefits of ??? and awareness with unlimited boundless happiness, also knowing it's bliss, wich is a result of the last ??? physical behavior lurching with the highest levels of spirit and together manifesting the magical and mistical level of cosmic awareness, coming along with the long infernal plead surrenderto the higher self wich has potentially been waiting this long ??? in efecct, sometimes counciounsless pouring at complete absence of thought...

Crazy Clown Time - Strange and Unproductive thinking

Hubo un tiempo en que escribia cualquier cosa, como loco. Tenía la mochila llena de post its que no pegaban, de todo el polvo que ya habían acumulado, con marcas de lapicero y lapiz, dobladas y mugrientas. Algo sucedía entonces. No es que fuera algo malo, pero estoy seguro de que algo sucedía. Quizás era como las películas en las que el personaje se ponia a tallar la montaña a la que llegarían los extraterresteres, tal vez había alguien que quería hablar usando mis manos, no lo sé. Aún no lo sé. Luego decidí detenerme y racionalizarlo. ¿Qué hago? me decía. Ha pasado tanto tiempo desde entonces, y aún no lo sé. Tengo fragmentos desperdigados en bolsillos, en una pc o en otra, los tengo en mi correo y en mi agenda, en posts que se quedaron en borradores inpublicables y en archivos de texto nombrados AAAAMMDD (es lo mejor, para ordenarlos por fecha). Pensé que lo que hacía falta era disciplina, que cantidad no era calidad y todo eso. Pensé en estudiar y en practicar... en cuantas cosas pensé! Tanto he pensado y elucubrado. Me he dejado desbarrancar por las ramas del “... qué tal si fuera esto...” que no me llevaron a ningún lugar. Al acabarse cada camino no hubo caida, no hubo gravedad que me mostrara el suelo al cual regresar. He de admitir que no era yo escribiendo. No había temor ni emoción en descubrir que las palabras escapaban de mis dedos. Diría goteaban de mis venas, por lograr un facilista símil hemoglobínico pero no. No había temor del final, de que algún dia la fuente se secara o la inspiración se acabara. Es un vaso del que no importa si está un poco lleno, o si alguien cree que algun dia se vaciará. Las palabras saldrán cuando lo hagan (si es que no se han acabado ya). Es un poco como el tiempo: no pertenece, no se puede atesorar ni desperdiciar. No es que me guste o me desagrade. He intentado varias veces guiar el flujo de este, a veces torrente (a veces cauce seco) para terminar con la pregunta en las manos: ¿Por qué me quieres contener? Disciplina, respondo nuevamente, y no sé que hacer luego, pues pregunta y respuesta parecen no pertenecer al mismo rompecabezas.

Sin aliento

Todas las palabras convergen hacia donde estás
Y si las sigo seguramente encontraré
Los caballos ya idos y la fogata aún tibia
y a tí, marchada una hora antes
Te gusta mantenerme a solo un paso detrás tuyo
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Dan Wilson - Breathless

Voy a estar ocupado un buen rato



1Q84 muestra un mundo en el que todo acaba cuestionándose; incluso uno mismo
Kultur Spiegel

Iguales



¿Somos iguales?
¿lo somos, 007?

A pesar de que estamos en el 2011, es común que un hombre gane más dinero que una mujer, aún cuando hacen el mismo trabajo.
Tienen de lejos una mayor oportunidad de entrar en política o de convertirse en director de una compañía. Como hombre, eres menos propenso a ser juzgado por tu comportamiento promiscuo,
lo cual es bueno, francamente.
y pocas posibilidades de ser víctima de un ataque sexual
y al contrario de las treinta mil mujeres en el Reino Unido, que pierden sus trabajos anualmente por salir embarazadas, no habría virtualmente ningún riesgo para tu carrera si te convirtieras en padre, o si lo fueras por accidente.
Para alguien tan aficionado a las mujeres,
Me pregunto si has considerado lo que es ser una.
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El mundo ha cambiado, pero los números permanecen en contra nuestra.
Las mujeres son responsables de dos tercios del trabajo mundial, pero aún del diez por ciento del ingreso total y uno por ciento de la propiedad.
No se trata solo de dinero o poder.
Cada año a setenta millones de niñas les es negada incluso la educación básica,
y unos desconcertantes sesenta millones son atacadas sexualmente camino a la escuela.
Estamos atemorizadas de caminar de noche por las calles, e incluso algunas de nosotras estamos aún más atemorizadas de regresar a nuestras propias casas.
Al menos una de cada cuatro son vicimas de violencia doméstica y cada semana, dos mujeres en el Reino Unido son asesinadas por su pareja actual o por su ex
Entonces... ¿somos iguales?
Hasta que la respuesta sea si, nunca debemos dejar de preguntar.