Mostrando las entradas con la etiqueta camarada. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta camarada. Mostrar todas las entradas

Orbita

Es lo que necesitaba. Mantengo la distancia de la música mientras mi mente se revuelve, intentando deshacerse de pensamientos que se prenden a su pelambre. Luchando por hacer más duradero el momento de vacío experimentado. Camino tranquilo, cada paso guiado por la música. Pausas y distancias marcadas. No hay voces aquí, que griten o pregunten. La música se aleja, así que apuro el paso. Los pensamientos vuelven ¿Cuando dejó todo de importar? La música se acaba, comienzo a correr al ver que ha volteado la esquina. No están las voces ni el viento. Debería estar escuchando el ruido de motores y peatones. La música desapareció y tengo frio a pesar del sol. Los sonidos de la realidad pugnan por regresar, al igual que la conciencia. busco desesperadamente a mi alrededor. No reconozco las calles ni la dirección. ¿Norte? ¿ahora? me dejo vencer. En cualquier momento volverán las voces. Mi mirada vaga por los alrededores, buscando algo conocido, sin hallarlo. Un sentimiento ominoso va cerrando sus fauces sobre mí, mientras busco desesperado alguna señal del peligro. La realización llega a mis sentidos como un súbito vacio: estoy en medio del parque, y mis pies ya han comenzado a andar esta vereda. La frase sin sentido escapa de mis labios: Dios mio, Dios mio, ¿por qué me has abandonado?

La Paz

Enfoco la vista en mis manos, apoyados los brazos sobre las rodillas. Siento que todo da vueltas. Será mejor quedarme aquí un rato más. El mundo gira cada vez más lentamente, hasta detenerse. Respiro aliviado.
Estoy caminando, con la certeza pulsante de que el tiempo se acaba. Hay prisa en mi cerebro, a pesar de que en la calle todo se ha detenido. No se oye más que el murmullo de los árboles y el viento. A pesar de todo, mi cabeza no se termina de detener. Prisa que debo conjurar. Prisa que mueve mis pies sin llevarme a ninguna parte. Logro alcanzar La Paz. Caminar ya no es una amenaza, ahora que no hay prisa. Interiorizo el susurro del viento y lo hago mi respiración. Calma, y a andar. Pero no hay camino eterno, y si lo hubiera, no habría quien lo recorra en su totalidad. Tarde o temprano he de abandonar la seguridad de la senda conocida.
Puedo continuar, sin abandonar la avenida. Total, lo puedo hacer en cualquier momento. Doblar la esquina, cualquier esquina, bastará. Paso de largo los nombres de desconocidos y continúo por la senda de La Paz, cada vez menos solitaria.
Tarde o temprano deberé abandonarla, me digo, tal como me digo que tarde o temprano deberé volver a la playa.

...

Vas a cruzar la pista, detrás del taxi que acaba de pasar. Ahora! ¿qué estás pensando? ¡levanta los pies! ¡camina derecho! ¡avanza! no, por la derecha, ahi hay una subida. ¡levántate! ¡y sacúdete el polvo! ¿qué esperas? ¡mira acá arriba! ¡mirame! eso es, ahora camina. Bien... no corras, no arrastres los pies... ¡camina!
¿Todavia estás acá? ¿cuanto es siete por ocho? ¡no cuentes con los dedos!
¿Tienes miedo? ¿entonces para qué me llamas? ¿esperas que te ayude, o te cargue? solo sigue caminando. ¿Cuanto es cinco entre dos?
Estoy harto de escucharte, darle vueltas a las mismas preguntas. ¿No tienes un cuaderno de apuntes? ¿qué te he dicho? Anota todo lo que dice el profesor

Vete de aquí... y amárrate los zapatos
¡FIJATE SIEMPRE ANTES DE CRUZAR LA PISTA MUCHACHO IMBECIL!

¿te ries? vas a ver en la casa
.
.
.
limpiate la nariz, ¡y deja de comerte las uñas!
(¿has apuntado todo?)

... no me han enseñado eso en clase... no sé...

¡Párate! ¿quien te ha dicho que te sientes? te estoy preguntando: ¿has apuntado todo?
.
.
.
¿Has apuntado todo?

Retirada

Tras el breve camino andado, estoy en la playa. Un rato más, dirigiéndome hacia el sur, bastará para llegar al lugar donde reside este recuerdo. Es así. Ha tomado por fortaleza el lugar que evito. Pero está a pocos minutos de caminar. Observo las olas, las mismas en mi recuerdo. Pienso nuevamente en ese momento y lo siento solidificándose, haciéndose realidad metros más allá. Allá mora, más allá del cansancio. Sentado sobre una muralla de piedra, con las olas a mis pies. Esperando la voz de aquello que es más que el cansancio, agazapado debajo de mis ojos, recibiendo la escasa luz que le permite mi vista, prisionero de la infrahumana prisión que es mi cabeza. Rie, emocionado, fluye líquido por entre las sombras. Sabe que estoy cerca al lugar. Pierde la compostura y rasca las paredes. Sigo observando las olas. ¿Es tan importante volver allá? ¿Es tan peligroso, aquél que está oculto, mas allá del cansancio? Tengo que ir, tarde o temprano. Pero lo que sucederá después... Encuentro la suficiente entereza para admitir que mi mente está destrozada. No lo lograré. Quiero pensar que no estoy huyendo, pero deshago, tambaleante, el camino andado. Tengo la boca reseca y siento que lo que suceda después de volver a ese lugar ya no dependerá de mí. Me alejo, con la certeza de no estar huyendo. No es posible huir de si mismo, inevitable. Está tán cerca, me dice, mientras araña las paredes. Solo debes ir al sur... solo caminar...