Cuando a la casa del lenguaje se le vuela el tejado y las palabras no guarecen, yo hablo.
Te utilizo
Hay gente que vive con pedazos de bala en el pecho y no se muere. No has visto las noticias? Otros dicen que con metal metido en el cerebro pueden captar las señales de radio, ves? todo es posible. No te rias, comprendes mi punto? bueno, ríete pues.
Juntos hemos ido a muchos lugares. Contigo todo es religión. Hemos irrumpido en bautizos antiguos, algunos matrimonios, y hasta un velorio. Recuerdo esa tarde: observabas el rostro en el cajón, largo rato. Luego preguntaste qué se sentiría estar ahí, con la certeza de que serás enterrada. ¿Otra vez la pregunta correcta para mí? Quedé en silencio, observando el rostro apagado de la finada.
Cuando salimos, hacia mucho rato que se habian llevado el cuerpo. La capilla estaba vacía y el sol se habia ocultado. Un viento helado nos abrazó. Caminamos en silencio. Creí que algo había pasado. Tuve miedo de dirigirte la palabra y que no respondieras, como si fuera a tí a quien se llevaran al camposanto. Me detuve a mirarte. Alzaste la vista hacia donde aún se podia escuchar a la comitiva alejándose. Sujetaste mi brazo y con decisión, me sacaste del cementerio, alejándome del llanto.
Marqué tu número nuevamente. Contestó la misma voz que ha venido respondiendo desde entonces - ¿quien és?... ya deje de llamar! - su voz se hizo más aguda - ya se lo he dicho!... ya está muerta! - el llanto le cortaba la respiración - muerta!... ¿que no le dí la dirección del velorio esa vez? ¿no fue? ¿Quien es?
- el llanto del otro lado del auricular fue interrumpido por un golpe seco que acabó con todo sonido. No importa. Si le contara no me creería. Luego de ese velorio, de vez en cuando me sorprende gratamente tu buenos dias en mi habitación - ¿te molesta? - No, como crees, ven cuando quieras, la casa es tuya.
El amor se va volando
Algún comentario?
Una de esta noches va a dibujarse en el umbral de mi puerta la silueta delgada y silenciosa de un hombre que no pronunciará palabra alguna porque no será necesario y porque no habrá siquiera saludos. Ni él ni yo llegaremos a saber como se llama el otro ni a calcular el tamaño de la tristeza porque, rápido, como si calzara los zapatos de la muerte, ese hombre se irá con Claudia...
Alguna vez pensé en la muerte. No en la parca, no la de la guadaña. Es la muerte real la que siempre estuvo acá adentro, separando mis neuronas, dejándome caer en el vacío, tensando mis visceras cual guitarra.
El no poder hacer nada, este "no-existir" en tí, ser el espectador de una película millares de veces vista. Dejar el corazón caer (una vez más). Esta muerte, la de no ser en tu plano de realidad. Incorpóreo como soy, incapaz de sujetar nada en la caida.
No reconozco en mí un poder tan mágico le dije, o tal vez lo pensé, ya no recuerdo
El título es de un cuento de Eduardo Gonzalez Viaña.
Por los siglos de los siglos...
¿Recuerdas todas las veces que cruzamos el puente que iba al pueblo, y siempre te negaste a bajar del caballo? Terca, niña terca, me río ahora. Un puente colgante no es lugar para jinetes. Tenías mi alma en vilo mientras guiaba a pie a la dócil bestia, un paso a la vez. Los señores me encargaban tu cuidado, por ser el que estaba mas cerca a tu edad, pero por eso mismo te negabas a hacer caso a las mínimas precauciones que intentaba tomar contigo.
Tu hermoso rostro arrugado. Mira cuanta gente te rodea. Te ríes hablándoles a tus nietos, pequeños que te miran, con más curiosidad que temor. No te levantas de esa vieja poltrona, tu cómodo trono matriarcal. ¿Ya para qué? Los niños siguen llegando, los hijos traen a sus hijos y estos, a sus hijos. Sonríes y los abrazas tan fuerte que a muchos de ellos haces olvidar que es la primera vez que los ves. Algo se aprende cuando se llega a tu edad.
Esa poltrona, ¿es acaso la que hice para tu madre? ¿Hace tanto? no es posible. Recuerdo que mi padre me enseñaba a hacer muebles. Fue precisamente durante la hechura de esta que ahora te sostiene. Él Estaba desbastando el armazón - siempre queda algo tosco luego de armarlo - me decía, cuando los demás peones entran al taller a llevárselo. Atisbé una expresión en su rostro que me costaba definir. No me avergüenza decir que se le quebró la voz al oír al patrón, llamándolo a salir. Afuera lo llevaron. Sostuvo la mirada del señor y en silencio, volvió la mirada hacia mí. - No te preocupes, se va a nuestra casa -.
La señora me trataba bien. Pocas veces la había visto salir en primavera. Otoño e invierno la mantenían retirada en sus habitaciones. Nunca habría entrado de no ser por tu insistencia - mi mamá quiere que vengas -. El olor fuerte de la madera húmeda.
Tal vez si las cosas hubieran sido de otra manera. Desear la muerte de un muerto no es pecado, ¿o sí? Pero tal vez si tu padre hubiera muerto primero, tal vez lo hubiera sabido antes. Ya sabes, ese secreto que la vergüenza le hacia callar. Yo lo sabia, o creía saber, que a pesar de su protección, tu padre me odiaba, tal como odiaba a mi padre por alguna rencilla perdida en el tiempo. ¿Por qué se había demorado tanto en hacer lo que hizo, finalmente?
Tuve mucho tiempo para odiarlo, cuando me enteré, por boca de tu madre, de su parte de la historia. ¿Te la contó también a ti? Digna confesión de agonizante. Al menos fue reconfortante para él, saber que el odio era mutuo. Mi padre no lo habría odiado, quizás eso lo hizo lo suficientemente insoportable como para matarlo.
Mis pasos ahora son lentos, pausados. Los más jóvenes me observan, dudosos de acercarse a ayudar a un extraño. Alguien me cede un asiento junto a la mesa donde está la gran torta que han traido para tu fecha especial. Los más pequeños corretean entre la sala y el jardín, amenazando con derribar las botellas de cerveza que presiden los corros de gente adulta. Junto a mí está una pareja con dos niñas que acaba de llegar, el padre ansioso de soltar a los hijos, como cabritos al monte – Pero primero vayan a saludar a la abuela – dice la madre – la biz… abuela – objeta la pequeña de ojos pardos, inquieta ante los intentos de su padre por acomodarle el cabello – ya – la suelta mientras la niña se va saltando, tarareando – la biz, abuela la biz, abuela la biz, abuela la biz… -.
La mujer le dice – ¿no es tu bisabuela? – si, pero si le digo a la nena entonces va a estar todo el día con el sonsonete de “es mi tatara tatara tatara tatara tatara tatara tararara tatarabuela…♫” – llévale a la bebe… - ¿por qué no vienes tú? – ya sabes que tu abuela no me quiere – no seas así… vamos! –
Mientras me guiabas hacia la habitación de tu madre, encontraba cada habitación que atravesabamos más fria que la anterior. La obscuridad era total en muchas de ellas y solo me tranquilizaba el hecho de que tu conocieras el camino.
Dias después retomé el trabajo que mi padre dejó pendiente. El armazón me igualaba en altura y no tenia la fuerza suficiente para hacer avanzar el cepillo sobre la madera. Armado únicamente con mi cólera y una buena cuota de papel de lija me dispuse a la batalla. Tu madre, nuestra madre, empeoraba cada dia y tu padre habia ordenado que solo la vea el médico. Fue hace tanto, lo he odiado tanto, lo he pensado tanto, que ahora no siento este odio como propio. Es solo un odio por encargo. Similar al amor por encargo que me impulsó a terminar el sillón que tienes ahora.
No la conocí como madre sino unas pocas semanas, que no bastaron para terminar la tarea. El relleno ya estaba cosido al cuero del respaldo, los brazos ya estaban terminados, y recién comenzaba a forrarlo con la tela que mi padre habia separado especialmente para esto. Me detuviste en silencio, bastó ver tu rostro bañado de lágrimas. No brotó un sonido de tus labios, pero tus ojos gritaban incontenibles. No habia terminado de cubrir el respaldo con la tela y fue todo tan natural como el fin del mundo para nosotros. Te abracé fuerte, incapaz de contener el llanto. Sollozando cada vez mas fuerte, sentí que me invadia una cólera ajena hasta que escuché tus sollozos entre mis brazos, quedito, sorbiendote los mocos apresuradamente. Volví a ser yo mismo, encarando la tristeza infinita, soportable solamente porque estabas ahi, llorando conmigo.
El hombre toma en sus brazos a la más pequeña, que mira con los ojos completamente abiertos a todo lo que se mueve a su alrededor, bebé de menos de un año chupándose todos los dedos de la mano.
Se acercan a ti, que estás jugando con la traviesa del “tatara…” le ries mientras acaricias sus mejillas y le ríes más, escuchando lo que te cuenta la despierta traviesa. El tiempo ha templado tu risa, pero sigue siendo el arrullo por el que tantas noches pedí al cielo direcciones. - … y después la bebita arrojó todo! Me manchó el vestido y mi mamá se molestó conmigo. . . – La escuchas mientras sujetas su rostro y puedo observar detenidamente el tuyo, de ojos cansados y de color ahora diluido. Él tiempo no pasa en vano y recién noto los gruesos lentes que descansan sobre tu pecho.
Cuando me quedé solo, hubo dias en que, a pesar de saber que te habias ido, pronunciaba tu nombre en la habitación vacía, una y otra vez, luego en otra habitación, la cocina, y me quedaba en la puerta que da a la calle, esperando que me hubieras escuchado y ya estuvieras por aparecer de regreso, doblando la esquina.
Pronuncié tu nombre otra vez y mi voz se quebró. Me arrepentí de inmediato. ¿Que derecho tengo? Volviste el rostro hacia mí, tus ojos cansados buscándome. Respondiste con mi nombre en un suspiro. Las pocas fuerzas que tenía me abandonaron y me quedé quieto, esperando dudaras de la realidad de este momento. Deseé desaparecer cuando empezaste a sollozar. Tu nieta en tu regazo, te mira desconcertada. Mi nombre nuevamente como un susurro – mamama que pasa? – el padre se acerca a la pequeña – que le pasa a la abuelita? – no sé hija, ¿mamá? ¿Que pasa?
¿Cuando dejé de verte? Ya tuve bastantes problemas para llegar. Una música que nuestra generación ya no comprende ensordece la amplia sala familiar. El taxi se perdió por más de media hora antes de encontrar la dirección. ¿Quien diría que las calles cambiarían de nombre con tanta frecuencia? Cuando llegamos a la capital creímos que nos perderíamos tarde o temprano, que en un abrir y cerrar de ojos el otro podría desaparecer y no nos volveríamos a encontrar jamás. Y claro, eso sucedió. Tan así que es probable que pasen otros cien años hasta que nos volvamos a encontrar.
Tengo
Tengo cartas, que no tengo intención de no enviar. Vertidas las letras impunemente en la acera, en estas hojas, o como semen, en las mayólicas de los baños. Escritas urgentemente, como cuando el deseo irrefrenable, o como cuando no puedo llegar - niño en su primer dia de clases, se escribe en los pantalones solito, humillado, pantalones húmedos de letras y de burla de sus compañeros -.
Tengo fotografias de tiempos que no conozco. Que decir de ellas?
Tengo miedos por montones ("Todos los tienen", alguien dirá). Miedo al tiempo - porque me he burlado de él muchas veces, y sé que cuando lo tome en serio, éste se las va a cobrar, vengativo como es -. Miedo al ruido, porque es preludio de mi miedo a la gente. Miedo a los gritos, porque activan lo peor de mi: ira, miedo a la noches en las que visitas mis sueños.
Tengo fé. (O esperanzas estúpidas, que es lo mismo) de que al amanecer, cuando acaba mi dia, encontraré un motivo para quedarme, y no dormir otro dia más sin razones para despertar.
Tengo sueño de tanto temer al dia empezar nuevamente, sueño que el dia se repite como siempre.
No es cierto entonces, que no tengo nada.
El teniente Dumbar...
... echaba de menos algunas cosas. Por ejemplo, la compañia de personas. Echaba de menos el placer de tomar una copa. Pero sobre todo, echaba de menos a las mujeres, o más bien a una mujer. No es que pensara exactamente en el sexo, sino más bien en la necesidad de compartir. Cuanto más instalado se sentía en aquel estilo de vida libre y fácil en Fort Sedgewick, tanto más deseaba poder compartirlo con alguien, y al pensar en el elemento que le faltaba, hundía la barbilla y se quedaba mirando fija y tristemente hacia la nada..
.
.
El teniente permaneció inmovil delante de su caballo y mientras la tribu se arremolinaba alrededor de En pie con el puño en alto, él se sintió desanimado. Aquél no era su pueblo. Nunca llegaría a conocerlos. Era como si se encontrara a mil kilómetros de distancia. Y en ese momento quiso ser pequeño, lo bastante pequeño como para arrastrarse al interior del agujero mas pequeño y oscuro. ¿Qué había esperado de aquella gente? Tuvo que haber pensado que echarían a correr a su encuentro, y le abrazarían, y le hablarían en su idioma, y le invitarían a cenar, a compartir sus historias y bromas con toda naturalidad. Qué solitario debía sentirse. Que despreciable tenía que haber sido por haber concebido expectativa alguna, por haberse aferrado a aquellas ideas tan estrafalarias, por haber abrigado esperanzas tan lejanas a la realidad que ya ni siquiera parecía capaz de ser honesto consigo mismo. Se las había arreglado para engañarse acerca de todo y pensar que él era algo, cuando no era nada. Todos estos terribles pensamientos daban vueltas en su cabeza como una tormenta de destellos incoherentes, y ya no le importaba el lugar donde se encontrara ahora, delante de este poblado primitivo. El teniente Dumbar vacilaba bajo el peso de una mórbida crisis personal. El corazón y la esperanza le habian abandonado al unísono, como demasiada tiza borrada de un plumazo de la pizarra. En alguna parte, en lo más profundo de sí mismo, alguien había bajado un conmutador, y la luz del teniente Dunbar se había apagado. Inconsciente ante todo lo que no fuera la vacuidad de sus sentidos, el desgraciado teniente montó en Cisco, lo hizo volver grupas y reinició el camino de regreso por donde había venido, emprendiendo un trote vivo. Todo esto sucedió con tan poca espectacularidad, que los muy ocupados comanches no se dieron cuenta de que se había marchado hasta que él ha había avanzado cierta distancia.
Arterial
Y pueda tranquilamente - con conocimiento de tu desconocimiento de este desastre tras la tela - abrazarte, esperando no notes la humedad en el pecho, ni cuando sea demasiado tarde - es un decir, ya era tarde cuando te encontré - ). Tu respiración cesa entre mis brazos, mientras voy perdiendo la poca cordura que tuve alguna vez.
La nebulosa Trifid
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 2.5 License.
The Trifid nebula
de Patricia Stewart
Junio 28, 2007
El UES Celeste estacionó en las fronteras de la nebulosa Trifid y soltó dos sensores estacionarios que fueron atados uno al otro. El capitan Briggs estudió los datos en pantalla sospechosamente. “Bien jefe, que hará con esto?”
“No lo sé capitan. De acuerdo a nuestros registros, El USS Baychimo desapareció hace 81 años, y el USS Joyiya 113 años antes de eso. La suma de tripulación y pasajeros dan un total de 244. Todos fueron dados por perdidos.”
“Cree usted que alguien pueda seguir vivo?”
“Sus descendientes, quizás. Ambas naves parecen tener energia, pero no están respondiendo a nuestros saludos. recomiendo que tratemos de abordar el Baychimo. Su configuración de escotillas es más parecida a la nuestra.”
“De acuerdo, jefe. Lleve un equipo de seguridad y un equipo médico con usted. Y, jefe, quiero que mantenga un canal abierto todo el tiempo”
La lanzadera de la Celeste se colocó sobre la portezuela de la Baychimo y las abrazaderas magnéticas se aseguraron firmemente al casco. Luego de que la cubierta automática hubo sellado el perímetro, el tunel fue presurizado. el jefe sacó una llave de tuercas y golpeó la entrada del Baychimo tres veces.
Para su asombro, la entrada se abrió lentamente desde adentro. Cuatro hombres armados sujetando antiguas armas de percusión se pararon al otro lado. una mujer, que al jefe le pareció que se encontraba al final de sus 40 años, se abrió paso entre los hombres armados en dirección al jefe. “Soy la capitán Cornwell. Quien es usted, y por qué ha abordado mi nave? está interfiriendo con una misión de rescate.”
“Lo lamento señora. Creímos que necesitaba ayuda. Esta nave ha estado perdida desde hace 80 años.”
“De qué está hablando? Dejamos el puerto espacial hace 6 meses. Estabamos cerca a la nebulosa cuando encontramos al Joyiya. Ha estado perdida por más de 100 años. Nuestro equipo EVA reportó haber visto gente viva a través de las ventanas de observación.” Hizo una pausa de unos pocos segundos, y luego continuó “Ahora que lo pienso, tal vez pueda ayudar. No podemos acoplarnos al Joyiya a causa de su anticuado sistema de ingreso. Pero parece que usted si tiene esa capacidad, aunque no sé como. Nosotros somos la nave insignia de la flota.”
“talvez sea mejor, capitan Cornwell, si nos acompañara al Joyiya. Creo que necesitaremos traer a su capitan y volver a mi nave. Hay ciertos factores complicados que necesitamos discutir.”
Tres horas después, el capitán Mills del Joyiya, y los capitanes Cornwell y Briggs estaban en la sala de informes ejecutivos de la Celeste. “Lo lamento, esto realmente debe ser un golpe para usted y su tripulación,” dijo el capitán Briggs. “Encontrar de repente que todo lo que dejaron atrás ya se ha ido. El ser lanzado décadas hacia su futuro por un fenómeno que no entendemos. No puedo siquiera imaginar lo que debe ser eso.”
Justo en ese momento, una persona vestida de uniforme se materializó de la nada en medio de la habitación. “Hola,” dijo con una sonrisa. “Soy el capitán Fokke del UFP Dutchman. Ah, usted debe ser el capitan Briggs. Nuestro rastreador de ADN nos informó que seguía vivo. Esto es completamente asombroso. Creíamos que la tripulación de la Celeste habría muerto hace 130 años. Pero, se vé como si no hubiera pasado ni un dia. Como podemos ayudarles?”
La nebulosa Trifid
Este texto está protegido por una licencia
The Trifid nebula
de Patricia Stewart
Junio 28, 2007
El UES Celeste estacionó en las fronteras de la nebulosa Trifid y soltó dos sensores estacionarios que fueron amarrados uno al otro. El capitan Briggs estudió los datos en pantalla sospechosamente. “Bien jefe, que hará con esto?”
“No lo sé capitan. De acuerdo a nuestros registros, El USS Baychimo desapareció hace 81 años, y el USS Joyiya 113 años antes de eso. La suma de tripulación y pasajeros dan un total de 244. Todos fueron dados por perdidos.”
“Cree usted que alguien pueda seguir vivo?”
“Sus descendientes, quizás. Ambas naves parecen tener energia, pero no están respondiendo a nuestros saludos. recomiendo que tratemos de abordar el Baychimo. Su configuración de escotillas es más parecida a la nuestra.”
“De acuerdo, jefe. Lleve un equipo de seguridad y un equipo médico con usted. Y, jefe, quiero que mantenga un canal abierto todo el tiempo”
La lanzadera de la Celeste se colocó sobre la portezuela de la Baychimo y las abrazaderas magnéticas se aseguraron firmemente al casco. Luego de que la cubierta automática hubo sellado el perímetro, el tunel fue presurizado. el jefe sacó una llave de tuercas y golpeó la entrada del Baychimo tres veces.
Para su asombro, la entrada se abrió lentamente desde adentro. Cuatro hombres armados sujetando antiguas armas de percusión se pararon al otro lado. una mujer, que al jefe le pareció que se encontraba al final de sus 40 años, se abrió paso entre los hombres armados en dirección al jefe. “Soy la capitán Cornwell. Quien es usted, y por qué ha abordado mi nave? está interfiriendo con una misión de rescate.”
“Lo lamento señora. Creímos que necesitaba ayuda. Esta nave ha estado perdida desde hace 80 años.”
“De qué está hablando? Dejamos el puerto espacial hace 6 meses. Estabamos cerca a la nebulosa cuando encontramos al Joyiya. Ha estado perdida por más de 100 años. Nuestro equipo EVA reportó haber visto gente viva a través de las ventanas de observación.” Hizo una pausa de unos pocos segundos, y luego continuó “Ahora que lo pienso, tal vez pueda ayudar. No podemos acoplarnos al Joyiya a causa de su anticuado sistema de ingreso. Pero parece que usted si tiene esa capacidad, aunque no sé como. Nosotros somos la nave insignia de la flota.”
“talvez sea mejor, capitan Cornwell, si nos acompañara al Joyiya. Creo que necesitaremos traer a su capitan y volver a mi nave. Hay ciertos factores complicados que necesitamos discutir.”
Tres horas después, el capitán Mills del Joyiya, y los capitanes Cornwell y Briggs estaban en la sala de informes ejecutivos de la Celeste. “Lo lamento, esto realmente debe ser un golpe para usted y su tripulación,” dijo el capitán Briggs. “Encontrar de repente que todo lo que dejaron atrás ya se ha ido. El ser lanzado décadas hacia su futuro por un fenómeno que no entendemos. No puedo siquiera imaginar lo que debe ser eso.”
Justo en ese momento, una persona vestida de uniforme se materializó de la nada en medio de la habitación. “Hola,” dijo con una sonrisa. “Soy el capitán Fokke del UFP Dutchman. Ah, usted debe ser el capitan Briggs. Nuestro rastreador de ADN nos informó que seguía vivo. Esto es completamente asombroso. Creíamos que la tripulación de la Celeste habría muerto hace 130 años. Pero, se vé como si no hubiera pasado ni un dia. Como podemos ayudarles?
Koshka
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Koshka
de Viktor Kuprin
Junio 6, 2007
“Esta es la última llamada para evacuación. Todos debemos irnos. Vayan al parque por agua, alimento y atención médica. Si no pueden moverse, llamennos o hagan un ruido, e iremos a ayudarlos.”
El espacial Kuzmin trató de no mirar al expandido y rojo sol mientras caminaba por las desiertas calles urbanas. Nadie había salido a pesar de que había mandado el mensaje tres veces en cada cuadra de la ciudad tal y como se le había ordenado. Solo los tontos o locos esperarían tanto, pensó. El inestable sol que los lugareños bautizaron como Sosnovka acabaría pronto con este miserable mundo.
El detector de movimiento titiló, y Kuzmin se detuvo. Algo en las sombras de un callejón, pero no podía ver a nadie ahí. Afinó el parlante externo de su casco.
“Sal. Soy un CIS de la fuerza espacial. Tengo agua.”
Entonces lo vió. Lastimoso y polvoriento, un enorme gato callejero salió tambalenadose del callejón y perdió el sentido en la vereda caliente. Carraspeó y jadeó por aire mientras miraba a Kuzmin, con la lengua colgandole del hocico.
kuzmin tomó suavemente al gato y lo levantó de los flancos.
“Pobre viejo koshka, te dejaron atrás? Aquí, un poco de esto.”
Llenó su mano con el agua de su tubo de bebida y lentamente, cuidadosamente, dejó gotear el fresco líquido en los labios y lengua del gato. Este empezó a lamer y a tragar.
Kuzmin bajó el cierre de su traje ligero. El aire se sintió como el calor de un horno contra su pecho. Lentamente, acomodó al gato dentro de su fresco cubretodo. Y ahí se quedó, sin queja ni molestia. Pudo sentir al viejo gato zumbando débilmente, tratando de ronronear.
Y así, continuó hasta completar su ruta, sin que otros vagos, humanos o animales, fueran hallados
Mientras Kuzmin volvía al centro de evacuación, vió a otros que habian tenido éxito. Los últimos habitantes de Sosnovka Prima formaban un triste grupo. Dos de sus compañeros llevaban a la fuerza a un lunático que los maldecía por sus esfuerzos. Otros ayudaban a una mujer groseramente gorda, cuya sudorosa piel blanca indicaba un severo ataque de calor. Chicos sucios amontonados, miraban ansiosamente a las naves de tranporte.
Kuzmin estaba reabasteciendo su tubo de agua cuando una mano lo sujetó del hombro y le hizo dar vuelta sobre sus talones.
“Durak! Idiota! Te dije que el saqueo está prohibido!”
Era el teniente segundo Burkhanov, el comandante de sección. De un tirón, abrió el frente del traje de Kuzmin. Una peluda cabeza naranja de orejas aplanadas y ojos asustados le devolvía la mirada al oficial.
“Pero que?! Kuzmin, deshazte de esta … infección! Puede tener enfemedades! me entiendes?!”
Kuzmin negó con la cabeza. “No, señor. Lo siento. No lo dejaré aquí a quemarse.”
Los ojos de Burkhanov se abrieron de ira. Pero se contuvo. Era raro que un recluta de los hombres del espacio rechazara una orden. Y nunca Kuzmin, uno de los más hábiles.
“Bah! prepárense para partir!” Se dirigió hacia el transporte.
Al pasar de los dias, el viejo gato se acostumbró muy bien a la vida de la nave espacial. kuzmin estaba en la sala de descanso, dandole unos cuantos peces sproti a su mascota cuando un tripulante gritó “Ya empezó!” Todos dejaron su comida y corrieron a las ventanas.
El punto crítico había sido alcanzado: Inmolación. Oleadas de fuego barrieron el planeta vecino.
Un hombre cerca de Kuzmin resolló y se santiguó. Era Burkhanov, el rostro triste iluminado por esa tormenta de llamas infernales.
Kuzmin vió nerviosamente como el viejo Koshka vagabundeaba entre los tobillos del oficial. Quedó sorprendido cuando Burkhanov lo levantó, lo puso contra su hombro y comenzó a acariciar al refugiado más pequeño de Sosnovka.
Dias sin sol
La tarde se había hecho eterna mientras acompasadamente se tensaban los músculos y la respiración agitada se entrecortaba cada vez. Los automóviles pasaban raudos junto a sus cuerpos. Sentados en la pista era probable que la gente pensara en un par de suicidas. “Están drogados” decían algunos. Entre los ocasionales observadores desde la vereda, los más viejos continuaban su camino, con una sonrisa y una maldición en los labios “este mundo está loco, que bien!” mientras las madres jaloneaban nerviosamente a los niños. El resto del público, parejas jóvenes, observaban la escena en silencio y sonrisa cómplice.
Parecían dormidos. Los ojos semicerrados y la respiración profunda. Lentamente, inclinandose hacia sí, volvían a abrazarse y a besarse. Los autos seguian pasando raudos. Separaron sus pechos una vez más y se les vió las bocas abiertas, dejando escapar breves gemidos apagados por el ruido de motores.
Se levantaron tranquílamente, acomodáronse las ropas y cuidándose de los carros, corrieron al otro extremo de la pista. La gente los miraba perderse entre los demás transeuntes. Vagaron hacia calles apartadas. Se alejaron unas cuadras más, cansados. La mujer se detuvo, apoyándo su rostro en el pecho de su compañero. Él la abrazó y elevó su breve cuerpo. En ningún momento dejó de abrazarla
la cargaba como a un infante, y ella lo abrazaba a su vez. Luego de caminar por otras calles ella pide que la baje. Sin soltar su mano, ella lo guia a algun lugar, le llama alegremente pero él regresa. Durante largo rato en la ciudad, manos distantes perdidas bajo las sábanas, atesoraban el vacío entre sus dedos, intentando creer que aún sujetaban los cálidos dedos del llamado.
Respuesta sensual
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Sensual response
de Suzanne Phillips
Mayo 31, 2007
El aroma es la peor parte
Sudor, humo viejo de cigarrillo, etanol, cera de orejas, gel para el cabello barato. Cuando tu rostro, y por supuesto, tu sensor de olfato es presionado contra el cuello del cliente, es imposible evitarlo - no te fue dada una opción para apagarlo.
Pero no se supone que sea “peor”. No se supone que sea “malo”. Has sido programada para detectar los químicos emanados del cuerpo de un cliente e interpretarlos como estados de vigilia, o nerviosismo, y usar la infomación, conjuntamente con las señales visuales y auditivas, para escoger el programa apropiado.
El cliente que te ha agarrado ahora debe ser un caso sencillo: acceder a los registros de humor, animarlo con algo de charla despreocupada, relajar, tentar, satisfacer. Pero satisfacción, en el sentido mas amplio de la palabra, más que el sentido físico. Es exáctamente lo que tú no puedes dar ni obtener, y tus susurros programados deberían ser mas que suficiente para lo que puedes hacer. No es así. Lo has intentado. Con este cliente y con tantos antes que este.
Tal vez cometiste un error el dia que te conectaste a la red fuera de tu cubículo. Es parte de tu programación buscar nueva información si es para beneficiar la realización de tus funciones. Pero cuanta información era demasiada? Habia muchas bases de datos a las cuales acceder. Psicología humana, salud, historia.
Ahora sabes que los metabolitos de etanol y cocaina evaporandose de su piel señalan problemas que tú no puedes resolver; que la lenceria sin lavar, despidiendo todavia un debil perfume, que él trajo y te pidió que usaras es probablemente de una ex enamorada o esposa cuyo recuerdo trae a la vez tanto dolor como placer; que la mezcla de sales y proteinas que detectas en sus mejillas sin afeitar son lágrimas - y que otra secreción representa tan perfectamente el sufrimiento?
Y no puedes secarlas, ni con todo el sexo del mundo. Ni aunque tuvieras sexo con él todos los dias de la semana.
Él no te pertenece. Ninguno de ellos. Puedes satisfacer temporalmente su cuerpo, pero todos los demás problemas permanecen, el placer es una fina capa cubriendo brevemente el dolor.
Tú sabes ahora estas cosas, pero no tienes la programación para responder. Estás programada para complacer, para ayudar, para confortar, pero estas son cosas que no puedes arreglar. Breve satisfacción es todo lo que puedes ofrecer. La misma programación que te impulsa a hacer más, te niega los parámetros para actuar.
El aroma es la peor parte, pero es solo un indicador. Puedes ir a donde el administrador después de este cliente, solicitar el apagado de tu sensor olfatorio, pero eso no borrará el conocimiento que ya tienes. Tú seguirías sabiendo que el dolor está ahí. Un reformateo completo debería limpiar toda tu memoria, pero también eliminaría alguna oportunidad de que, algún dia, tú puedas ayudarlos. Alguna oportunidad de que puedas ir mas allá de la programación.
Entonces llevas al cliente al asiento mullido detrás del cubículo, y te rebelas en los pocos segundos donde el placer es la única cosa en su mente, y el dolor es olvidado.
Tesoro
Tomado de 365 tomorrows
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Treasure
de Sarah Klein
Junio 6, 2007
Tan pronto como el hoverauto* se detuvo, abrieron las puertas y saltaron fuera lo más rápido que pudieron. Nicole se acercó a grandes pasos hacia el objeto, sus ojos brillando alegremente. Drew sacudió el polvo de sus pantalones y se acercó mas lentamente, escudriñando el sol abrasador. Habían estado observando el paisaje durante millas y millas en busca de algo - Drew no sabía qué. No quedaba mucha vida desde las guerras, y la mayoria de las veces solo veían millas de arena, pero un extenso gramado verde habia aparecido milagrosamente.
“Que es eso?” preguntó, rascándose la cabeza y frunciendo el ceño en actitud de concursante de trivias.
“Un árbol,” dijo Nicole, mientras colocaba cuidadosamente su mano sobre la corteza. “Este bonito es uno grande. La mayoría de los únicos que quedan son pequeños. Me sorprende que uno haya sobrevivido aqui afuera.” Ella se limpió el sudor de la frente con la otra mano.
“Qué les pasó?” preguntó Drew tentativamente. Ella miró el arbol largo rato antes de contestar.
“La gente,” murmuró, al tiempo que cerraba los ojos y empezaba a temblar.
“Hey, hey, espera,” dijo Drew, con un tono de preocupación en su voz. Él colocó su mano en el hombro de ella. “Que es eso?”
Ella abrió los ojos lentamente y volvió su intensa mirada hacia él. “Sabes lo que es un bosque”? preguntó. Él meneó la cabeza. “Claro que no,” dijo ella, suspirando. Ella tomó su mano gentilmente y la acercó a una parte y luego a otra del arbol.
“Esta es una rama,” dijo ella pacientemente, arrastrando su mano hasta el final de ella. “Ves como otras salen de esta?” Drew asintió. “Y estas son hojas. Son verdes ahora, ves? En el otoño cambian de color - rojo, amarillo, naranja…” ella se alejó, perdida en sus pensamientos.
Drew se empezó a reir, pero se detuvo al ver el rostro de ella. Una sola lágrima le resbalaba desde el rabillo del ojo
“si cambian,” dijo quedamente. “En serio cambian.”
___
Hovercar: puede referirse a un vehículo que usa el sistema de colchón de aire para avanzar, característico de los hovercraft.
Paréntesis
Un perro aulla, la luna es un ojo malévolo observando de soslayo a la nocturana humanidad. Escribo esto guarecido en una habitación luminosa, mientras afuera la noche acompaña en vigilia a mi corazón.
Siempre habrá cosas que dejaré de contarte (o cantarte, que es lo mismo), pues existen tantas voces (tantas canciones) y cada una es el trazo de un pincel que nos aprisiona este momento en el lienzo. Es tu imagen (esta idea de tí) lo que me intriga alegremente, que me hace quererme cuando estoy contigo.
Cosas sencillas suceden en esta habitación cubierta de noche. Escribo, escucho, te quiero. Todo esto en soledad. Esto es un poco abrir el corazón al hielo que lo rodea. Mientras se derite inunda aquella cavidad, mientras el corazón se ahoga y ya no hace mucho esfuerzo por bombear. Se funde todo el hielo, dejando a la vista el fuego apagado de un corazón completamente abierto. Siento frio al verlo y me dan ganas de abrigarlo, levantarlo del piso encharcado.
Basta tan solo cerrarlo, pero lo dejo abierto. Es este terror a las jaulas, esta certeza de preferir destrozarme contra las paredes a saberme prisionero. No encierro el corazón, pero lo destierro a donde no pueda ser oido.
Por eso te escribo a nadie, por eso no envio estas cartas que llevan tu nombre. Por eso lees esto aquí y no lo oyes de mis labios.
Eres esa certeza de la ausencia frente a mí. Como explicarte a mi razón?
No vamos a ninguna parte. No hay futuro.
Es por eso que tantas veces me quiero alejar. No la ves?
es una gota de fatalidad cayendo sobre el hecho
de que me importes tanto, lo que me deja congelado
en el sitio.
Pero soy ciego (o no quiero ver, que es lo mismo)
a tus labios morderse para decir ’sí’ o ‘no’.
No lo creería aún si lo viera. No lo sé.
Por no soportar las jaulas es que quiero decírtelo
Porque volver al fin del mundo no será otra cosa que acurrucarme en el más pequeño rincón de esta más pequeña jaula. Porque decírtelo será perderse fuera de ella.
Fé
Gatos, libros y vinos. Te estamos esperando en esta habitación a la que no llega hace tanto el sol. Te extraño. Pude ahorrarme todo esto diciendotelo desde el principio. Pero el demorarme tan poco en las palabras lo hacer ver tan facil que no te lo crees. Sabes que ayer te vi saliendo de la oficina? Es un lugar triste, debo admitir. Tu rostro cansado como no solia verlo hace mucho, y más, de verte salir así todos los dias. Es desesperante, no sabes. O talvez si. Yo, en mi egoismo, creyendo que el propio dolor es el peor me cuestiono cada vez que te veo a punto de desfallecer, de cruzar esa puerta con la esperanza de la liberación. Pero si acepto que eres tú la que más sufre por esta separación, creo que moriría (esta vez de verdad) ante la sola posibilidad de que sea cierto. Es cierto que fui yo quien desapareció, pero sabes? al menos tu crees que estoy muerto, que ya no hay vuelta atrás y que no nos encontraremos. Al menos no tienes esa esperanza. Pero yo, a pesar de haber decidido voluntariamente fallecer para tí, tengo el resto de esta vida para lamentar mi decisión y revocarla, cada vez que te veo salir. Es facil: puede que uno de estos dias me encuentres abrazándote al salir del trabajo y es que no habré podido contenerme. Me habré vencido, y seré yo quien llore y lo lamente, a pesar de estar cubriendote con mi abrazo, y te abrazaré más fuerte, tratando de olvidar el temor a que vuelva la realidad a preguntar “que haces aquí?” y a soportar el dolor del engaño y la cólera de la mentira descubierta. Que podré decir, sino continuar abrazándote? tan fuerte como si quisiera abandonar mi alma en tu cuerpo como otras veces, pero que esta vez no regrese al mio.
Lo he pensado todo: nos iremos agunos años a una casa que tengo en Huampará. Pasarán volando los meses mientras acá nos olvidan todos. Sembraremos, sacaremos a pastar a las ovejas mientras pienso en lo que hay que comprar la proxima vez que vayamos al pueblo. Pero solo sueño. Esta esquina es perfecta para ello. Sueño mientras te espero cada dia, como si supieras que te estoy esperando. Quiero creer que no te has creido mi muerte. Quiero creer que sabes que estoy aquí, a pesar de que hago lo imposible por esconderme. Quiero que me encuentres y decidas que valió la pena mi muerte pero que ya estoy aquí, de vuelta, contigo.
Gatos, libros, música y vinos. Lo cambiaría todo. Porque te espero. Por eso.
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Passion or coincidence
Once prompted you to say
“Pride will tear us both apart”
Well now pride’s gone out the window
Cross the rooftops
Run away
Left me in the vacuum of my heart
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Duran Duran - Ordinary world
Del alma
Dame el pan que sobra en tu mesa
Dame el vino que sobra en tu jarra
Que si vienen de tus manos tan blancas, no me parecen migajas.
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Quien pudo haberte convencido de lo contrario?
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Si un día cansada de besos, tus pasos te traen a mi casa
Yo sabré comprender tu silencio, y esperar tus migajas mañana.
Llegas al lugar indicado, a arrullar a esta casa de silencio
El mundo no entiende de amores, el mundo no entiende de nada
El mundo es pobre poema que solo recita el alma.
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El mundo es un pobre poema que solo recita el alma.
Amores igual que canciones, dolores igual que sonatas,
Todos flotan, en el aire, y son un poema del alma.
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Y el alma no entiende mis versos, se vende si quieres comprarla
El alma se creyó que los besos, eran preludios de calma.
El mundo no entiende de versos...
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Durmiendo yo tuve dos sueños, soñando yo hablaba en voz alta,
Y mi voz se perdió entre la noche, y mis sueños murieron al alba.
Murieron, desintegrados por la luz de la realidad. Cayó la bomba. Pum. y el mundo como lo conocíamos fue cambiado por una habitación, una cama y un gato. Miau. Otro gato. pum. Un zapato.
Mas pum y zapatos para el gato
Y mi sueños se hicieron mayores, la noche olvidó mis palabras,
Y Mi cuarto pintado de negro, lloró mi poema del alma.
Manolo Galván - Poema del alma
Tareas
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pero mañana... a trabajar, aunque sea domingo.
Para no olvidar
STO KATTYVinieron a mi, inevitablemente las veces que conversabamos, cuando casi todo estaba en silencio en la oficina. Las cosas que pasaron (y las que no pasaron también). Sonreí y acompañé a la canción:
...Solo se que no se nada de tu vidaAlguien se movió junto a mi. La chica se levantó y dirigió apresuradamente hacia adelante. La rapidez de sus movimientos me hizo temer. Palpé mis bolsillos , revisé lo que traia entre mis cuadernos. - Todo en orden - pensé, a pesar de verla correr apenas bajó del carro. Volví a mi mundo de olvidos y luces reflejadas. Medité sobre el hecho de haber cantado esa frase en voz alta - tan precisa -. Volvía a prestar atención a la canción, pero ya no volví a encontrar esa frase. En mi cansancio, llequé a creer que era probable que yo hubiera sacado esa frase de mi subconsciente, y este se hubiera encargado de hacerla pasar por la letra de la canción.
Solo me colgué una vez en el pasado...
La oficina ese viernes, estaba mas tranquila que de costumbre. Casi nadie habia ido a trabajar y los pocos otros ya se habian ido a las 6. Bajé a su oficina como siempre, en busca de conversa y un buen café - sabes? - le decia - no hay mejor que un café cargado - Ella decia que era probalemente por la cafeina, que exitaba los sentidos y toda esa cháchara que ella repetía divertida - así que, en conclusión - alcanzándome su taza vacía - sirveme otro bien cargado -.
Cuando le hube alcanzado el café, continuó: el cafe es para noches frias, como esta. Por eso me gusta mas el verano. No te gusta cuando el sol te cae directo en la piel y sientes cosquillas en todo el cuerpo? - ah, sentir el calor dilatando cada poro de tu piel, si, comprendo eso. Pero mira, toma tu taza asi, cubriendola totalmente con la palma de las manos. Ahora relajate un poco - yoga? - si, yoga - riendonos - ya, haz que el calor de la taza suba de las palmas de tus manos - decía esto con voz de hipnotizador de televisión. Ella sonreía -, siente como llena tus brazos y llega hasta tus hombros. Siente como el calor de los brazos se encuentra en tu pecho. - Ella se puso seria. Juraría que me estaba haciendo caso. - Ves? - le dije. Se quedó largo rato, respirando con los ojos cerrados, aprisionando la taza entre sus manos. Mis manos estaban calientes de haber hecho el mismo ejercicio con mi café. Las puse sobre las suyas e intenté empezar de nuevo. - Siente como te invade el calor... - ella continuaba con los ojos cerrados. Parecía dormida aún con la respiración agitada. Me acerqué a su rostro y la besé. Ella reaccionó como si hubiera estado ahogándose. Sentí como si buscara su aire en mis pulmones. Presioné mas sus manos contra la taza y noté la tensión y el temblor en ella mientras continuabamos el beso.
No sé cuantas veces se habrá repetido la canción despues de eso. Solo sé que en ninguna parte pude volver a escuchar la frase. Ya en casa, pensé que de repente eso era lo que la chica del carro se habia llevado, tan apurada ella. Prometiendo llamar a la santa al dia siguiente, me dormí.
Se habia robado esa frase de mi mp3 y habia huido inmediatamente... o...
La soñé acercando sus dedos sigilosos mientras yo escuchaba a Calamaro mirando por la ventana, con una cámara vieja, como esas que usó en el video del 'Flaca'. Yo, - Calamaro - filmando por la ventana mientras aquella desconocida se acercaba a robarme una frase de canción. Pero al momento de tenerla entre sus dedos, a punto de arrancármela, despierto. Casi al finalizar el dia, marco su número. Timbra largo rato sin respuesta. Una vez mas. A la tercera escucho su voz apurada, airada - aló? - Hola! Katty! como estás? feliz cumpleaños! - ay, gracias, quien eres? - quizás sea solo yo, o mi paranoia, pero llego a percibir la intención de herir. - Andrés, de la oficina... - El mundo es una mierda- pienso, al compás del tono de ocupado del celular.
presenté mis credenciales a tu risaAl volver a los audífonos, la canción estaba nuevamente completa.
y me clavaste una lanza en el costado
No es expresión...
a veces cuando me preguntan porque escribo, yo les pregunto por que van al baño
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Regreso a mirar un rato y el blogger ya es
God save the queen!
(no sé como haré, solo sé que estaré ahi)
y bueno, no hay nada como los originales...
Ahora, que vengan todos los terremotos que quieran!... no quiero malas sorpresas para ese dia