Tenía planeado...

... que mi siguiente entrada fuera la traducción de un cuento de Murakami, pero bueno... ya saben lo que dicen de los planes.
Esta otra traducción salió más rápido, así que... ahí va.

Recuerdos, iluminen los resquicios de nuestras mentes

Este texto está protegido por una licencia


Del original Memories, Light the Corners of our Minds
De Steve Smith

Lucas Tres aún continuaba en la cafetería mucho después de su partida; mucho después de que la gente que había observado aquella escena ya se hubiera marchado. Sentado por horas luego de que ella, de manera calma y despiadada terminase con su relación de tres años; con tal calculada precisión de lenguaje que ni siquiera él lo hubiera podido explicar mejor.

"Ha sido divertido, realmente... ha sido fantástico, pero tú sabías que esto no iba a durar." Ella no había tocado su café, lo cual nunca era buena señal.

"Tú nunca vas a envejecer, mientras que yo envejeceré y moriré. En algún momento me dejarás por alguien más joven, y para entonces ya estaré demasiado vieja para encontrar a alguien que me ame y sencillamente moriré sola." sus manos dibujaban en el vacío frente a ella mientras hablaba. Varias veces se había preguntado, si se le hubiera forzado a mantener las manos en los bolsillos, ¿sería capaz de hablar? él sonrió ante la sola idea, y el sonreír le resultó doloroso.

"Ya mis amigos te encuentran 'pintoresco' y tus amigos me ven como si fuera poca cosa. Janson Cuatro me llamó 'reliquia'. ¿Reliquia? tengo veintinueve años, no soy una maldita reliquia." Ella levantó su vaso y lo volvió a su sitio sin beberlo. "¿Que dirán de mí a los cincuenta y nueve? ¿setenta y nueve? ¿seré entonces la atracción de feria de tus eventos sociales? lo siento, no voy a esperar a eso. Tú sabías que este día llegaría, y llegó. Ya he sacado mis cosas del departamento esta mañana. Puedes revocar mis accesos cuando quieras, ya no voy a regresar."

Ya estaba de pie en ese momento y de repente, consciente de que su voz elevada sin querer había llamado la atención de los comensales y motivado conversaciones susurradas, bajó la voz y dejó caer los hombros, mientras los ojos perdían aquella llamarada, que era su propósito de llegar hasta el final, dejándose vencer por una neblina de inseguridad

"Escucha Lucas, lo lamento. En verdad. Te he amado, aún te amo," su voz se quebró, "pero no puedo continuar así. Me tengo que ir."
Llegó hasta la puerta antes de voltear.
"Adiós" fue todo lo que dijo, y luego se había ido.

Cuando el dueño de la cafetería, nada sutil él, apagó las luces y movió la señal de "Cerrado" en la puerta, Lucas salió al aire de la noche. Ella había sido lo más hermoso que él había visto alguna vez, una luz brillante en un mar de gris, y se había marchado. Si tuviera un corazón, estaría rompiéndose en este momento, y hasta donde él sabía, su diseño no había sido preparado para sentir lo que estaba sintiendo, los pensamientos y las respuestas emotivas agolpándose en su cabeza eran demasiado para soportarlo. Empezó a pensar que si no hacía algo, terminaría por fallar por completo.

En el muelle, al murmullo de las olas acunando la costa, desactivó los seguros y ejecutó una búsqueda de sus recuerdos, trasladando cada momento que compartieron juntos a un solo bloque, y sin dudarlo un momento, eliminó ese bloque por completo.

Cuando el proceso se hubo completado, le quedó una extraña sensación de vacío, pero la ansiedad ya había desaparecido.

Cuando volteó, la vió; quizás lo mas hermoso que había visto alguna vez. Se acercaron mutuamente, y pudo ver que ella había estado llorando, el rostro marcado y el maquillaje arruinado. "Que pintoresco" pensó en voz alta, y ella se detuvo, buscando con la mirada los ojos de él.

"Lucas," dijo ella mientras él pasaba, "Lucas," su voz casi suplicante, "Lo siento, no quiero vivir sin tí."

Mientras llegaba al final del muelle, la voz de la extraña y bella mujer se apagaba detrás suyo, y al alejarse se preguntó a quién irían dirigidas esas palabras.

Dobló la esquina de la cafetería de siempre, y tropezó, con la mente acelerada, con procesos mentales y emocionales corriendo como locos sin motivo aparente. Hubiera jurado que si tuviera un corazón y alguna vez hubiera permitido a alguien entrar, que así se sentiría este corazón imaginario si es que fuera a romperse.