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¿En París, por encontrarse estabilizado, hubiera escrito más ficción? No se puede saber. Lo que sí sabemos es lo que pensaba Cortázar en cuanto al lugar y el momento adecuados para la escritura, y en esta cuestión siempre se mostró reacio a un programa y a un orden. "Nunca la he tenido [la noción de horario]. La época en la que he tenido que ganarme la vida con algo que no tenía que ver con la literatura, nunca aguanté los horarios. Siempre me busqué un tipo de empleo que supusiera dos o tres horas de trabajo a lo sumo, aunque te pagaran muy poco, porque luego salías a la calle y eras tú. Entonces en el trabajo literario es lo mismo. Yo no soy absolutamente nada disciplinado." Un cuento o una novela podían empezar en cualquier lugar, en cualquier momento. nunca fue partidario de prefijar una cuota del dia rutinariamente establecida a tal fin, como Vargas Llosao como García Márquez, por citar a dos autores próximos, entre otras cosas porque le resultaba insoportable, y mantuvo siempre que podía escribir en cualquier sitio: en el subte, en un ómnibus, en un avión, en un café, en la sala de espera de un aeropuerto o en una estación, en la oficina de la UNESCO, entre sesión y sesión, cuando se convirtió en traductor vinculado a ella.
En los últimos años, sin embargo, siempre reconoció también que prefería el silencio para hacerlo. Además, este planteamiento anárquico cambia "cuando estoy llegando al punto central de lo que quiero decir porque en ese momento yo soy un poco la víctima de lo que estoy haciendo, estoy poseído por lo que estoy haciendo. Por ejemplo, todo el final de Rayuela está escrito en condiciones físicas tremendas porque yo me olvidé del tiempo. No sabía si era de día o denoche. Mi mujer [se refiere a Aurora Bernárdez] venía con un tazón de sopa y me decía "Bueno, hay que dormir un poco", ese tipo de cosas. Pero antes de eso habían pasado dos años en que yo no había escrito nada. Escribía cosas sueltas, así un capítulo. Luego hay un momento en que todo se concentra, y ahí hay que terminar. Pero no es una cuestión de horario sino de obsesión".

Julio Cortázar, una biografía revisada
Miguel Herráez

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