Candilejas


Arlequin, Pierrot, Colombina. Es una vieja historia, aquella de 2 payasos disputandose el amor de la bella.
O qué tal una variante? Payaso conoce bailarina, pero bailarina piensa en otro. Telenovela mexicana, dirá alguno (de hecho, el payaso del cuento también pensó lo mismo).
Aquella noche fuí con unos amigos a verla. Un argumento harto conocido del cual no esperar sorpresas.
¿Qué tiene de especial esta obra? Argumento, música, el carácter de los personajes... no hay novedad y, si me pusiera cínico desdeñaría incluso el caracter moralizador en ciertas lineas de diálogo, pero...
¿Qué hace especial a cada obra, ya sea teatral, musical o literaria? Porque quiero creer que esta historia, que me ha llegado a conmover, tiene algo único. ¿es el teatro siempre así? ¿no lo serán también, la música y la literatura?
Pocas veces me ha sucedido, una canción repitiéndose sin descanso en mi corazón, una novela (siquiera un cuento, o todo un autor) poniendome el mundo de cabeza. Pero ha sucedido antes. Nuevamente, entonces, recapitulando las veces que no iba al teatro me pregunto: ¿me he perdido de todo esto, todos estos años? ¿como pude?

A la desesperanza por el tiempo perdido se auna la idea de toda la gente que no irá a ver la obra. Yo (espectador) reí, lloré (como una magdalena, lo admito), me emocioné. Es la idea de que el mundo se pierde de algo muy bueno por no ver esta obra, la que no halla descanso en mi cabeza y me insta a la acción. Me preguntarán qué tal es? y yo solo podré decir "Es buena". Me dirán "Pero no que era una historia muy común? con personajes comunes y harto conocidos?" y yo diré que sí, pero que eso no la hace mala, y si me insisten les diré que no puedo decir más, no por temor al spoiler sino porque no puedo articular o transmitir en palabras la emoción que sin embargo logran transmitir los actores en cada paso que dan sobre el escenario.

Sería más facil decir: hey, escucha este disco; oye, te va a gustar este libro. Pero no puedo hacer lo mismo con una obra de teatro. "Hey, anda a verla, te va a gustar". Porque los libros y los discos te pueden esperar. Meses, o décadas hasta que estés listo para ellos. Pero una obra teatral es tán efímera como la rosa del pequeño príncipe. Debes estar atento a disfrutar de la visión, del aroma, de la emoción de verla florecer, incluso de verla marchitarse.

Soberbia mia pensar que ver una obra sencilla pueda cambiar al mundo para mejor. Pero no, quizás no sea tanto ese el sentido. Me gustó tanto la obra. Me gustó tanto que quiero que todos se sientan tan bien, tan mal, tan identificados con la historia, que le digan a los personajes "oh, comprendo como te sientes, yo alguna vez pasé por eso", "... hubo un tiempo en que me sentía así", "... también pensé eso alguna vez", aunque, como ya dije, no sea una historia novedosa.

Recomendarla quizás transmita una errada sensación de superioridad ("Hey, yo sé lo que es bueno para tí, más vale que lo aprecies", "Esta obra te cambiará la vida" o algo por el estilo), pero no. Yo te pido por favor, que la vayas a ver. Porque he visto, y he podido agradecer el haber sido espectador y testigo, más que de la puesta en escena, del cariño (esta palabra no basta), del amor con que se entregan los participantes a la obra. Por ello, me considero afortunado. Mientras que yo, desde mi butaca, no les puedo dar nada cercanamente valioso a cambio. Por eso me siento mezquino. Las entradas se pueden comprar ahí mismo, va hasta el 03 de junio, y me temo que no alcanzará el tiempo para que todo el mundo la vea.
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Blog de la Asociación de Artistas Aficionados
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