Inasibles

Son un par (de tantos) de recuerdos que siempre vuelven como tarea pendiente:

1.

Un cuento que salió en la revista Somos (hace ya mucho tiempo, cuando la revista somos publicaba cuentos). Una pareja de ancianos, cada uno con su rutina. El viejo saca el sillón a la puerta de la casa, a observar la calle. Pasan los dias y cuando se ha hecho rutina, decide mover el mueble a la acera de en frente. Esa se convierte en la nueva rutina. Los dias siguen pasando, él observando el acontecer de la cuadra tal como hiciera cuando estaba del otro lado. Es entonces algo lejano e impersonal el acontecimiento, de los vecinos entrando a la casa de enfrente, y encontrar a la anciana fallecida. Oh, la anciana de la casa de enfrente, su pareja de dias anteriores, de aquella ya lejana vida al otro lado de la acera.



2.

Un texto de Cortazar, en el que hace notar como ella acompaña la frase "te quiero" con "ese aumentativo que disminuye": "mucho". Para dejar en claro que aunque existente y abundante, continúa el sentimiento prisionero de la medida.

Para ambos, aplica la pregunta: ¿cual es el cuento?

Candilejas


Arlequin, Pierrot, Colombina. Es una vieja historia, aquella de 2 payasos disputandose el amor de la bella.
O qué tal una variante? Payaso conoce bailarina, pero bailarina piensa en otro. Telenovela mexicana, dirá alguno (de hecho, el payaso del cuento también pensó lo mismo).
Aquella noche fuí con unos amigos a verla. Un argumento harto conocido del cual no esperar sorpresas.
¿Qué tiene de especial esta obra? Argumento, música, el carácter de los personajes... no hay novedad y, si me pusiera cínico desdeñaría incluso el caracter moralizador en ciertas lineas de diálogo, pero...
¿Qué hace especial a cada obra, ya sea teatral, musical o literaria? Porque quiero creer que esta historia, que me ha llegado a conmover, tiene algo único. ¿es el teatro siempre así? ¿no lo serán también, la música y la literatura?
Pocas veces me ha sucedido, una canción repitiéndose sin descanso en mi corazón, una novela (siquiera un cuento, o todo un autor) poniendome el mundo de cabeza. Pero ha sucedido antes. Nuevamente, entonces, recapitulando las veces que no iba al teatro me pregunto: ¿me he perdido de todo esto, todos estos años? ¿como pude?

A la desesperanza por el tiempo perdido se auna la idea de toda la gente que no irá a ver la obra. Yo (espectador) reí, lloré (como una magdalena, lo admito), me emocioné. Es la idea de que el mundo se pierde de algo muy bueno por no ver esta obra, la que no halla descanso en mi cabeza y me insta a la acción. Me preguntarán qué tal es? y yo solo podré decir "Es buena". Me dirán "Pero no que era una historia muy común? con personajes comunes y harto conocidos?" y yo diré que sí, pero que eso no la hace mala, y si me insisten les diré que no puedo decir más, no por temor al spoiler sino porque no puedo articular o transmitir en palabras la emoción que sin embargo logran transmitir los actores en cada paso que dan sobre el escenario.

Sería más facil decir: hey, escucha este disco; oye, te va a gustar este libro. Pero no puedo hacer lo mismo con una obra de teatro. "Hey, anda a verla, te va a gustar". Porque los libros y los discos te pueden esperar. Meses, o décadas hasta que estés listo para ellos. Pero una obra teatral es tán efímera como la rosa del pequeño príncipe. Debes estar atento a disfrutar de la visión, del aroma, de la emoción de verla florecer, incluso de verla marchitarse.

Soberbia mia pensar que ver una obra sencilla pueda cambiar al mundo para mejor. Pero no, quizás no sea tanto ese el sentido. Me gustó tanto la obra. Me gustó tanto que quiero que todos se sientan tan bien, tan mal, tan identificados con la historia, que le digan a los personajes "oh, comprendo como te sientes, yo alguna vez pasé por eso", "... hubo un tiempo en que me sentía así", "... también pensé eso alguna vez", aunque, como ya dije, no sea una historia novedosa.

Recomendarla quizás transmita una errada sensación de superioridad ("Hey, yo sé lo que es bueno para tí, más vale que lo aprecies", "Esta obra te cambiará la vida" o algo por el estilo), pero no. Yo te pido por favor, que la vayas a ver. Porque he visto, y he podido agradecer el haber sido espectador y testigo, más que de la puesta en escena, del cariño (esta palabra no basta), del amor con que se entregan los participantes a la obra. Por ello, me considero afortunado. Mientras que yo, desde mi butaca, no les puedo dar nada cercanamente valioso a cambio. Por eso me siento mezquino. Las entradas se pueden comprar ahí mismo, va hasta el 03 de junio, y me temo que no alcanzará el tiempo para que todo el mundo la vea.
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Blog de la Asociación de Artistas Aficionados
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Gracias...

alegria
euforia
maravilla
miedo
ternura
alegria de nuevo
entusiasmo
desconcierto
mas miedo
ternura
calma
tranquilidad
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esperanza
(¿Existe alguna palabra que signifique todo esto a la vez?)

Antes, al meditar sobre el futuro, el pánico se divertía descuartizando mi sanidad en eterno tormento, digno de dantesca imaginación. Meditaba mucho, diré, pero siempre le daba vueltas a lo mismo. Tanto dar vueltas que ya no sentía los pies de mi razón.
Y la risa me nace al escribir este texto, entrelazada con llanto y gratitud (y la inevitable exclamación :"como pude estar tan ciego?!"). Porque luego de claudicar, y dejar a mi consciencia ensoberbecida en aquel ruido blanco que me entercaba en llamar razón, Apareces. Y las palabras se agotan y vuelven a nacer con el mismo significado pero que es nuevo cada vez. ¿Como describir esto? El futuro sigue siendo el mismo, pero estás aquí y eso lo hace el mejor futuro posible. A tí, gracias.