Sinceridad

Casi he olvidado que huyo. Es lo bueno de la memoria. He dejado que la desesperanza me tome en sus brazos, como las olas alguna vez. Solo me queda esperar a que todo acabe. Quizás si no vuelvo a pasar jamás por aquel lugar. Puedo vivir así, claro que sí. Pero se me acaban los lugares. ¿He de seguir caminando? azorado, trato de contar los recuerdos que están tras los recuerdos, dejando al olvido los primeros. Son fácil engaño, pienso.
Pero incluso esta súbita audacia es también engaño: ya se ve que he estado dando vueltas en el mismo lugar. Pero... avanzar... ¿a donde? otro engaño, a fin de dudar.

La playa nublada, la gris arboleda y la negrura de las olas desde el otro lado. Sujeto estos recuerdos - reducidos casi a conceptos - con cuidado los deposito en la copa. El licor termina de diluirlos y bebo. Es una mala mezcla, esta. Apuro el trago y seco la copa. Me espera un sueño blanco como la ceguera.

Niego la pregunta, por intentar distraerme en inútil batalla retórica. Quiero continuar.

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