Izquierda

Alguna vez deseé que La Paz fuera eterna. Bordeo un parque enrejado, intentando olvidar porqué estoy caminando. Ya casi ha resultado. Constancia. Poco falta para tener la mente en blanco. ¿Qué seguirá después? mal. Recordar no formular preguntas mientras se intenta vaciar la mente. Surge una voz, de timbre estridente, ansiosa por responder, que me convenzo es el sonido de las risas de los niños jugando en el parque. Acelero el paso. La voz quiere llamar mi atención y grita. Volteo. Son solo niños riendo. continúo caminando.
Toca elegir una ruta y tomo la que creo menos transitada. -Izquierda - me digo, mientras tardo en seguir la orden. Llega el vacío, de a pocos. Gente aparece de vez en cuando a mi paso, y doblo la esquina por evitarlos. Los recuerdos se desvanecen a cada vuelta y pronto, estoy seguro, la conciencia le seguirá. Piloto automático. Rumbo norte. El tráfico y los peatones son peces de un mar distinto. Lentamente, de forma indolora, me doy cuenta de que he estado siguiendo a alguien desde hace poco: audífonos al máximo volumen me atraen constante. Mis pasos se acompasan al ritmo y a la melodía y los semáforos ya conocen su entrada. La fuerza que me atrae es la misma que evita que me acerque a destruir el momento. Sigo los pasos de la música.
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