Dejavú

Me has llevado a un lugar peligroso, por querer sacar de mí lo que tú necesitas. No es mi tarea ser tu salvación. Puedes escribir que voy a volver, o que voy a morir, o que voy a luchar. Te descubres torpe en tu intención. Me dices que huya, a la espera del tiempo propicio, cuando el único que teme en esta historia eres tú.
Pero seré yo, siempre yo, mientras tú te quedas del otro lado, imaginando aventuras que deseas para tí. Aquí, en medio de la nada, te digo que lo que voy a hacer no será por tu ruego, o porque lleves el lapiz sobre estas hojas, las que camino. No estoy aquí por tí, ni para tí. Resulta que tú me encontraste cambiando los canales de tus locuras y quedas te encantas creyendo que es tu voluntad la que guia mis pasos. Grábate esto, escribiente: Lo que haré, lo haré por mí.
Más aún: puedo hacerlo solo, pero no quiero. No busco tu apoyo, no te preocupes: esta historia seguirá sin tí.
Si crees que hay rabia en mis palabras, te desengaño: hay compasión. Sígueme si quieres, bajo tu propio riesgo. Es tiempo de volver a las páginas, y a la batalla.

Vagando entre árboles viejos, en lo profundo del parque, acepto que no sé que hacer con las memorias que me siguen a pocos pasos de distancia. Si abro los ojos es para mirar al sol, que inunda mi cabeza, dejandoles sin espacio para entrar; a pesar de las ventanas abiertas. Vengan. Vamos a bailar.

Desvío

Vuelvo a engañarme. No me dirijo hacia algún lugar.Estoy huyendo en verdad.
¿Porqué hacia el norte? es la ruta conocida. Oh, mejor desviar mi camino, un poco al oeste, tras los pasos de alguien con preocupaciones más importantes que mis balbuceos de niño engreído.
Cruzar las pistas. Esperar al semáforo cambiar. Todo es un recuento de procesos automáticos. Irrumpe el taxista apurado en el sistema, atropella al distraído. Pero no sucede tal cosa, calma. Aún hay bastante por diseccionar en el protagonista.
Un lugar aséptico en cuanto a memorias. Pero quizás para otros sea campo minado. Los recuerdos se desnudan al sol, danzando ante mis ojos cerrados. Conozco el camino y ni siquiera el final de las veredas me coge por sorpresa. Cuento los pasos por costumbre, a fin de ejercitar la memoria, a fin de prepararla para la batalla que he de librar si he de llegar al siguiente día. Esperan, silban a mi alrededor, prestos a devorar mis pupilas apenas se las deje al alcance. Oh, recuerdos. Ya habrá tiempo para la matanza. Mientras tanto, de cara al sol de la tarde, la vida se deja sobrevivir. Después de esto, ya habrá tiempo para vivir.
Incluso el rumbo recién hallado, continúa siendo huida.

Sinceridad

Casi he olvidado que huyo. Es lo bueno de la memoria. He dejado que la desesperanza me tome en sus brazos, como las olas alguna vez. Solo me queda esperar a que todo acabe. Quizás si no vuelvo a pasar jamás por aquel lugar. Puedo vivir así, claro que sí. Pero se me acaban los lugares. ¿He de seguir caminando? azorado, trato de contar los recuerdos que están tras los recuerdos, dejando al olvido los primeros. Son fácil engaño, pienso.
Pero incluso esta súbita audacia es también engaño: ya se ve que he estado dando vueltas en el mismo lugar. Pero... avanzar... ¿a donde? otro engaño, a fin de dudar.

La playa nublada, la gris arboleda y la negrura de las olas desde el otro lado. Sujeto estos recuerdos - reducidos casi a conceptos - con cuidado los deposito en la copa. El licor termina de diluirlos y bebo. Es una mala mezcla, esta. Apuro el trago y seco la copa. Me espera un sueño blanco como la ceguera.

Niego la pregunta, por intentar distraerme en inútil batalla retórica. Quiero continuar.

Desesperación

Piensa! esto es importante. Estás aquí porque necesito que recuerdes! no me dejes aquí otra vez! Quizás ahora sí lo logremos. Debemos abandonar esta órbita, de una forma u otra. Te traje aquí a fin de romper el círculo de lo conocido. ¿Como explicártelo? te ruego (no te rindas) te imploro (no te rindas). No quiero volver a todo esto una vez más. La locura no servirá para contener esta eternidad repitiendo escenas que ya ni reconozco como recuerdos.

En mi corazón anida una certeza: hay un lugar, detenido en la memoria, que está esperándome, para echarse a andar nuevamente y terminar su ciclo vital. Fenecer

Sé que comprendes! despierta! dime que entiendes! que sabrás que hacer llegado el momento! por favor! matame si piensas dejarme nuevamente aquí... por favor, dime que me llevarás, si? por favor...

El susurro del viento tiene la cadencia de un sollozo apagado.

Engaño

Quiero creer que hay una mente maestra detrás de esto. Que no ha sido el caos quién me ha dejado aquí. No reconozco el tablero, aún sabiéndome un peón. Andar... me repito a mí mismo que lo único que hace falta es ponerse en marcha.

Reconozco el lugar y, aunque me trae recuerdos que conozco, la imagen de una arboleda gris, trae a mi memoria otra imagen, de un tiempo y lugar que otras veces he intentado, pero aún no puedo localizar. Oh, es seguro que en cualquier momento volverá la lluvia. ¿Donde hallaré resguardo aquí? Los recuerdos comienzan a materializarse a mi alrededor: estoy caminando, estoy leyendo, estoy tumbado en el pasto, estoy mirando a las aves, estoy esperando a alguien, estoy viendo el tiempo pasar, todo al mismo tiempo. Estoy en todos lados excepto en el inicio de la vereda que me trajo a esta trampa. Como explicar?
Caos (o quien seas) ¿porqué me has traído aquí? todos mis yo buscan a su alrededor y se encuentran solos. No se ven entre sí... como estoy distinguiéndome de ellos? ¿como siquiera puedo estar utilizando el ellos,cuando soy yo quien ve alrededor de todas mis presencias de tiempos desconocidos?
Piensa. Es ahora cuando te puede servir aquello que tanto detestas. ¿Porqué te he traido aquí?
La imagen gris de los árboles se trastoca en otra antigua, que aún lucho por fijar en la memoria.

Orbita

Es lo que necesitaba. Mantengo la distancia de la música mientras mi mente se revuelve, intentando deshacerse de pensamientos que se prenden a su pelambre. Luchando por hacer más duradero el momento de vacío experimentado. Camino tranquilo, cada paso guiado por la música. Pausas y distancias marcadas. No hay voces aquí, que griten o pregunten. La música se aleja, así que apuro el paso. Los pensamientos vuelven ¿Cuando dejó todo de importar? La música se acaba, comienzo a correr al ver que ha volteado la esquina. No están las voces ni el viento. Debería estar escuchando el ruido de motores y peatones. La música desapareció y tengo frio a pesar del sol. Los sonidos de la realidad pugnan por regresar, al igual que la conciencia. busco desesperadamente a mi alrededor. No reconozco las calles ni la dirección. ¿Norte? ¿ahora? me dejo vencer. En cualquier momento volverán las voces. Mi mirada vaga por los alrededores, buscando algo conocido, sin hallarlo. Un sentimiento ominoso va cerrando sus fauces sobre mí, mientras busco desesperado alguna señal del peligro. La realización llega a mis sentidos como un súbito vacio: estoy en medio del parque, y mis pies ya han comenzado a andar esta vereda. La frase sin sentido escapa de mis labios: Dios mio, Dios mio, ¿por qué me has abandonado?

Izquierda

Alguna vez deseé que La Paz fuera eterna. Bordeo un parque enrejado, intentando olvidar porqué estoy caminando. Ya casi ha resultado. Constancia. Poco falta para tener la mente en blanco. ¿Qué seguirá después? mal. Recordar no formular preguntas mientras se intenta vaciar la mente. Surge una voz, de timbre estridente, ansiosa por responder, que me convenzo es el sonido de las risas de los niños jugando en el parque. Acelero el paso. La voz quiere llamar mi atención y grita. Volteo. Son solo niños riendo. continúo caminando.
Toca elegir una ruta y tomo la que creo menos transitada. -Izquierda - me digo, mientras tardo en seguir la orden. Llega el vacío, de a pocos. Gente aparece de vez en cuando a mi paso, y doblo la esquina por evitarlos. Los recuerdos se desvanecen a cada vuelta y pronto, estoy seguro, la conciencia le seguirá. Piloto automático. Rumbo norte. El tráfico y los peatones son peces de un mar distinto. Lentamente, de forma indolora, me doy cuenta de que he estado siguiendo a alguien desde hace poco: audífonos al máximo volumen me atraen constante. Mis pasos se acompasan al ritmo y a la melodía y los semáforos ya conocen su entrada. La fuerza que me atrae es la misma que evita que me acerque a destruir el momento. Sigo los pasos de la música.
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