Retirada

Tras el breve camino andado, estoy en la playa. Un rato más, dirigiéndome hacia el sur, bastará para llegar al lugar donde reside este recuerdo. Es así. Ha tomado por fortaleza el lugar que evito. Pero está a pocos minutos de caminar. Observo las olas, las mismas en mi recuerdo. Pienso nuevamente en ese momento y lo siento solidificándose, haciéndose realidad metros más allá. Allá mora, más allá del cansancio. Sentado sobre una muralla de piedra, con las olas a mis pies. Esperando la voz de aquello que es más que el cansancio, agazapado debajo de mis ojos, recibiendo la escasa luz que le permite mi vista, prisionero de la infrahumana prisión que es mi cabeza. Rie, emocionado, fluye líquido por entre las sombras. Sabe que estoy cerca al lugar. Pierde la compostura y rasca las paredes. Sigo observando las olas. ¿Es tan importante volver allá? ¿Es tan peligroso, aquél que está oculto, mas allá del cansancio? Tengo que ir, tarde o temprano. Pero lo que sucederá después... Encuentro la suficiente entereza para admitir que mi mente está destrozada. No lo lograré. Quiero pensar que no estoy huyendo, pero deshago, tambaleante, el camino andado. Tengo la boca reseca y siento que lo que suceda después de volver a ese lugar ya no dependerá de mí. Me alejo, con la certeza de no estar huyendo. No es posible huir de si mismo, inevitable. Está tán cerca, me dice, mientras araña las paredes. Solo debes ir al sur... solo caminar...

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