La Paz

Enfoco la vista en mis manos, apoyados los brazos sobre las rodillas. Siento que todo da vueltas. Será mejor quedarme aquí un rato más. El mundo gira cada vez más lentamente, hasta detenerse. Respiro aliviado.
Estoy caminando, con la certeza pulsante de que el tiempo se acaba. Hay prisa en mi cerebro, a pesar de que en la calle todo se ha detenido. No se oye más que el murmullo de los árboles y el viento. A pesar de todo, mi cabeza no se termina de detener. Prisa que debo conjurar. Prisa que mueve mis pies sin llevarme a ninguna parte. Logro alcanzar La Paz. Caminar ya no es una amenaza, ahora que no hay prisa. Interiorizo el susurro del viento y lo hago mi respiración. Calma, y a andar. Pero no hay camino eterno, y si lo hubiera, no habría quien lo recorra en su totalidad. Tarde o temprano he de abandonar la seguridad de la senda conocida.
Puedo continuar, sin abandonar la avenida. Total, lo puedo hacer en cualquier momento. Doblar la esquina, cualquier esquina, bastará. Paso de largo los nombres de desconocidos y continúo por la senda de La Paz, cada vez menos solitaria.
Tarde o temprano deberé abandonarla, me digo, tal como me digo que tarde o temprano deberé volver a la playa.

...

Vas a cruzar la pista, detrás del taxi que acaba de pasar. Ahora! ¿qué estás pensando? ¡levanta los pies! ¡camina derecho! ¡avanza! no, por la derecha, ahi hay una subida. ¡levántate! ¡y sacúdete el polvo! ¿qué esperas? ¡mira acá arriba! ¡mirame! eso es, ahora camina. Bien... no corras, no arrastres los pies... ¡camina!
¿Todavia estás acá? ¿cuanto es siete por ocho? ¡no cuentes con los dedos!
¿Tienes miedo? ¿entonces para qué me llamas? ¿esperas que te ayude, o te cargue? solo sigue caminando. ¿Cuanto es cinco entre dos?
Estoy harto de escucharte, darle vueltas a las mismas preguntas. ¿No tienes un cuaderno de apuntes? ¿qué te he dicho? Anota todo lo que dice el profesor

Vete de aquí... y amárrate los zapatos
¡FIJATE SIEMPRE ANTES DE CRUZAR LA PISTA MUCHACHO IMBECIL!

¿te ries? vas a ver en la casa
.
.
.
limpiate la nariz, ¡y deja de comerte las uñas!
(¿has apuntado todo?)

... no me han enseñado eso en clase... no sé...

¡Párate! ¿quien te ha dicho que te sientes? te estoy preguntando: ¿has apuntado todo?
.
.
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¿Has apuntado todo?

Retirada

Tras el breve camino andado, estoy en la playa. Un rato más, dirigiéndome hacia el sur, bastará para llegar al lugar donde reside este recuerdo. Es así. Ha tomado por fortaleza el lugar que evito. Pero está a pocos minutos de caminar. Observo las olas, las mismas en mi recuerdo. Pienso nuevamente en ese momento y lo siento solidificándose, haciéndose realidad metros más allá. Allá mora, más allá del cansancio. Sentado sobre una muralla de piedra, con las olas a mis pies. Esperando la voz de aquello que es más que el cansancio, agazapado debajo de mis ojos, recibiendo la escasa luz que le permite mi vista, prisionero de la infrahumana prisión que es mi cabeza. Rie, emocionado, fluye líquido por entre las sombras. Sabe que estoy cerca al lugar. Pierde la compostura y rasca las paredes. Sigo observando las olas. ¿Es tan importante volver allá? ¿Es tan peligroso, aquél que está oculto, mas allá del cansancio? Tengo que ir, tarde o temprano. Pero lo que sucederá después... Encuentro la suficiente entereza para admitir que mi mente está destrozada. No lo lograré. Quiero pensar que no estoy huyendo, pero deshago, tambaleante, el camino andado. Tengo la boca reseca y siento que lo que suceda después de volver a ese lugar ya no dependerá de mí. Me alejo, con la certeza de no estar huyendo. No es posible huir de si mismo, inevitable. Está tán cerca, me dice, mientras araña las paredes. Solo debes ir al sur... solo caminar...

Cubierta

La brisa arroja incesante, el rocio sobre mi piel. Pasan los minutos, sin embargo las fuerzas no vuelven a mi cuerpo. Pienso que, si alguien observara la playa, vería una roca abandonada en vez de mi cuerpo sentado. Es tal el cansancio que no da espacio para la desesperación. Es tal el cansancio.
Pienso en ello mientras observo el cielo, descansando en el parque. Vale decir que falté al trabajo. Me la he pasado acostado en el pasto, observando las nubes, tratando de analizar este recuerdo. Con temor, he probado a recapitular en mi memoria cada paso, en el estricto orden de sucesión. Pero cada vez que he llegado al momento en que estoy en la playa, sin poder moverme, ha sucedido lo aterrador: el cansancio ha trepado, de mi cuerpo recordado, a mi cuerpo presente. He descubierto el cansancio como algo distinto, a punto de salir de su escondite a devorarme. Es una certeza súbita de peligro la que me hace abrir los ojos. Dubitativo, levanto la mano derecha hacia el alcance de la vista. El escalofrío está desapareciendo nuevamente, mientras muevo los dedos y cierro el puño, dudando brevemente de los propios sentidos. Pienso que quizás no sea tan importante volver a ese momento. El sol está frente a mi en este momento, después de todo. Pienso en aquello que se oculta, mas allá de mi cansancio. Pienso que quizás, es momento de dejar de pensar. Solo dejar de nadar. Solo abandonar.

Ataque

Ayer llovió (un momento) en la mañana. El cielo nublado se mantuvo la mayor parte del viaje diario a la oficina mientras extrañado, recibía los recuerdos que el cielo de Lima dejaba libres en mi memoria. Estaba apurado, así que intentaba no prestar atención a cada catástrofe que la breve garúa provocaba: un fragmento de la mañana que transitaba era ahora La victoria, con su olor a mercado y ajetreo de estibadores. Metros más adelante apareció intempestivo Ate, de pistas y vientos resecos, mientras detrás de mí brotaba Independencia, destilando incertidumbre al resto de recuerdos que tuviera a su alcance. Un recuerdo cayó muy cerca, dejando sobre mi rostro gotas de agua e inconsciencia. No reconocí el lugar a simple vista, tal era la conmoción. Los oídos me zumbaban y no me podía mantener en pie. La playa, solitaria y silente, había reemplazado por completo mi anterior ubicación. Poco a poco, al ceder mis oídos, los sonidos fueron cubriendo este nuevo mundo. Primero fue el viento, luego las olas, que llegaban constantes a mis pies. Busqué entonces, pero no encontré a nadie al alcance de la vista. Cuando al fin pude moverme, decidí quedarme sentado sobre la arena, hasta que todo volviera a la normalidad. Cerré los ojos y aspiré el aroma salino, que ya se sentía más real que el viaje diario al trabajo. Volteé a mi izquierda, divisando a lo lejos un pequeño mercado. Chorrillos - pensé.

Strange and unproductive thinking

Hearing off the aforementioned dialogs we discover the possibilities and the curve (¿?), through this progresive behavior and the ultimate realization of the goal of evolution which ??? the benefits of ??? and awareness with unlimited boundless happiness, also knowing it's bliss, wich is a result of the last ??? physical behavior lurching with the highest levels of spirit and together manifesting the magical and mistical level of cosmic awareness, coming along with the long infernal plead surrenderto the higher self wich has potentially been waiting this long ??? in efecct, sometimes counciounsless pouring at complete absence of thought...

Crazy Clown Time - Strange and Unproductive thinking

Hubo un tiempo en que escribia cualquier cosa, como loco. Tenía la mochila llena de post its que no pegaban, de todo el polvo que ya habían acumulado, con marcas de lapicero y lapiz, dobladas y mugrientas. Algo sucedía entonces. No es que fuera algo malo, pero estoy seguro de que algo sucedía. Quizás era como las películas en las que el personaje se ponia a tallar la montaña a la que llegarían los extraterresteres, tal vez había alguien que quería hablar usando mis manos, no lo sé. Aún no lo sé. Luego decidí detenerme y racionalizarlo. ¿Qué hago? me decía. Ha pasado tanto tiempo desde entonces, y aún no lo sé. Tengo fragmentos desperdigados en bolsillos, en una pc o en otra, los tengo en mi correo y en mi agenda, en posts que se quedaron en borradores inpublicables y en archivos de texto nombrados AAAAMMDD (es lo mejor, para ordenarlos por fecha). Pensé que lo que hacía falta era disciplina, que cantidad no era calidad y todo eso. Pensé en estudiar y en practicar... en cuantas cosas pensé! Tanto he pensado y elucubrado. Me he dejado desbarrancar por las ramas del “... qué tal si fuera esto...” que no me llevaron a ningún lugar. Al acabarse cada camino no hubo caida, no hubo gravedad que me mostrara el suelo al cual regresar. He de admitir que no era yo escribiendo. No había temor ni emoción en descubrir que las palabras escapaban de mis dedos. Diría goteaban de mis venas, por lograr un facilista símil hemoglobínico pero no. No había temor del final, de que algún dia la fuente se secara o la inspiración se acabara. Es un vaso del que no importa si está un poco lleno, o si alguien cree que algun dia se vaciará. Las palabras saldrán cuando lo hagan (si es que no se han acabado ya). Es un poco como el tiempo: no pertenece, no se puede atesorar ni desperdiciar. No es que me guste o me desagrade. He intentado varias veces guiar el flujo de este, a veces torrente (a veces cauce seco) para terminar con la pregunta en las manos: ¿Por qué me quieres contener? Disciplina, respondo nuevamente, y no sé que hacer luego, pues pregunta y respuesta parecen no pertenecer al mismo rompecabezas.