Palabras

Estoy consciente. Sé que cada vez que escribo, hablo, o hago una señal estoy fallando. No lo logro. Pienso en lo que quiero decir y escucho a mi boca decir algo distinto, una traducción fallida. Digo No, no es así, una y otra vez, y mi voz se desgañita en silencio. Por eso me espanta Joyce, por eso me siento a salvo con Pizarnik, por eso admiro a Cortazar.

No se me malentienda: ante Joyce no puedo sino sacarme el sombrero, por someter a su voluntad a bestias tan terribles, hacerlas danzar como a osos en los circos; a Pizarnik por comprender y ceder su voluntad a dioses ante los que me voy a doblegar y a Cortazar por transformar dragones en gorriones, esto sí, gorriones que siguen siendo tan fieros como en su forma anterior (pero gorriones, al fin y al cabo).

Escribo esto a pesar de estar leyendo "Los premios", (que no me convence, he de aceptar) porque he visto lo que hace. Su voluntad puede crear las palabras, los lugares y las emociones. Y juega. No lo puedo decir con otra palabra. Juega con fuego. Y arde sin consumirse.

Gratitud. Eres lo que quiero decir.



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