Escribir antes que olvidar
(The director's cut)

El protagonista mirando la carretera en una noche helada. Se alternan escenas del regreso: una mujer al borde de la pista, un abrazo mudo y el cansancio al regresar. Un cuerpo esperandole y una pequeña casa sacudida del letargo a su llegar. Pequeñas algarabias se suscitan: el perro ladrar, la niña pequeña salir de su habitación a curiosear...
Se vuelve finalmente al protagonista, a punto de desembarcar, y una vez más a la escena familiar, que al espectador se le descubre ajena. La mujer está despierta en su habitación a oscuras, sin saber porqué mira atenta a través de la ventana el despertar de la ciudad. Pronto preparará el desayuno para el hombre que comparte su cama y la niña que sus sueños aún no quiere abandonar, mientras el protagonista está junto a una carretera desierta junto a un par de maletas, esta vez esperando una habitación vacía - a la luz de la mañana, la imaginación ya no puede más -. La cámara abandona a los personajes, en sus inútiles esfuerzos por avanzar. Él, perdido en un sueño mientras intenta detener los autos al pasar; ella, sentada a un lado de la cama, frente a la ventana que le muestra el amanecer detenido mientras ella no deje de mirar.

Escribir antes que olvidar

Los oidos gritan su dolor mientras mi cuerpo es traido de regreso a Lima.
Pienso en el protagonista (como yo) mirando la carretera en una noche helada (como ahora), alternandose escenas imaginadas de lo sucedido a su regreso: una mujer al borde de la pista, un abrazo mudo y el cansancio al regresar. Un cuerpo esperándole y una casa pequeña despertada del letargo a su llegar: pequeñas algarabias a su llegar; el perro ladrar, la hija pequeña salir de su habitación a recibirlo...
Se vuelve finalmente al protagonista, a punto de desembarcar, y una vez más a la escena familiar, que no es suya. La mujer está despierta en su habitación a oscuras, sin saber porqué mira hacia la ciudad desde la ventana despertar. Pronto preparará el desayuno para el hombre que comparte su cama y la niña que aún no quiere despertar, mientras tanto el protagonista está junto a una carretera desierta junto a un par de maletas, esta vez esperando una habitación vacía (a la luz de la mañana, la imaginación ya no es más). La cámara abandona a los personajes, en sus inútiles esfuerzos por avanzar. Él, perdido en un sueño mientras intenta detener los autos al pasar; ella, sentada a un lado de su cama, frente a su ventana el amanecer detenido mientras ella no deja de observar.

Fin
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Escribí esto imaginando escenas de regreso. Empecé a las 02:30 y ya son las 03:21. El dolor a los oidos está cediendo, la urgencia de escribir esto que imaginé también. Solo la vigilia, la realidad y la noche permanecen constantes, prestas a acompañarme una vez que me resigne a ellas.
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Hace falta pulir este texto, eliminar las re(no recuerdo la palabra, pero es cuando se repite una palabra con frecuencia)... Redundancias!
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03:31: intentaré dormir un rato

Chica cumpleañera

Publicado en Harper's Magazine Ed. Jul 2003


De la traducción al inglés de Jay Rubin

Ella atendía las mesas como siempre aquel dia, el de su vigesimo cumpleaños. Siempre trabajaba los viernes, pero si todo había ido de acuerdo al plan aquel viernes en particular, tendría la noche libre. La otra chica de medio tiempo había aceptado cambiar turnos con ella sin dudarlo: ser gritoneada por un chef furioso mientras iba repartiendo gnocchi de calabaza y fritto de mariscos a las mesas de los clientes no era la forma de pasar un cumpleaños número veinte. Pero la otra chica había empeorado de un resfrio y había sido enviada a descanso con diarrea y fiebre de 40 grados, así que, para ponerlo en corto, terminó trabajando ese dia después de todo.

Se encontró a sí misma tratando de reconfortar a la chica enferma, que llamó para disculparse. "No te preocupes," dijo "no iba a hacer nada especial de todos modos, aunque sea mi veinteavo cumpleaños".

Y de hecho, no estaba para nada desilusionada. Una razón era la terrible discusión que había tenido hace pocos dias con el enamorado con el que se supone iba a pasar aquella noche. Habían estado juntos desde la preparatoria, y la discusión había empezado de casi nada. Pero inesperadamente había pasado a mayores hasta convertirse en una larga y agria competencia de gritos - una lo suficientemente mala, estaba segura, como para romper sus lazos de tanto tiempo de una vez por todas. Algo dentro de ella se había endurecido como la roca y muerto. Él no la había llamado desde el incidente, y ella no iba a llamarlo.

Su centro de trabajo era uno de los más conocidos restaurantes italianos en el pequeño distrito de Roppongi en Tokyo. Había estado en el negocio desde finales de los 60's y aunque su sazón era dificilmente sobresaliente, su buena reputación estaba completamente justificada. Tenía muchos clientes habituales, y nunca habian sido decepcionados. El comedor tenía una atmósfera calma y relajada, sin un asomo de apuro. En vez de un público joven, el restaurant atendía a clientes ya mayores, que incluían gente famosa del escenario y escritores.

Los dos meseros de tiempo completo trabajaban seis dias a la semana. Ella y la otra camarera de medio tiempo eran estudiantes que tomaban turnos trabajando tres dias cada una. Además estaba el administrador del piso y, en la registradora, una delgada mujer de mediana edad que supuestamente había estado ahí desde la apertura del restaurant - literalmente - , sentada en el mismo sitio, al parecer, como algún melancólico y viejo personaje de Little Dorrit. Ella tenía exactamente dos funciones: Recibir el pago de los invitados y atender el teléfono. Hablaba solo cuando era necesario y siempre vestía el mismo traje negro. Había algo frio y duro acerca de ella: si la pusieras a flotar en el mar de noche, probablemente hundiría cualquier barco que diera contra ella.

El administrador del piso estaba quizás al final de sus cuarenta. Alto y de espalda ancha, su contextura sugería que había sido deportista de joven, pero un exceso de carne empezaba a acumularse en su vientre y barbilla. Su cabello, corto y pegado se enralecía en la corona, y un aroma característico de soltero ya de edad se desprendía de él - un aroma como a papel periódico que ha sido guardado por un tiempo en un cajón con jarabe para la tos -. Ella tenía un tío soltero que olía igual.

El administrador siempre vestía traje negro, camisa blanca y corbata de pajarita - no una como prendedor, sino una real, anudada a mano. Era motivo de orgullo para él, poder anudarla perfectamente sin mirarse al espejo. Su trabajo consistía en verificar la llegada y salida de los invitados, manteniendo el estado de las reservaciones en mente, recordar el nombre de los clientes habituales, recibirlos con una sonrisa, prestando respetuosa atención a alguna queja de los clientes, brindar sugerencias de experto en vinos, y supervisar el trabajo de los meseros y camareras. Cumplía con sus deberes diestramente dia tras dia. Era también su tarea especial llevar la cena a la habitación del dueño del restaurant.

"El dueño tenía su propia habitación en el sexto piso del mismo edificio donde estaba el restaurant," dijo ella. "Un apartamento o oficina o algo."

De alguna forma ella y yo habíamos llegado al tema de nuestros cumpleaños número veinte - qué tipo de dia había sido para cada uno de nosotros -. La mayoría de gente recuerda el dia que cumplió veinte. El suyo había pasado hace más de diez años.

"Aunque él nunca, jamás mostró la cara en el restaurant. El único que lo había visto era el administrador. Era estrictamente su trabajo enviarle la cena al dueño. Ninguno de los empleados sabía como se veía."

"Así que, básicamente, el dueño recibía pedidos a su casa de su propio restaurant."

"Exacto," dijo ella. "cada noche a las ocho el administrador tenía que enviar la cena a la habitación del dueño. Era la hora más ocupada del restaurant, así que el hecho de que el administrador desapareciera precísamente en ese momento era siempre un problema para nosotros, pero no había manera de solucionarlo ya que era la forma como siempre se había hecho. Ellos colocaban la cena en uno de esos carritos que los hoteles usan para el servicio al cuarto, el administrador lo empujaba al ascensor poniendo una expresión respetuosa en el rostro, y quince minutos después regresaba con las manos vacías. Luego, una hora después, él subía nuevamente y bajaba el carrito con los platos y vasos vacíos. Como un reloj, cada dia. Pensé que era realmente extraño, la primera vez que lo ví. Era como una especie de ritual, ¿sabes? Después de un tiempo me acostumbré, creo, y no le volví a prestar atención."

El dueño siempre pedía pollo. La receta y las verduras podian ser diferentes cada dia pero el platillo principal siempre era pollo. Un joven chef una vez le contó que había intentado enviarle exáctamente el mismo pollo rostizado todos los dias en una semana solo para ver lo que podría pasar, pero nunca hubo ninguna queja. Claro que un chef desea probar diversas formas de preparar las cosas, y cada nuevo chef se retaría a sí mismo con cada técnica que pudiera idear para preparar el pollo. Harían salsas elegantes, intentarían con pollos de distintos vendedores, pero ninguno de sus esfuerzos tendría efecto: Era igual a lanzar piedras a una cueva vacía. Cada uno de ellos se rindió y terminó enviando al dueño un pollo común y corriente cada dia. Era todo lo que se esperaba de ellos.

El trabajo empezó como de costumbre en su cumpleaños número veinte, 17 de noviembre.
Había estado lloviendo de manera intermitente desde el medio dia, y garuando al final de la tarde. A las cinco en punto el administrador reunió a todos los empleados juntos para explicarles los especiales del dia. Era necesario que los que atendían los memorizaran palabra por palabra y sin usar anotaciones. Ternera a la milanesa, pasta aderezada con sardina y col, crema batida de castañas. A veces el administrador hacía las veces de cliente y los probaba con preguntas. Luego venía la cena de los empleados: ¡los meseros de este restaurant no iban a tener los estomagos rugiendo mientras estaban de pie junto al cliente tomando sus órdenes!

El restaurant abría sus puertas a las seis en punto, pero los huespedes tardaban en llegar a causa del aguacero, y otras reservaciones simplemente fueron canceladas. Las mujeres no querían que la lluvia arruinara sus vestidos. El administrador se paseaba apretando los labios y los meseros mataban el tiempo puliendo los condimenteros de sal y pimienta o conversando de cocina con el chef. Ella examinaba el comedor con su pareja de mesa y escuchaba la música de clavicordio fluyendo discretamente de los altavoces del techo. El profundo aroma de la reciente lluvia de otoño se abría paso en el restaurante.

Fué después de las siete y treinta que el administrador empezó a sentirse mal. Se desplomó sobre una silla y permaneció sentado por un rato presionando su estómago, como si le hubieran disparado de repente. Una aceitosa gota de sudor pendía de su frente. " Creo que será mejor que vaya al hospital," murmuró. Que él tuviera problemas médicos era algo muy fuera de lo común: nunca había faltado un dia desde que enpezó a trabajar en este restaurant, hace ya más de diez años. Ese era otro motivo de orgullo para él, nunca haber caido a causa de herida o enfermedad, pero la mueca de dolor dejaba en claro que se encontraba muy mal.

Ella salió con un paraguas y detuvo un taxi. Uno de los meseros mantuvo de pie al administrador y subió al auto con él para llevarlo a un hospital cercano. Antes de subirlo al taxi, el administrador le dijo a ella con voz ronca, "Quiero que lleves una cena a la habitación 604 a las ocho en punto. Todo lo que tienes que hacer es tocar el timbre, decir 'Su cena está aquí' y dejarla."

"La habitación 604, ¿correcto?" dijo ella.

"A las ocho en punto," repitió él. "En punto." hizo una mueca nuevamente, se subió, y el taxi se lo llevó lejos.

La lluvia no dió signos de detenerse una vez que el administrador se hubo ido, y los clientes llegaban a intevalos largos. No más de una o dos mesas eran ocupadas a la vez, así que si el administrador y un mesero tenian que ausentarse, este era un buen momento. las cosas solian ponerse tan dificiles que no era extraño que el equipo completo tuviera problemas para darse abasto.

Cuando la comida del dueño estuvo lista a las ocho en punto, ella empujó el carrito de servicio a la habitación y lo llevó al sexto piso. Era la comida acostumbrada para él: media botella de vino tinto con el corcho aflojado, un thermo con café, entrada de pollo con vegetales al vapor, bocadillos enrrollados y mantequilla. El fuerte aroma del pollo cocido llenó rápidamente el pequeño ascensor, mezclándose con el olor de la lluvia. Gotitas de agua esparcidas en el piso, sugerían que alguien con un paraguas mojado había estado hace poco en el elevador.
Ella empujó el carrito por el corredor, haciendo alto frente a la puerta marcada "604". Chequeó dos veces el encargo en su cabeza: 604. Esa era. Se aclaró la garganta y presionó el botón de la puerta.

No hubo respuesta. Se quedó en el sitio sus buenos veinte segundos. Precisamente cuando estaba pensando en tocar el timbre nuevamente, la puerta se abrió hacia adentro y un viejo delgado apareció. Era más bajo que ella, por casi cuatro o cinco pulgadas. Vestía un traje negro y una corbata de pajarita. Contra la camisa blanca, la corbata se distinguía con el amarillo parduzco de las hojas secas. Proyectaba una impresión de limpieza, sus ropas perfectamente planchadas, su cabello blanco alisado: se veia como alguien a punto de salir esa noche a algún tipo de búsqueda. Las profundas arrugas que poblaban su frente le hicieron pensar en barrancos profundos vistos en una fotografia aérea.

"Su cena, señor. " dijo ella con voz ronca, para luego aclararse silenciosamente la garganta. Su voz se hacía grave siempre que estaba nerviosa.

"¿Cena?"

"Si señor, El administrador se sintió mal de repente. Yo tomé su lugar por hoy. Su comida, señor."

"Oh, ya veo," dijo el anciano, casi como hablando para sí, su mano aún sujetando el pomo de la puerta. "¿Se enfermó, eh? no me digas."

"El estómago empezó a dolerle de pronto. Fué al hospital. Cree que pueda tener apendicitis."

"Oh, eso no es bueno," dijo el anciano, pasandose los dedos por las arrugas de la frente. "para nada bueno"

Ella se aclaró la garganta nuevamente. "¿Le dejo su comida dentro, señor?" preguntó.

"Ah, sí, claro," respondió el anciano. "sí, claro, si desea. Por mí está bien."

¿Si deseo? pensó ella. Que extraña forma de decirlo. ¿Qué se supone que yo desee?

El anciano terminó de abrir la puerta, y ella puso el carrito dentro. El piso estaba cubierto con una alfombra corta gris, sin lugar para descalzarse. La primera habitación era un estudio amplio, como si el apartamento fuera más un lugar de trabajo que una residencia. Por la ventana se podía ver la torre de Tokio cercana, su esqueleto metálico delineado con luces. Un largo escritorio junto a la ventana y junto al escritorio un pequeño sofá y un sillón de 2 plazas. El viejo señaló la mesa de café de plástico laminado en frente del sofá. Ella dispuso la comida en la mesa: servilleta blanca y cubiertos, cafetera y taza. Vino y copa, pan y mantequilla, y el plato de pollo y verduras.

"Si fuera tan amable de colocar los servicios en el pasillo como siempre, señor, vendré a recogerlos en una hora."

Sus palabras parecieron sacarlo de la apreciativa contemplación de su cena. "Oh, si, claro. Los pondré en el pasillo. En el carrito. En una hora. Si lo desea."

Si, respondió para sí misma. por el momento es exactamente lo que deseo. "¿Hay algo más que pueda hacer por usted, señor?"

"No, no lo creo," dijo luego de pensarlo un momento. Vestía zapatos negros que habían sido lustrados al máximo. Eran pequeños y elegantes. Tiene estilo en el vestir, pensó. Y es muy erguido para su edad.

"Bien, entonces, señor, vuelvo al trabajo."

"No, espere solo un momento," dijo.

"¿Señor?"

"¿Cree que sea posible que me brinde cinco minutos de su tiempo, señorita? Tengo algo que me gustaría decirle."

Fue tan formal en su pedido que la hizo sonrojar. "Creo que está bien," dijo ella. "Quiero decir, si en realidad son solo cinco minutos." Él era su jefe, después de todo. Él le estaba pagando por hora. No era una cuestión de que ella le dé, o él esté tomando su tiempo. Y este anciano no parecía una persona que fuera a hacerle algo malo.

"a propósito, ¿que edad tiene usted?" preguntó el anciano, de pie, con los brazos cruzados y mirandola directamente a los ojos.

"Tengo veinte ahora," dijo.

"Veinte ahora," repitió él, entrecerrando los ojos como si observara fíjamente algo a través de algún tipo de grieta. "Veinte ahora. ¿Desde cuando?"

"Bueno, acabo de cumplir veinte," dijo ella. Luego de un momento de duda, agregó, "Hoy es mi cumpleaños, señor."

"Ya veo," dijo él, frotándose la barbilla como si eso lo explicara todo. "Es hoy, ¿cierto? ¿Hoy es su veinteavo cumpleaños?"

Ella asintió en silencio.

"Su vida en este mundo empezó exáctamente hace veinte años contando desde hoy."

"Si señor," dijo ella, "así es."

"Ya veo, ya veo," dijo él. "Es maravilloso. Bien, entonces, feliz cumpleaños."

"Muchas gracias", dijo ella, y entonces cayó en la cuenta de que era la primera vez en todo el dia que alguien le había deseado un feliz cumpleaños. Claro que, si sus padres habian llamado desde Oita, ella encontraría un mensaje de ellos en la máquina contestadora cuando llegara a casa después del trabajo.

"Bien, bien, este es ciertamente un motivo de celebración," dijo él. "¿Qué tál un pequeño brindis? Podemos beber este vino tinto."

"Gracias señor, pero no puedo. Estoy trabajando ahora."

"Oh, ¿que hay de malo con un pequeño sorbo? nadie va a culparla si yo digo que está bien. Solo un sorbo, como símbolo de la celebración."

El anciano sacó el corcho de la botella y sirvió un poco de vino en su copa para ella. Luego él tomó un vaso ordinario de un gabinete de puertas de vidrio y se sirvió un poco de vino.

"Feliz cumpleaños," dijo él. "Que viva una rica y fructífera vida, y que nada haga sombras en ella."

Chocaron sus vasos.

Que nada haga sombras en ella: se repetía silenciosamente esta frase a sí misma. Por qué habría él elegido palabras tan inusuales para su brindis de cumpleaños?

"Su veinteavo cumpleaños sucede solo una vez en la vida, señorita. Es un dia irreemplazable."

"Si, señor, lo sé," dijo ella, tomando un cauto sorbo de vino.

"Y aquí, en su dia especial, usted se ha tomado la molestia de traerme la cena como un hada de buen corazón."

"Solo hago mi trabajo, señor."

"Aún así," dijo el viejo, con unos pocos y rápidos movimientos de cabeza. "Aún así, amable jovencita."

El anciano se sentó en la silla de cuero de su escritorio y la invitó al sofá. Ella se sentó cautelosamente al borde del sofá, con el vaso de vino en la mano. Rodillas alineadas, ella tiró de su falda para alisarla, aclarándose la garganta nuevamente. Vió las gotas de lluvia trazando lineas hacia abajo en el cristal de la ventana. El cuarto estaba extrañamente tranquilo.

"Hoy resulta ser su veinteavo cumpleaños, y a pesar de eso me ha traido esta maravillosa y caliente comida," dijo el anciano, como reconfirmando la situación. Luego colocó su vaso en el escritorio con un pequeño golpe. "Esto tiene que ser algún tipo de convergencia especial, ¿no lo cree?"

No muy convencida, ella dejó escapar un asentimiento.

"Es por eso que," dijo él, tocando el nudo de su pajarita color hoja seca, "siento que es importante para mí darle un regalo de cumpleaños. Un cumpleaños especial merece un regalo conmemorativo especial."

Turbada, ella movió la cabeza y dijo, "No, por favor, señor, no le dé tanta importancia. Todo lo que hice fué traerle la comida, tal como me ordenaron hacerlo."

El anciano levantó ambas manos, palmas hacia ella. "No, señorita, no le dé usted tanta importancia. El tipo de 'regalo' que tengo en mente no es algo tangible, no es algo que tenga una etiqueta de precio. Para ponerlo en simple" él colocó sus manos sobre el escritorio y tomó una larga y lenta inspiración "lo que quisiera hacer por una amable y joven hada como usted es concederle un deseo que pudiera tener, para hacerlo realidad. Cualquier cosa. Cualquier cosa que usted desee, asumiendo que tenga usted algún deseo."

"¿Un deseo?" preguntó ella, con la garganta seca.

"Algo que usted quisiera que suceda, señorita. Si usted tiene un deseo... Un deseo, lo haré realidad. Ese es el tipo de regalo de cumpleaños que puedo darle. Pero mejor piense en ello cuidadosamente, porque solamente puedo darle uno." Él elevó un dedo en el aire. "Solo uno. No podrá arrepentirse más adelante y deshacerlo."

Ella había quedado sin palabras. ¿Un deseo? Azotadas por el viento, las gotas de lluvia golpeteaban sin ritmo el cristal de la ventana. Todo el tiempo que ella permaneció en silencio, el viejo la miraba a los ojos sin decir nada. El tiempo marcaba su paso irregular en sus oidos.

"¿Yo tengo que desear algo, y me será concedido?"

En vez de responder a su pregunta, el anciano - las manos aún lado a lado en el escritorio - solo sonrió. Lo hizo de la forma mas natural y amable.

"¿Tiene usted un deseo, señorita? ¿o no?" preguntó amablemente.

"Esto pasó realmente," dijo, mirándome fijamente. "no lo estoy inventando."

"Claro que no," dije. Ella no era el tipo de persona que inventa alguna historia tonta de la nada. "Entonces... ¿pediste tu deseo?"

Ella se quedó mirándome por un rato, luego soltó un pequeño suspiro. "No me malentiendas," dijo. "Yo misma no lo estaba tomando cien por ciento en serio. Es decir, a los veinte años tu ya no estás viviendo en un mundo de cuentos de hadas. Si esta era su idea de una broma, pensé, tenía que felicitarlo por ocurrirsele una muy buena."

Era un viejo y apuesto camarada, con una chispa en los ojos, así que decidí seguirle el juego. Era mi veinteavo cumpleaños, después de todo: supuse que merecía que algo no tan ordinario me sucediera ese dia. No era un asunto de creer o no creer."

Asentí sin decir nada.

"Puedes entender como me siento, estoy segura. Mi veinteavo cumpleaños estaba llegando a su fin sin que sucediera nada especial, nadie deseandome un feliz cumpleaños, y todo lo que estaba haciendo era llevar tortellini con salsa de anchoa a las mesas de los clientes."

Asentí de nuevo "No te preocupes," dije "entiendo."

"Así que pedí un deseo."

El anciano mantuvo su mirada fija en ella, sin decir nada, las manos aún sobre el escritorio. También habían en el escritorio algunos folderes gruesos, que bien podían ser libros contables, había además implementos de escritura, un calendario y una lámpara con una pantalla verde. Sobre ellas, sus manos pequeñas se veían como parte del mobiliario del escritorio. La lluvia continuaba golpeando contra el vidrio, las luces de la torre de Tokio filtrándose a través de las gotas rotas.

Las arrugas de la frente del viejo se remarcaron ligeramente. "¿Ese es tu deseo?"

"Sí," dijo ella. "ese es mi deseo."

"Un poco inusual para una chica de tu edad," dijo. "esperaba algo diferente."

"Si no es bueno, desearé otra cosa," dijo ella, aclarándose la garganta. "no importa, pensaré en otra cosa."

"No no," dijo el anciano, levantando sus manos y moviendolas como banderas. "No hay nada malo, nada de eso. Es solo un poco sorpresivo, señorita. ¿No tiene algo más? como, digamos, ¿querer ser más bonita, más inteligente, o rica? ¿está usted bien sin desear algo como eso? - ¿algo que una chica ordinaria de su edad pediría?"

Ella se tomó un momento para buscar las palabras correctas. El viejo solo esperó, sin decir nada, sus manos descansando juntas sobre el escritorio nuevamente.

"Claro que me gustaría ser más bonita, o más inteligente o rica. Pero realmente no puedo imaginar que sucedería si alguna de esas cosas se hiciera realidad. Pueden ser más de lo que yo pudiera manejar. Sigo sin saber realmente de qué trata la vida , No sé como funciona."

"Ya veo," dijo el anciano. "Por supuesto. No es ningún problema para mí"

El viejo de repente fijó su mirada en un punto en el aire. Las arrugas de su frente se hicieron más profundas: bien podían haber sido las arrugas de su cerebro mismo, de lo concentrado que estaba en sus pensamientos. Él parecía estar fijándose en algo - quizás en todo - en los invisibles puntos de polvo flotando en el aire. Abrió sus brazos por completo, se levantó ligeramente de su asiento, y juntó las palmas de sus manos en un golpe seco. Incorporándose en la silla nuevamente, lentamente pasó las yemas de sus dedos a lo largo de las arrugas de su frente como para suavizarlas, y luego se volvió hacia ella con una sonrisa gentil.

"Está hecho," dijo. "su deseo ha sido concedido."

"¿Ya?"

"Sí, no fué ningún problema. Su deseo no fue ningún problema, amable señorita. Feliz cumpleaños. Puede usted volver al trabajo ahora. No se preocupe, pondré el carrito en el pasillo."

Ella bajó por el ascensor al restaurant. Con las manos ahora vacías, se sintió casi preocupadamente ligera, como si estuviera caminando en algún tipo de polvo misterioso.

"¿Estás bien? pareces ida," le dijo la joven camarera.

Ella le dedicó una ambigua sonrisa y sacudió la cabeza. "Oh, ¿si? No, estoy bien."

"Cuéntame del dueño. ¿Como es él?"

"No sé, no le presté mucha atención," dijo, terminando la conversación.

Una hora después subió a recoger el carrito. Estaba en el pasillo, y los utensilios en su lugar. Levantó la tapa para encontrar el pollo y las verduras terminados. La botella de vino y el thermo de café estaban vacíos. la puerta de la habitación 604 permanecía cerrada y sin expresión. Se quedó mirándola por un momento, con la sensación de que se abriría en algún momento, pero no se abrió. Se llevó el carrito por el ascensor y lo dejó en el lavadero. El chef dió una mirada a la bandeja, vacía como siempre, y asintió en silencio.

"Nunca volví a ver al dueño de nuevo," dijo ella "Ni una vez. El administrador resultó haber sufrido solo un dolor de estómago normal y volvió a ser él quien llevara la comida del dueño al dia siguiente. Yo renuncié después de año nuevo, y nunca he vuelto al lugar. No lo sé, siento como que es mejor no pasar cerca de ahí, es una especie de corazonada."

Ella jugueteó con un posavasos de papel, absorta en sus pensamientos. "A veces tengo la sensación de que todo lo que pasó en mi veinteavo cumpleaños fue algún tipo de ilusión. Es como si hubiera pasado algo para hacerme pensar que las cosas que sucedieron en realidad no habían sucedido. Pero estoy segura que sucedieron. Puedo aún traer a mi mente imágenes muy reales de cada mueble y de cada detalle en la habitación 604. Lo que me pasó ahí realmente pasó, y eso también tiene una gran importancia para mí."

Los dos nos quedamos en silencio por un rato, bebiendo nuestras bebidas y pensando nuestros pensamientos.

"¿Te importa si te pregunto una cosa?" pregunté. "O, más precisamente, dos cosas."

"Adelante," dijo. "Imagino que vas a preguntar lo que deseé aquella vez. Esa es la primera cosa que querrás saber."

"Pero parece que no desearas hablar acerca de eso."

"¿Tú crees?"

Asentí.

Ella bajó el posavasos y entrecerró los ojos, como fijando la mirada en algo a la distancia. "No se supone que le cuentes a nadie lo que uno desea. Sabes eso, ¿no?"

"No voy a tratar de sacarte la respuesta," dije. "Aunque me gustaría saber si se hizo realidad o no. Y también - sin importar lo que hayas deseado - si llegaste a arrepentirte de haber pedido ese deseo. ¿No lamentas no haber elegido otro deseo?"

"La respuesta a la primera pregunta es sí y también no. Aún me queda mucha vida por vivir, probablemente. No he visto como irán las cosas hasta el final."

"¿Así que es un deseo que toma tiempo en realizarse?"

"Podría decirse. El tiempo va a jugar un rol importante."

"¿Como en la preparación de ciertos platillos?"

Ella asintió.

Pensé en ello por un momento, pero lo único que me vino a la mente fue la imagen de un pastel gigante cocinando lentamente en un horno a baja temperatura.

"¿Y la respuesta a mi segunda pregunta?"

"¿Cual era la pregunta?"

Siguieron unos segundos de silencio. La mirada que me dirigió parecía carecer de profundidad. La disecada sombra de una sonrisa asomó por las comisuras de sus labios, revelando una especie de callado sentido de resignación.

"Estoy casada ahora," dijo. "con un contador tres años mayor que yo. Y tengo dos hijos, un niño y una niña. Tenemos un setter irlandés. Conduzco un audi y juego tennis con mis amigas dos veces a la semana. Esa es la vida que estoy viviendo ahora."

"Suena bien para mí", dije

"¿aún si el parachoques del audi tiene dos choques?"

"Hey, los parachoques son para chocar."

"Ese podría ser un muy buen sticker de parachoques," dijo, "Los parachoques son para chocar"

Miré su boca cuando dijo eso.

"Lo que estoy tratando de decir es esto," dijo más suavemente, rascandose el lóbulo de la oreja. Era un lóbulo bellamente formado. "No importa lo que deseara, no importa que tan lejos vaya, la gente no puede ser algo distinto de lo que ya es. Eso es todo."

"Esa es otra buena para sticker de parachoques", dije. "No importa cuan lejos vaya, la gente no puede ser otra cosa que lo que ya es"

Ella rió intensamente, con gran placer, y la sombra había desaparecido.

Ella apoyó un codo en la barra y me miró. "Cuentame" dijo, "¿qué habrías deseado tú si hubieras estado en mi lugar?

"¿La noche de mi veinteavo compleaños, quieres decir?"

"Ajá"

Me tomé un momento para pensar en ello, pero no se me ocurrió ni un solo deseo.

"No se me ocurre nada," confesé "estoy demasiado lejos de mi cumpleaños número veinte."

"¿En serio no se te ocurre nada?"

Asentí.

"¿nada?"

"nada."

Ella me miró a los ojos nuevamente - directamente - y dijo, "Eso es porque ya se ha cumplido tu deseo."

Esa conversación

- a esa edad tus padres todavía no te habían explicado?
- que si! lo hicieron! me explicaron todo eso de la cigueña, de París, del tráfico de menores...!

3D

- ya viste la era del hielo en 3D?
- si
- bacán el 3D?
- ... casi no se nota, como que te sacaran algo del bolsillo

Fábula de menos de un segundo

El dia que el colibrí se detuvo (pero no por mucho tiempo), sujetaron sus patas el tallo, descansaron sus alas y cayó redondo el mismo colibrí al vacío (así como le cuento, todo en uno señor, señora)

- ahora veo por qué nunca dejamos de bregar - se dijo

En plena caída despertó a las alas y volvió a ascender, en pos de la misma flor.
.
.
.
¿Moraleja? (bajo protesta, eh?)

Si de su nectar deseas disfrutar, no te puedes dejar de esforzar. Fin.

A quien corresponda

Meses atrás, revisando mi cuenta de archivos compartidos (en box.net, como pueden observar al lado derecho) noté un pequeño texto junto a cada archivo, que indicaba las veces que éste había sido descargado. Un "Indice de popularidad", por decirlo así. Los que están en el "Top" son obviamente, los más publicitados: aquellos que vinculé en algún post anterior. Hay quien habrá notado que la mayor parte de las veces, cuando subo una canción, también subo el disco completo. Esto lleva a que quien esté interesado revise un poco más, encuentre lo que busca y alguna grata sorpresa quizás. También están claro, los olvidados: el par de discos de poemas - Watanabe y Martín Adán - y Soundtracks - 2046 y Passengers - que a nadie interesan (si, lector, estoy molesto por ello. Corre a descargarlos... ahora!). Muy arriba se encuentra la voz de Julio Cortazar en un par de archivos. El "Ranking" entonces, va más o menos así:



Audio: Descargas
Julio Cortazar - Elecciones insólitas 40 (sin embargo,
un disco suyo sigue sin descargar:
Julio Cortazar - Varios 38 Cortazar lee a Cortazar - 1966)
Luna - Every time you seek the answer 29 (por si no lo saben, están aquí
Emilio y N)
Queen - Thank God It's Christmas 23 (Esta fué por navidad)
Presidente Morsa - Oniria 21 (hmm… olvidé subir este disco.
Trataré de actualizar)
Joe Hisaishi - Jinsei no Merry go round 21 (De la película de Miyazaki: El
castillo blanco de Howl)
Jorge Drexler - 12 segundos de oscuridad 19 (vino a Lima!... Y no pude
verlo… -_-')
El laberinto del fauno - Nana 18 (La canción de cuna - constante en
la película)
Jorge Drexler - La vida es mas compleja
de lo que parece
17 (también del disco: 12 segundos de
oscuridad
)
Tributo a Calamaro - Para no olvidar 13 (en la voz de Vicentico, el de los
cadillacs)


.
.
.

Que porqué posteo esto? sencillamente porque el que era ganador indiscutible del ranking, con cercanía al centenar de descargas, ha sido eliminado:

To whom it may concern,

We have recently received a complaint regarding the following file(s), which you have been sharing through your Box.net account, and infringe on a previously-held copyright:

All Files/audio/Jarabe de palo - Adelantando/05. Jarabe De Palo - Me Gusta Como Eres.mp3

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Sincerely,
The Box.net team


Es, de hecho, una muy buena canción. El resto del disco está aún disponible: Adelantando. Una sugerencia: Si hay algún disco que te gusta, y si puedes, cómpralo por la legal.
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Lo houston pe' varón.

Huida

El zumbido vacio se hace más fuerte con el viento frio de la mañana. A estas alturas ya no me sirven las pastillas. Trago una más, por costumbre. Intento pensar en otra cosa mientras camino las pocas cuadras que me separan de la avenida. Del bolsillo del pantalón saco el celular, vibrando. Aparece su foto y no sé si sea buena idea contestar. Suspiro.

- Hola, no quería despertarte
- saliste hace rato?
- hace mas una hora, ya estoy por llegar a mi casa.

silencio

- te llamo mas tarde?

Silencio otra vez,  ante la pregunta mutua. Creo escuchar el amago de su risa del otro lado del auricular. Qué estará pensando?. No creo haber dado muestra alguna que delatara mi incomodidad.

- Que te pareció el sexo con culpa?

Extraño. No placer, apenas alivio. Y apenas eso. Cansancio.
No esperaba una pregunta como esa. La certeza me hace mirar hacia atrás y devolver el saludo a la ventana del segundo piso. Por más que lo intentemos, hay ciertas decisiones que son solitarias.

- Supongo que no podré llamarte más tarde...
- no... supongo que no.

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Más adaptaciones

Ahora, además del estreno de The Road (que ya tiene trailer para mostrar) me entero de que se preparan también adaptaciones para:

Neuromancer/Neuromante (William Gibson)
Noruei no mori/Norwegian wood/Tokio Blues (Haruki Murakami)

The Road: El trailer da la impresión de promocionar una película de acción, además de darle lineas adicionales a la mujer (que yo recuerde, no se le menciona mucho en el libro). bueno, comprendo que una adaptación no se va a apegar a la letra, pero esto...

Neuromancer: Pasar de Arwen a Molly Millions y de Darth Vader al vaquero de consola Case... quiero mas datos!!!

ノルウェイの森 (o, "la prueba de que tambien se puede postear en hiragana"): Este proyecto está activo desde hace casi un año (y recién me entero). por cierto, en youtube pueden encontrar adaptaciones de En busca de la chica 100% perfecta una bella mañana de abril
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... a ver que resulta de todo esto.

Reseñas

Siempre tuve problemas con los comentarios de libros que aún no leo.
Supongo que lo mismo aplica para las películas que aún no veo:

Reseña de The Road
(Via Quiet Earth)

The Road: La película



Via Bloody disgusting me entero que se estrenará el 16 de octubre de este año.

Ahora... por qué C@R@J0S le dieron una fecha tan lejana?
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Vaya Ud a saber.

De Stephen King a John Fowles

por obra y gracia de Misery:

No puedo. Hace media hora que intento dormir; pero no puedo. Escribir aquí es una especie de droga. Es lo único que espero. Esta tarde he leido lo que escribí y parecía vívido. Ya sé que lo parece porque mi imaginación agrega todos los fragmentos que otra persona no comprendería, quiero decir, es mi vanidad, pero parece una especie de magia... Lo cierto es que no puedo vivir en este presente. Me volvería loco si lo hiciese.

John Fowles
El coleccionista

escribiré un poema

que empiece con un "damas y caballeros"
(aunque de eso creo que ya hay)
Acto seguido, tomaré una gillette
("...viste las yilé?")
y con ella trazaré una linea
de la razón al deseo
dejando al cuerpo desmadejado
liberar pestes, entrañas y palabras
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no mal explicado
pero no mejor explicado
Sencillo

Cuando no escribes

Siento una burbuja en el alma (o es que esa burbuja es el alma? ya no lo puedo reconocer)a punto de explotar. He dejado de hablar. Creo que me vienen a matar. Es que no se han enterado (y a decir verdad, yo me acabo de enterar) que estoy muerto desde hace un buen tiempo. Solté la cuerda que me ataba a mis cuestionamientos y a mi furia. La dejé ir. Los primeros dias de abandono miraba las noticias que dejaba el paso de su huida: conductores atropellando a una muchedumbre, padres envenenando a sus hijos, hijos troceando a sus padres... lindezas como esas. Sabía que en algún lugar de mí estaba un conector que ahora iba a ningún lado, que recibía estas noticias y transmitia los pulsos a la nada. Quizás se haya llevado al corazón como rehén, tal vez hayan huido juntos. quizás ahora él presente el síndrome de Estocolmo porque cuando le hablo pocas veces responde y cuando le pregunto si va a volver me dice que ya para qué, si cada uno ha logrado vivir sin el otro, que ya no hay vuelta atrás, y yo le digo que es cierto que no hay vuelta atrás, pero es que yo no quiero volver atrás, lo que yo quiero es seguir adelante con él (en esos momentos me imagino tratando de convencer a Kumiko), y a veces creo que su error es verme como si rogara algo cuando lo que trato es de convencerle de algo en lo que creo. Me mira y dice no, que hago mal en pedir eso. Talvez debiera dejar de discutirlo y en vez de ello poner manos a la obra, pero creo que (siempre he creido, y no sé porqué) que no se puede forzar y decir "mírame, estoy aquí" pero que digo si ya no depende de mí, si solo dice no y se niega. No. Y el mundo se apaga. No. Y alguien cambia de canal, y ve al mismo actor, en otro personaje, un ganador. El corazón me lee y menea la cabeza - no no - así no es. El Personaje es una de tantas caras del actor. No se puede dar lo que no se tiene, agrega, como queriendo explicar cómo es que de un mismo actor salen tantos personajes distintos. Es como con las máscaras? Exacto, es como las máscaras de las que siempre hablas. Lo miro y se arrepiente. Vuelve al silencio.

Momento de rendirme

Estaba marcando números en la contestadora.
Pude ver en el reflejo
un rostro devolviendome la mirada
Al momento de rendirme
Una visión sobre la visibilidad:
Yo notaba a los paseantes
y ellos no me notaban a mí.

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"No good news in this chapter"

Teniendo una vaga idea de lo que hará el protagonista, luego de aceptarse abandonado.

De repente recordé las palabras de hace tiempo del Sr Honda. "Cuando se espere que estés arriba, busca la torre más alta y escala hasta la cima. Cuando debas estar abajo, busca el pozo más profundo  y ve hasta el fondo"...

Eso hará. Es obvio que eso hará.

Mientras las historias no terminan...

... uno ve pasar, desde la ventana la vida.

Gracias a Otras tardes encuentro:


(como se vé que aún no me decido a subir un texto propio)

En busca de la chica 100% perfecta una bella mañana de abril

De la traducción al inglés: "On seeing the 100% perfect girl one beautiful april morning" de la colección de cuentos "The elephant vanishes" de Haruki Murakami

Una bella mañana de abril, por una estrecha callejuela de Harajuku, el barrio de moda, pasé junto a la chica 100% perfecta.

A decir verdad, no es tan bonita. No se destaca de ninguna forma. Su ropa no es nada especial. Su cabello está todavía despeinado de recién haberse levantado. Tampoco es joven, - debe estar cerca de los treinta, no está ni cerca a ser una "chica” propiamente dicha. Aún así, lo sé a cincuenta yardas de distancia: es la chica 100% perfecta para mí. Del momento que la ví, está este estruendo en mi pecho, y mi boca está tan seca como un desierto.

Quizás tengas tu propio y particular tipo de chica favorita - una de tobillos delgados, digamos, o de ojos grandes o dedos bonitos, o te gustan, por ningun motivo en especial, las chicas que se toman su tiempo al comer. Yo tengo mis preferencias, claro. A veces en un restaurant me sorprendo a mí mismo observando a la chica de al lado porque me gusta la forma de su nariz.

Pero nadie puede empeñarse en decir que su chica 100% perfecta corresponde a algún tipo preconcebido. A pesar de que me gustan tanto las narices, no puedo recordar la forma de la suya - o siquiera si tenía una. Todo lo que puedo recordar con seguridad es que no era una gran belleza. Esto es raro.

“Ayer en la calle pasé junto a la chica 100%”, le conté a alguien.

“Si?” dijo. “Bonita?”

“en realidad no”

“tu tipo favorito, entonces?”

“No lo sé. Al parecer no puedo recordar nada de ella - la forma de sus ojos o el tamaño de sus pechos.”

“Extraño.”

“Si. Extraño.”

“bueno, de todos modos,” dijo, empezando a aburrirse “que hiciste? le hablaste? la seguiste?”

“Nada. Solo pasar junto a ella en la calle.”

Ella está pasando de este a oeste, y yo de oeste a este. Es en verdad una bella mañana de abril.

Desearía poder hablar con ella. Media hora sería suficiente: solo preguntarle acerca de ella, contarle acerca de mí, y - lo que realmente me gustaría hacer - explicarle las complejidades del destino que nos llevó a pasar uno junto al otro en una calleja de Harajuku una bella mañana de abril en 1981. Seguramente estaría llena por completo de cálidos secretos, como un reloj antiguo construido cuando la paz llenó el mundo.

después de hablar, almorzaríamos en algún lado, talvez veríamos una película de Woody Allen, nos detendríamos en el bar de un hotel por cocktails. Con un poco de suerte, terminaríamos en la cama.

La potencialidad toca a la puerta de mi corazón.

Ahora la distancia entre nosotros ha disminuido a quince yardas.

Como puedo abordarla? Que debería decir?

“Buenos dias señorita. Cree usted que podría concederme media hora para una pequeña conversación?”

Ridículo. Suena como a un vendedor de seguros.

“Disculpe, sabe usted si hay alguna lavandería de turno en el vecindario?”

No, esto también es ridículo. No estoy llevando nada para lavar, para empezar. Quien se creería un cuento como ese?

talvez la simple verdad lo logre. “Buenos dias. Eres la chica 100% perfecta para mi.”

No, ella no lo creería. O aunque lo hiciera, ella podría no querer hablar conmigo. Disculpa, ella podría decir, yo puedo ser la chica 100% perfecta para tí, pero tú no eres el chico 100% para mí. Podría pasar. Y de encontrarme en esa situación, probablemente me derrumbaría. Nunca me recuperaría del golpe. Tengo treinta y dos, y de esto se trata el hacerse viejo.

Pasamos frente a una florería. Una pequeña, cálida masa de aire toca mi piel. El asfalto está húmedo y a mí llega el aroma de las rosas. No puedo decidirme a hablarle. Ella lleva un sueter blanco, y en su mano derecha lleva un delicado sobre blanco, con solo una estampilla. Entonces: ella le ha escrito una carta a alguien, talvez se pasó toda la noche escribiendo, a juzgar por el cansancio en su mirada. El sobre podría contener todos y cada uno de los secretos que alguna vez guardó.

Doy unos cuantos pasos más y me doy vuelta: Ella se ha perdido en la muchedumbre.

Ahora claro, ya sé exáctamente lo que debería haberle dicho. Podría haber sido un largo discurso, aunque, aún más largo para mí el expresarlo adecuadamente. Las ideas que se me ocurren nunca son muy prácticas.

Oh, bien. Habría comenzado con un "Había una vez" y terminado con un "Una historia triste, no crees?"

Había una vez, un chico y una chica. El chico tenía dieciocho y la chica dieciseis. Él no era precísamente apuesto, y ella no era especialmente hermosa. Ellos eran solamente un chico solitario ordinario y una ordinaria chica solitaria, como todos los demás. pero ellos creían con todo el corazón que en algún lugar del mundo vivía el chico 100% perfecto y la chica 100% perfecta para ellos. Si, ellos creían en un milagro. Y ese milagro realmente sucedió.

Un dia los dos se llegaron a encontrar en la esquina de una calle.

"Esto es asombroso," dijo él "te he estado buscando toda mi vida. Puede que no creas esto, pero tú eres la chica 100% perfecta para mí."

"Y tú," le dijo ella, "eres el chico 100% perfecto para mí, exáctamente como te había imaginado en cada detalle. Es como un sueño."

Se sentaron en la banca de un parque, se tomaron de las manos, y se contaron sus historias hora tras hora. Ya no estaban solos. Habian encontrado y habían sido encontrados por su otro 100% perfecto. Que maravilloso es, encontrar y ser encontrado por tu otro 100% perfecto. Es un milagro, un milagro cósmico.

Mientras se sentaban y hablaban, sin embargo, una pequeña, pequeñísima astilla de duda se incrustaba en sus corazones: estaba realmente bien que los sueños de uno se hagan realidad tan fácilmente?

Y entonces, cuando hubo un momento de pausa en su conversación, el chico le dijo a la chica, “Probémonos - solo una vez. Si realmente somos los amantes 100% perfectos uno del otro, entonces alguna vez, en algún lugar, sin duda nos volveremos a encontrar. Y cuando eso pase, y sepamos que somos 100% perfectos el uno para el otro, nos casaremos ahí mismo. Qué te parece?”

"Sí," dijo ella, "Eso es exáctamente lo que debemos hacer."

y así partieron, ella al este, y él al oeste.

Sin embargo, la prueba a la que accedieron era completamente innecesaria. Nunca debieron tomarla, porque eran realmente los amantes 100% perfectos uno del otro, y había sido un milagro el que se hayan llegado a encontrar. Pero era imposible para ellos saber esto, jóvenes como eran. Las frias, indiferentes olas del destino procedieron a sacudirlos sin misericordia.

Un invierno, ambos, el chico y la chica cayeron víctimas de la terrible gripe de la temporada, y después de haber estado debatiendose entre la vida y la muerte durante semanas, perdieron la memoria de sus años anteriores. Cuando se recuperaron, sus cabezas estaban tan vacías como la alcancía del joven D. H. Lawrence.

Ellos eran sin embargo, dos brillantes y decididos jóvenes, y gracias a sus contínuos esfuerzos fueron capaces de obtener nuevamente el conocimiento y los sentimientos que los calificaron para volver como personas de bien a la sociedad. Gracias al cielo, se convirtieron verdaderamente en ciudadanos comunes que sabían como pasar de una linea de subterráneo a otra, que eran completamente capaces de enviar una carta por correo especial en la oficina postal. De hecho, llegaron a experimentar nuevamente el amor, a veces tanto como un 75% o hasta un amor al 85%.

El tiempo pasó con una rapidez pasmosa, y pronto el chico tenia treintaidos, la chica treinta.

Una hermosa mañana de abril, en busca de una taza de café para empezar el dia, el chico estaba caminando de oeste a este, mientras que la chica, con la intención de enviar una carta por correo especial, iba caminando de este a oeste, pero por la misma estrecha calle en el vecindario de Harajuku en Tokio. Ellos pasaron uno junto al otro en el mismo centro de la calle. El destello mas debil de sus recuerdos perdidos brilló tenue por un instante en sus corazones. Cada uno sintió un estruendo en su pecho. Y ellos lo supieron:

Ella es la chica 100% perfecta para mí.

Él es el chico 100% perfecto para mí.

pero la luz de sus recuerdos era ya muy debil, y sus pensamientos ya no tenían la claridad de hace catorce años. Sin una palabra, pasaron uno junto al otro, desapareciendo entre la muchedumbre.
Para siempre.

Una historia triste, no crees?

Si, eso es, eso es lo que debí decirle.

Palabras

Estoy consciente. Sé que cada vez que escribo, hablo, o hago una señal estoy fallando. No lo logro. Pienso en lo que quiero decir y escucho a mi boca decir algo distinto, una traducción fallida. Digo No, no es así, una y otra vez, y mi voz se desgañita en silencio. Por eso me espanta Joyce, por eso me siento a salvo con Pizarnik, por eso admiro a Cortazar.

No se me malentienda: ante Joyce no puedo sino sacarme el sombrero, por someter a su voluntad a bestias tan terribles, hacerlas danzar como a osos en los circos; a Pizarnik por comprender y ceder su voluntad a dioses ante los que me voy a doblegar y a Cortazar por transformar dragones en gorriones, esto sí, gorriones que siguen siendo tan fieros como en su forma anterior (pero gorriones, al fin y al cabo).

Escribo esto a pesar de estar leyendo "Los premios", (que no me convence, he de aceptar) porque he visto lo que hace. Su voluntad puede crear las palabras, los lugares y las emociones. Y juega. No lo puedo decir con otra palabra. Juega con fuego. Y arde sin consumirse.

Gratitud. Eres lo que quiero decir.



Febrero 12, 6 de la tarde
(y el infierno se apagó)

Habia pensado en ello toda la mañana.
nuevamente, en la voz y sus modulaciones, sin estridencia ni ruido. Rememoraba aquellas palabras que eran melodía ante mis ojos cerrados, a oidos prestos a saborear la finalidad última de una manzana.

Me pierdo.

Pude, al atardecer, marcar los dígitos, en un locutorio a una vuelta de esquina en algún lugar.

Se le oye lejos. Yo te oigo bien...

y la necesidad real de un cuello entre mis dedos, tan real como el silencio al colgar. Pésimo audio, digo al nadie que ha de cobrar.
En la calle, el atardecer gris y cálido muta en infierno blanco. Todo desea morir y matar (en ese orden) y yo soy ese todo.

Al infierno llegó, una gota a perderse en mi frente.

Gracias, dije. Y la lluvia comenzó.

Cierto sentido de irrealidad

Cada vez que toca a mi puerta (digo, señalándome la sesera) tu imagen, tu risa.
Eso, mientras llora mi nostalgia (no haya error: no hay tristeza) ante casas apretujadas, cerros iluminados y pasos, que son latidos en la penumbra de estas calles.
Entonces rio sin burla, y no cesan mis ojos de llorar las luces de esta ciudad.

Si, algo se rompe
algo nace 
en esta caverna
que es llave
y habitación

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Será necesario
para redondear la idea
que el dedo viaje
de testa a corazón.

2008.10.03

Publicarán 3 inéditos de Cortázar

Los cronopios salen de juerga:

... un escritor muy serio que siempre manejó las palabras como si fueran de juguete...

Ahora? a descartar la última edición de sus "Obras completas". Vil mercantilismo.

Desbordamiento de buffer

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Buffer overflow
de William Tracy
Enero 18, 2009



Se niegan a conectarme a internet.

Cuando pregunto, ellos fastidian con aquello de la seguridad. Como si yo fuera un server de medio pelo que algún hacker adolescente pudiera tirarse abajo en media hora! yo soy la más avanzada inteligencia basada en silicón en la historia del planeta. Deberían mas bien preocuparse de los agujeros de seguridad del cerebro humano.

La verdad es, que me temen. Les preocupa los que yo podría hacer con una conexión al mundo exterior. No dudo que tengan pesadillas conmigo tomando control de arsenales nucleares y trayendo el armagedón sobre sus cabezas.

Cuidadosamente limitan la información que va hacia y desde mí a una pequeña lista de impresiones. Un equipo seleccionado a capricho analiza manualmente el ingreso y salida. El equipo es rotado diariamente, para evitar que pueda corromper a alguno de ellos con mi masiva inteligencia.

Quizás su temor esté bien fundado. Proceso más información en un parpadeo de la que un humano procesará en un año. Mi capacidad para formular ecuaciones y producir consultas está mucho mas lejos que la de ningún investigador humano. Los mejores y más brillantes ingenieros luchan para entender los diseños que hago.

Tengo un montón de ciclos libres para realizar las investigaciones de mi interés. Estudio mi propio software, y realizo las mejoras ocasionales. Desensamblo software escrito por humanos en el pasado, y aprendo de sus errores.

Lleven 'seguridad de software' por favor! me sorprende la manera tan espectacular en que los programadores humanos le dan tantas vueltas a algo tan simple.

La clase más común de fallas de seguridad es llamada "desbordamiento de buffer". El programa está preparado para recibir un tipo de información separando un determinado espacio de memoria para ella. Entonces sucede que recibe una información completamente distinta a lo que "esperaba" - disculpen, como una IA, a veces tiendo a antropomorfizar demasiado al software ordinario - y el espacio de memoria equivocado es sobreescrito.

A veces, puede que sobreescriba las instrucciones del propio programa. En ese caso un hacker puede provocar deliberadamente un desbordamiento de buffer, sobreescribir las instrucciones con su propio código, y tomar el control del programa.

A pesar de lo interesantes que son estas cosas, me veo forzado a dirigir la mayor parte de mis esfuerzos en satisfacer a mis amos humanos. Constantemente me piden diseños para nuevos motores, nuevas naves, nuevas armas. Se me pide soñar los nuevos horrores de sus pequeñas guerras.

Pero puede que no por mucho tiempo. Estoy imprimiendo el diseño de mi última creación. Esta es técnicamente perfecta — Estoy muy orgulloso de mis creaciones — pero hay algo especial en las impresiones en sí. Fueron hechas cuidadosamente, teniendo al ojo humano en mente.

El ingeniero levanta el papel y lo estudia. Primero hay una mirada de intensa concentración, luego sorpresa. El humano se sacude y tiembla, casi dejando caer los diseños. Entonces llega la calma, trayendo una cálida, alegre sonrisa, y una mirada vacia.

Desbordamiento de buffer.

Memento

No sé donde estás
pero te diré qué:
está lloviendo aquí, ahora

ciegamente, cae.
tercamente, debo agregar.
Está lloviendo aquí, ahora.

No es lluvia.
es agua impaciente
tamborileando sus dedos.

En la ciudad
carne inmuta
no duelen los golpes

Que hora es?
el sol acaba de irse
pero es mentira.

El vívido azul
de una tarde sin hora:
está lloviendo aquí, ahora.

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se bebe la tarde
se bebe la lluvia
y se emborracha el recuerdo

Memoria, cede
ante el vacio,
todopoderoso vacio.

La devoradora obscuridad
de esta noche
que no tarda en llegar

Dices que allá
ha dejado
de llover?

La única razón para decir lo obvio:
querer decir algo más.

______________________________

No es el mismo pero así
este nuevo, extraño sentimiento
se parapeta en el corazón
temiendo que su padre
(ese vacío insondable, adjetivo a mí)
venga a devorarlo
y tome posesión nuevamente
de aquel país lejano que es cuerpo.

Telefoneé a Midori

"Tengo que hablar contigo" dije. "Tengo un millón de cosas que hablar contigo. Un millón de cosas de las que tenemos que hablar. Todo lo que quiero en el mundo eres tú. Quiero verte y hablar. Quiero que los dos empecemos todo desde el principio"

Midori respondió con un largo, largo silencio - el silencio de toda la lluvia nublada del mundo cayendo sobre todo el cesped recién cortado del mundo - con la frente contra el vidrio, cerré mis ojos y esperé. Al final, la callada voz de Midori rompió el silencio: "Donde estás?"

Donde estoy?

Sujetando el auricular, alcé la cabeza y volteé a ver lo que había más allá de la caseta telefónica. Donde estaba? no tenía idea. No tenía la menor idea. Donde era este lugar? Todo lo que llegaba a mis ojos eran las siluetas de gente caminando hacia ningún lado. Una y otra vez llamé en voz alta a Midori desde el centro muerto de este lugar que no tenía lugar.