Sin sentido

Aquél dia creyó que saldría el sol. Puso su habitación en orden y cansado, aceptó que el vacío no lo abandonaría. La idea de haberse engañado, repelente pero hasta cierto punto soportable, ahora le resultaba vomitiva. Apuró sus pasos al baño y se tomó su tiempo hacerlo a conciencia. Cada arcada le infundia la esperanza de lograr que su cuerpo llegara a equiparar el vacío de su alma. El asco que lo dominaba por esa mentira. Un cuerpo lleno, de fluidos y visceras. Como aceptarlo?

En realidad todo está vacío - se repetía -, pero quedaba su cuerpo como necia patente de lo contrario. Como? como? la misma pregunta, arcada tras arcada. Escupió lo último que había en su boca, observando el hilillo de su saliva perderse en el inodoro. Era intolerable insistir tércamente en estar lleno, cuando todo en él era vacío. No podía permitirse tamaña mentira. Ya no. Su siguiente esfuerzo fue acompañado por un estertor y una prolongada tos. Escupió el sabor metálico que paseaba por sus labios. Mientras tosía, pensó que no podría soportar por mucho mas tiempo. Pensó que algo no estaba bien, para acto seguido cuestionarse por la definición de la frase: "estar bien". Estar arrodillado ante el excusado, definitivamente no era "estar bien".

Escupió la sangre y se esforzó por seguir tosiendo.
Estar con el cuerpo lleno y con el alma vacía no era estar bien.

Hay cosas que uno tiene que hacer aunque lo tilden de loco. Hubo un momento en que los espasmos del vómito se hicieron constantes y copiosos. Era como si el cuerpo se hubiera convencido de la justicia de su empresa y se inmolara en un intento por resarcirse. Pero fue solo un momento. Cuerpo inconstante, pensó. Cuerpo necio. Ya tenía la garganta reseca y pocas ganas de vomitar. La intolerable certeza de tener el cuerpo lleno aún lo llevaron a otra tanda de arcadas, que terminaron de teñir de rojo el agua frente a él. Se detenía a intervalos para respirar. Observaba el cambio en las tonalidades. Del rojo claro de, seguramente alguna herida recién abierta, que ahora se convertía en una úlcera sangrante. Ya le faltaba el aire pero no quería detenerse, porque seguramente lo pensaría mejor y la cobardía le daría buenas, lógicas y convincentes razones para detenerse. No, no iba a parar. Respiró rofundamente para convencerse de que no existía nada más que este sabor metálico en sus entrañas.

Se sentía aún mitad lleno - de qué otra manera explicarlo? -

Otra tanda de tos y el posterior silencio. Cerró los ojos y se puso a buscar en él. Pensó en vasijas, contenedores, botellas. Cosas que contienen cosas. Era tan sencillo.

Los pensamientos alejados del placer, vació la vejiga y los testículos. Para esto último creyó que necesitaría un esfuerzo adicional - un pensar en alguien en especial, quizás - pero no fue necesario nada mas que persistencia. Al espejo vió la opacidad de la propia mirada. Aspiró nuevamente y se mojó el rostro. Continuó con el agua recorriendo las manos, los hombros y los brazos - como todas las mañanas - pensó. Y era probablemente porque en ese momento - pocos minutos antes de las 3 de la tarde - estaba realmente entrando a un nuevo dia.
Llevó sus dedos a la boca y empezó a arrancarse los dientes - uno a uno - con parsimonía y alegría. observó el primer diente entre sus dedos manchados y sonrió. Sabía que habia cruzado una frontera, que se encontraba ya lejos de su conciencia. La saliva se mezclaba con la sangre y con su sonrisa lejana. El diente rebotando contra la mayólica del lavabo y los dedos volviendo a hurgar presurosos. El segundo y el tercero salieron mas rápidamente, pero ya no luchaba por contener las lágrimas. Pudo saborear la sal del propio sudor y los segundos que empleaba en arrancar cada pieza ya no le parecieron interminables, sino ya idos.
Sus dedos siguieron palpando hasta convencerlo de que ya no quedaba mas por sacar. pudo oir sus propias carcajadas, apagadas y guturales. La risa llegó como una oleada de alivio a su cansancio. Ya se acaba... - se decía a sí mismo -. vió sus manos, sus dedos, y se dió cuenta que aún le quedaba algo por abandonar. Las manos nuevamente al rostro y los dedos a hurgar. Vio luces blancas, azules, vió líneas de todos los colores mientras forcejeaba pero no logró sacarlo correctamente. Aulló de dolor cuando los colores empezaron a gotear desde la cuenca vacía. Renunció a la idea de una extracción limpia y de un certero movimiento se reventó el ojo restante. Esta vez el grito tenía poco de humano, en extensión e intensidad, que no le importó la obscuridad a la que había ingresado. La cabeza le latía como cañonazos a cuatro tiempos y creyó que se le reventarían los oidos si no detenía los latidos. Guiándose de las paredes, intentó llegar a su cama y dormir, pero tropezó y su rostro dió de lleno con una mesa cercana. El dolor. Su cabeza ardiendo y el recobrar la conciencia (la había perdido? pregunta extraña. La había recobrado? la había tenido?) con el rostro pegoteado de sangre y fluidos oculares contra el parquet de la habitación. Comenzó a tantear a gatas, hasta encontrar la pata de su cama. Se acercó y se sentó. Se preguntó que sucedería en adelante, privado de sus sentidos, tan ligero como podría esperar. Tan vacío. No podia ver la sangre que no dejaba de manar de sus labios entreabiertos, manchando el piso y la sábana. Tosió un poco y entonces se dió cuenta de que tenía la boca llena de sangre. Escupió a un lado y se metió a la cama. No sabía que sería de él en adelante. Yo tampoco lo sé. A él no le importa y, a decir verdad, a mí tampoco.

2008.06.01

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