Sin sentido

Observaba incrédulo a la joven junto a mí, mientras este escritor bromeaba diciendo que facilmente, aunque pareciera prestabamos atencion a su charla, en realidad estariamos pensando en qué hacer para el sábado. Risas del público.
Porque así es la imaginación de indomable, claro y yo me negaba a aceptar que ella estaba junto a mi nuevamente, en una imagen distinta.
Sabia que era otra. No era ni siquiera parecida. Por el contrario, era idéntica a lo que recordaba de ella en una noche lejana. Con el tiempo llegaron los cambios, pero lo que estaba en ese asiento era una versión inmutada. Tenia junto a mí al recuerdo de ella hecho cuerpo.
Lentes de montura gruesa y el cabello no tan largo que tanto le recuerdo. Y maldición, yo que seguía dudando con una duda falsa porque sabia que no era, claro que no era pero era ella hasta en sus gestos, en su forma de cruzar las piernas pálidas, apagadas por el velo de las medias transparentes. Me digo que escribiré sobre esto al regresar pero sé que no lograré explicar ese saber que no es ella, por mas que sea ella. Además está esa imagen imaginada (jamás la habia visto vestida así, me explico?). Así atendía a la conferencia, con ganas de tocar la burbuja de al lado y que se reventara de una vez, porque tengo miedo de llegar a creer que las fantasias pueden fugarse a la realidad. Así, pap! dedo a burbuja y ya no está, la exposición ha terminado, me he quedado de piedra al ver su figura alejandose despreocupada, no solo por el recuerdo sino por el calor de verla hermosa, apetecible, vestida como en mis mejores sueños (porque mis mejores sueños empiezan así, con ella vestida). Y me siento culpable porque comprendo que estoy viendo lo que espero de ella, no la que es ahora, con el cabello corto y algún kilo de más que yo estoy seguro que no me importa realmente, pero de repente pienso que no es tanto así, porque si así fuera la hubiera imaginado real. No me entiendo. Creo que estoy siendo demasiado severo, si lo que extraño de ella, mas que su cuerpo es a ella, porque esto, la necesidad de cuestionarme todo, de repente eso.
Al salir, recibo el libro y el cambio. Volteo y quedamos frente a frente, así confirmo lo que ya sabia, que es ella, los ojos los labios todos suyos y ese color capulí en sus mejillas que me enciende

- disculpe...
- ah, pase

... y sus tobillos y extremidades posteriores todas, elevadas por obra y gracia de las sandalias de taco alto

- señor...
- perdón

Sus ojos se agazapan tras los lentes, aunque miran fijo y yo quiero sorprender un conato de sonrisa en sus labios que me lleve de cabeza al otro lado de este filo en el que estoy caminando, que está entre realidad e imaginación. No sonrie, se sorprende y se incomoda y pasa de mí, que estorbo. Caigo del otro lado del filo. Ya no tengo interés ni en el autografo ni en la copa de vino reglamentaria. Me voy, es decir, huyo. Cosas sin importancia.









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