Desaparecido

Si he de distinguir a la sucesión de los dias por la sensación de transcurrir de las horas, he de admitir que desde hace tiempo estoy estancado en un dia en particular. Me es posible distinguir este dia por la certeza de la ausencia de algo dentro mio (supongo) en el corazón. Desaparecido iba a ser la palabra, hasta que me ví obligado a aceptar que no servia. Recordé una lata, en el piso gris, a la que me acercaba a sacar galletas cuando era pequeño. Una de esas veces, cuando caí en la cuenta de que mas de la mitad del contenido ya habia sido consumido, quise alargar el placer distanciando los momentos.
Cada vez que pasaba cerca y pensaba en tomar siquiera una, me daba cuenta que me era demasiado facil aplacar mi deseo y esperar. De todos modos, yo era el único dueño de las galletas, así que no habia peligro. En ningún momento sucedió el olvido: yo tenia una lata medianamente llena de galletas y era un pensamiento, si no alegre, reconfortante. Esto de querer, y a la vez querer esperar, sucedió muchas veces en aquel episodio.
El resto de la historia es completamente natural y previsible (o quizás no mucho): cuando finalmente decidí destapar nuevamente la lata, la encontré vacía. Supongo ahora que se habrán malogrado y mi madre haya decidido botarlas. Sin embargo, y a pesar de que esta anécdota encuentre simil en varios aspectos de mi vida, el tema está en que al final, supe que lo que yo tanto queria, cuidaba y atesoraba durante todo ese tiempo, hacia tiempo que ya no existía. Me sentí vacio y tonto. No tonto por la oportunidad perdida, sino por caer en la cuenta recién, de que esa oportunidad la habia perdido hace mucho tiempo.
Todo esto para intentar explicar que, ese algo dentro de mi corazón, nunca pudo desaparecer. Por la sencilla razón de que nunca estuvo ahí.


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