Viaje

Como una mala broma llegó la oportunidad. En el lugar extraño encontré también que, a cada paso iba desapareciendo mi rastro. - Nada nuevo - me dije.
Fuí otro, por querer decir "fué otro". Quien en la acera encontró a una mujer dormida y la acompañó (por querer decir "gozó de su compañia"). Fué otro el que se extravió al encontrar lo que deseaba y darse cuenta de que aún así, seguía cayendo. Ese otro que fue recogido y llevado a rastras a la orilla de un rio, a ser lavada su cara y despertados sus sentidos. Al amanecer seguía teniendo hambre. Ese mismo otro que no protestó al ser llevado al calabozo. Aquel que no tenia a nadie esperandolo en la puerta de la comisaria, mas que el sol de las 3 de la tarde. Solo con lo puesto, sin correa ni pasadores, encontró que no valia la pena ser el otro, o intentar irse a otro lugar.
Pensó en buscar al otro, no sabía para qué. Quiso creer que quizás el otro sabría para qué. El otro, que no sabia para qué, intentó en vano esconderse, el otro, que a pesar de todo, sabia que ninguno de los dos sabia para qué, siguió buscando. Ambos se sabian cercanos, luego de haber caminado tanto. Bastaba llegar a esa esquina, pensaron ambos a la vez, y se vería cara a cara. El otro detuvo su paso, el otro lo notó. El otro maldijo su cobardía, su querer encontrarlo a sabiendas de que el otro tampoco tenia la respuesta, el querer buscar en otro el sentido para su sinsentido. Dió media vuelta y se alejó. Probablemente de tiempo en tiempo cede a la tentación de buscar al otro, pero desiste luego de unas pocas cuadras.
Del otro lado de la esquina, el otro, extrañado y confundido se quedó de pie, perdido entre la multitud que empezaba a abarrotar los paraderos a las 6 de la tarde.









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