La compra en la feria

Ya ha pasado más de un mes desde que conseguí este libro, que ya empiezo a releer sin siquiera haber llegado a terminar. Es que quisiera asegurarme a cada momento de que realmente las palabras siguen ahí. Cada vez que vuelvo la página es para preguntarme "es real todo esto?". Claro, en un sentido escrito al menos. Algo me pasa con este libro, un empacho o un hastío (un "ya es demasiado" por lo menos) que no se me ocurrió nada mejor que cambiar de libro. Darle una mordida a un sabor diferente, para no embotar el paladar y volver luego, con la cabeza despejada, a las páginas en las que estoy ahora, intentando distinguir en qué momento el texto se tornó tan ofensivamente propio, conocido y comprensible. Son incoherencias que uno entiende, un idioma nuevo conformado por palabras viejas. Alguna vez se me ocurrió que las canciones eran populares porque lograban que el público se identificara con ellas. Entonces, si alquien escribiera una letra a la que la gente dijera "ajá, yo tambien estuve igual/mira tú, tambien estoy en las mismas" entonces tendríamos la fórmula perfecta para los éxitos. Fácil, no?. El Libro que conseguí para desperezarme de Pizarnik fue "Crónica de San Gabriel" de Ribeyro, y no puedo dejar se sentirme mal por ello, porque es una buena novela y porque mi único interés al leerla fue sacarme de la memoria las palabras de Alejandra. Otro poco de culpa, porque no me tomó ni 2 horas darle curso al bendito libro, cuando esperaba que me entretuviera por lo menos una semana. Retorno a Pizarnik. Tenemos algo pendiente que ya no puede esperar.

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