Terquedad

Han pasado mas de 6 años desde que empecé aquel cuento. Es uno de esos cuentos que uno escribe de un tirón, al llegar a casa y darse cuenta de que no basta el haber dejado atrás la calle, para sacarse de encima la sensación. A un par de horas del amanecer, creí haber terminado. Sin embargo llegó la siguiente sensación de siempre: era posible que fuera tan simple? así de perfecto? Intenté tomármelo con calma. Dejé el texto hasta el dia siguiente, cuando creí encontrar segundos significados a diversos pasajes. Creí hallar palabras de venganza, un reclamo a algo inexistente, tal vez.
Empecé a plantearme la idea de que me gustaba este cuento por la sencilla razón de que era una catarsis, nada de lo que avergonzarse, claro. Sin embargo no me convencía esta explicación. Tal vez quería creer que había alguna esperanza en este texto, algo que valiera la pena más allá de la simple emoción de una noche. También me molestaba el hecho de que algunas frases las conocía por ser demasiado comunes, a pesar de encajar perféctamente en el texto. Tampoco quería usar palabras extrañas o rimbombantes, pero la incomodidad ya estaba ahí. Dejé el texto unas semanas, que se hicieron meses y luego un par de años.
Regresé a casa una noche y abrí el block de notas, empezando a escribir nuevamente. Minutos despues reparé en que al terminar cada palabra sentía algo parecido a un eco, pronunciado con una voz que no reconocía. Busqué cualquier archivo que contuviera la frase que acababa de escribir - Trepó la pared, lista a enfrentarse a la ciudad al anochecer -.

1 archivo(s) encontrado(s)

Abrí otro archivo, de fecha cercana, solo para encontrar los mismos reclamos en las frases, un patear el tablero ante ningún contendiente. Era obvio que habia quedado atascado en un momento, como dice una canción. Lo curioso es que hasta ahora no logro reconocer cual es ese momento. En los demás textos que revisé encontré ese factor común que me hizo sorprenderme, por creer, al momento de escribir cada uno de ellos, que estaba siendo original. Volví a pensar en cierta idea del eterno retorno, que me habia planteado alguna vez. Pequeños ciclos, grandes ciclos, que tendían a repetirse en el transcurso de mi vida. Eran los grandes golpes los que me sacaban de la órbita circular, permitiendome apreciar, cual satélite abandonado, el ominoso orden y sucesión de las cosas pasadas y por pasar. Lograba rememorar situaciones similares que en algunos casos tenian como única diferencia el lugar o el interlocutor (además del tiempo como lo cuentan los relojes, claro está), pero era indiscutiblemente lo mismo. Entonces comprendí que fácilmente podía borrar todo, pues tarde o temprano volvería a escribir esto, o algo similar. Todas las historias borradas se recuperarían, esta vez como originales para, algún otro dia darme cuenta nuevamente de haber estado repitiendome. Ya no uso la palabra "finalmente". Sé que la idea del final es una fantasía necesaria para poder publicar los libros, pues hay gente, que tanto como la idea del tiempo, necesita la idea del final. No he borrado nada. Talvez (solo talvez) si me llega a convencer el texto, alguna vez lo publicaré. Mientras tanto continúo escribiendo, consciente de que, además de mis pequeños retornos, existe una órbita de la cual, antes de darme por vencido, reconoceré haber vuelto a empezar.

Sala de psicopatología

Después de años en Europa
Quiero decir París, Saint-Tropez, Cap
St. Pierre, Provence, Florencia, Siena,
Roma, Capri, Ischia, San Sebastián,
Santillana del Mar, Marbella,
segovia, Ávila, Santiago,
y tanto
y tanto
por no hablar de New York y del West Village con rastros de muchachas estranguladas
- quiero que me estrangule un negro - dijo
- lo que querés es que te viole - dije (¡oh Sigmund! con vos se acabaron los hombres del mercado matrimonial que frecuenté en las mejores playas de Europa)
y como yo soy tan inteligente que ya no sirvo para nada,
y como he soñado tanto que ya no soy de este mundo,
aquí estoy, entre las inocentes almas de la sala 18,
persuadiéndome día a día
de que la sala, las almas puras y yo tenemos sentido, tenemos destino,
- una señora originaria del mas oscuro barrio de un pueblo que no figura en el mapa dice:
- el dotor me dijo que tengo problemas. Yo no sé. Yo tengo algo aquí (se toca las tetas) y unas ganas de llorar que mama mía.
Nietzsche: "Esta noche tendré una madre o dejaré de ser."
Strindberg: "El sol, madre, el sol."
P. Éluard: "Hay que pegar a la madre mientras es joven."
Sí, señora, la madre es un animal carnívoro que ama la vegetación lujuriosa. A la hora que la parió abre las piernas, ignorante del sentido de su posición destinada a dar a luz, a tierra, a fuego, a aire,
pero luego una quiere volver a entrar en esa maldita concha,
después de haber intentado nacerse sola sacando mi cabeza por mi útero
(y como no pude, busco morir y entrar en la pestilente guarida de la oculta ocultadora cuya función es ocultar)
hablo de la concha y hablo de la muerte,
todo es concha, yo he lamido conchas en varios países y sólo sentí orgullo por mi virtuosismo - la mahtma gandhi del lengüeteo, la Einstein de la mineta, la Reich del lengüetazo, la Reik del abrirse camino entre pelos como de rabinos desaseados - ¡oh el goce de la roña!
Ustedes, los mediquitos de la 18 son tiernos y hasta besan al leproso, pero
¿se casarían con el leproso?
Un instante de inmersión en lo bajo y en lo oscuro,
sí, de eso son capaces,
pero luego viene la vocecita que acompaña a los jovencitos como ustedes:
-¿Podrías hacer un chiste con todo esto, no?
Y
sí,
aquí en el Pirovano
hay almas que NO SABEN
por qué recibieron la visita de las desgracias.
Pretenden explicaciones lógicas los pobres pobrecitos, quieren que la sala - verdadera pocilga - esté muy limpia, porque la roña les da terror, y el desorden, y la soledad de los días vacíos habitados por antiguos fantasmas emigrantes de las maravillosas e ilícitas pasiones de la infancia.
Oh, he besado tantas pijas para encontrarme de repente en una sala llena de carne de prisión donde las mujeres vienen y van hablando de la mejoría.
Pero
¿qué cosa curar?
Y ¿por dónde empezar a curar?
Es verdad que la psicoterapia en su forma exclusivamente verbal es casi tan bella como el suicidio.
Se habla.
Se amuebla el escenario vacío del silencio.
O, si hay silencio, éste se vuelve mensaje.
¿Por qué está callada? ¿En qué piensa?
No pienso, al menos no ejecuto lo que llaman pensar. Asisto al inagotable fluir del murmullo. A veces - casi siempre - estoy húmeda. Soy una perra, a pesar de Hegel. Quisiera un tipo con una pija así y cogerme a mí y dármela hasta que acabe viendo curanderos (que sinduda me la chuparán) a fin de que me exorcisen y me procuren una buena frigidez.
Húmeda
Concha de corazón de criatura humana,
corazón que es un pequeño bebé inconsolable,
"Como un niño de pecho he acallado mi alma" (Salmo)
Ignoro qué hago en la sala 18 salvo honorarla con mi presencia prestigiosa (si me quisieran un poquito me ayudarían a anularla)
oh no es que quiera coquetear con la muerte
yo quiero solaente poner fin a esta agonía que se vuelve ridícula a fuerza de prolongarse,
(Ridículamente te han adornado para este mundo - dice una voz apiadada de mí)
Y
Que te encuentres con vos misma - dijo.
Y yo le dije:
Para reunirme con el migo de conmigo y ser una sola y misma entidad con él tengo que matar al migo para que así se muera el con y, de este modo, anulados los contrarios, la dialéctica supliciante finaliza en la fusión de los contrarios.
El suicidio determina
un cuchillo sin hoja
al que le falta el mango.
Entonces:
adiós sujeto y objeto,
todo se unifica como en otros tiempos, en el jardín de los cuentos para niños lleno de arroyuelos de frescas aguas prenatales,
ese jardín es el centro del mundo, es el lugar de la cita, es el espacio vueto tiempo y el tiempo vuelto lugar, es el alto momento de la fusión y del encuentro,
fuera del espacio prófano en donde el Bien es sinónimo de evolución de sociedades de consumo,
y lejos de los enmierdantes simulacros de medir el tiempo mediante relojes, calendarios y demás objetos hostiles,
lejos de las ciudades en las que se compra y se vende (oh, en ese jardín para la niña que fui, la pálida alucinada en los suburbios malsanos por los que erraba del brazo de las sombras: niña, mi querida niña que no has tenido madre (ni padre, es obvio)
De modo que arrastré mi culo hasta la sala 18,
en la que finjo creer que mi enfermedad de lejanía, de separación de absoluta NO-ALIANZA con Ellos
- Ellos son todos y yo soy yo -
finjo, pues, que logro mejorar, finjo creer a estos muchachos de buena voluntad (¡oh, los buenos sentimientos!) me podrán ayudar,
pero a veces - a menudo - los recontraputeo desde mis sombras interiores que estos mediquillitos jamás sabrán conocer (la profundidad,cuanto más profunda, más indecible) y los puteo porque evoco a mi amado viejo, el Dr. Pichon R., tan hijo de puta como nunca lo será ninguno de los mediquitos (tan buenos, hélas!) de esta sala,
pero mi viejo se me muere y éstos hablan y, lo peor, éstos tienen cuerpos nuevos, sanos (maldita palabra) en tanto mi viejo agoniza en la miseria por no haber sabido ser un mierda práctico, por haber afrontado el terrible misterio que es la destrucción de un alma, por haber hurgado en lo oculto como un pirata - no poco funesto pues las monedas de oro del inconsciente llevaban carne de ahorcado, y en un recinto lleno de espejos rotos y sal volcada -
viejo remaldito, especie de aborto pestífero de fantasmas sifilíticos, cómo te adoro en tu tortuosidad solamente parecida a la mía,
y cabe decir que siempre desconfié de tu genio (no sos genial; sos un saqueador y un plagiario) y a la vez te confié,
oh, es a vos que mi tesoro fue confiado,
te quiero tanto que mataría a todos estos médicos adolescentes para darte a beber de su sangre y que vos vivas un minuto, un siglo más,
(vos, yo, a quienes la vida no nos merece)

Sala 18
cuando pienso en laborterapia me arrancaría los ojos en una casa en ruinas y me los comería pensando en mis años de escritura continua,
15 o 20 horas escrbiendo sin cesar, aguzada por el demonio de las analogías, tratando de configurar mi atroz materia verbal errante,
porque - oh viejo hermoso Sigund Freud - la ciencia psicoanalítica se olvidó la llave en algún lado:
abrir se abre
pero ¿cómo cerrar la herida?

El alma sufre sin tregua, sin piedad, y los malos médicos no restañan la herida que supura.
El hombre está herido por una desgarradura que tal vez, o seguramente, le ha causado la vida que nos dan.
"Cambiar la vida" (Marx)
"Cambiar el hombre" (Rimbaud)

Freud:
"La pequeña A. Está embellecida por la desobediencia", (Cartas...)

Freud: poeta trágico. Demasiado enamorado de la poesía clásica. Sin duda, muchas claves las extrajo de "los filósofos de la naturaleza", de "los románticos alemanes" y, sobre todo, de mi amadísimo Lichtenberg, el genial físico y matemático que escribía en su Diario cosas como:
"Él le había puesto nombres a sus dos pantuflas"
Algo solo estaba, ¿no?
(¿Oh, Lichtenberg, pequeño jorobado, yo te hubiera amado!)
Y a Kierkegaard
Y a Dostoyevsky
Y sobre todo a Kafka
a quien le pasó lo que a mí, si bien él era púdico y casto - "¿Qué hice del don del sexo?" - y yo soy una pajera como no existe otra;
pero le pasó (a Kafka) lo que a mí:
se separó
fue demasiado lejos en la soledad
y supo - tuvo que saber -
que de allí no se vuelve

se alejó - me alejé -
no por desprecio (claro es que nuestro orgullo es infernal)
sino porque una es extranjera
una es de otra parte,
ellos se casan,
procrean,
veranean,
tienen horarios,
no se asustan por la tenebrosa
ambigüedad del lenguaje
(No es lo mismo decir Buenas noches que decir Buenas noches)


El lenguaje
- yo no puedo más,
alma mía, pequeña inexistente,
decidíte;
te la picás o te quedás,
pero no me toques así,
con pavura, con confusión,
o te vás o te la picás,
yo, por mi parte, no puedo más.


1971

AP escribió este poema durante su estadía en el Hospital Pirovano. El texto, tal como se reproduce, está mecanografiado y lleva correcciones hechas a mano por la autora.

La compra en la feria

Ya ha pasado más de un mes desde que conseguí este libro, que ya empiezo a releer sin siquiera haber llegado a terminar. Es que quisiera asegurarme a cada momento de que realmente las palabras siguen ahí. Cada vez que vuelvo la página es para preguntarme "es real todo esto?". Claro, en un sentido escrito al menos. Algo me pasa con este libro, un empacho o un hastío (un "ya es demasiado" por lo menos) que no se me ocurrió nada mejor que cambiar de libro. Darle una mordida a un sabor diferente, para no embotar el paladar y volver luego, con la cabeza despejada, a las páginas en las que estoy ahora, intentando distinguir en qué momento el texto se tornó tan ofensivamente propio, conocido y comprensible. Son incoherencias que uno entiende, un idioma nuevo conformado por palabras viejas. Alguna vez se me ocurrió que las canciones eran populares porque lograban que el público se identificara con ellas. Entonces, si alquien escribiera una letra a la que la gente dijera "ajá, yo tambien estuve igual/mira tú, tambien estoy en las mismas" entonces tendríamos la fórmula perfecta para los éxitos. Fácil, no?. El Libro que conseguí para desperezarme de Pizarnik fue "Crónica de San Gabriel" de Ribeyro, y no puedo dejar se sentirme mal por ello, porque es una buena novela y porque mi único interés al leerla fue sacarme de la memoria las palabras de Alejandra. Otro poco de culpa, porque no me tomó ni 2 horas darle curso al bendito libro, cuando esperaba que me entretuviera por lo menos una semana. Retorno a Pizarnik. Tenemos algo pendiente que ya no puede esperar.

Ponte el traje...♫

Recitar! Mentre preso dal delirio,
¡Actuar! ¡Mientras preso del delirio,
non so più quel che dico,
no sé ya lo que digo
e quel che faccio!
ni lo que hago!
Eppur è d'uopo, sforzati!
Y sin embargo, es necesario... ¡esfuérzate!
Bah! sei tu forse un uom?
¡Bah! ¿Acaso eres tú un hombre?
Tu se' Pagliaccio!
¡Tú eres payaso!

Vesti la giubba,
Ponte el traje
e la faccia in farina.
y la cara en harina.
La gente paga, e rider vuole qua.
La gente paga y aquí quiere reír,
E se Arlecchin t'invola Colombina,
y si Arlequín te birla a Colombina,
ridi, Pagliaccio, e ognun applaudirà!
¡ríe, Payaso, y todos te aplaudirán!
Tramuta in lazzi lo spasmo ed il pianto;
Muda en pantomimas la congoja y el llanto;
in una smorfia il singhiozzo e 'l dolor, Ah!
en una mueca los sollozos y el dolor. ¡Ah!

Ridi, Pagliaccio,
¡Ríe, Payaso,
sul tuo amore infranto!
sobre tu amor despedazado!
Ridi del duol, che t'avvelena il cor!
¡Ríe del dolor que te envenena el corazón!