El amor se va volando

Al final, no hay final

Algún comentario?

Una de esta noches va a dibujarse en el umbral de mi puerta la silueta delgada y silenciosa de un hombre que no pronunciará palabra alguna porque no será necesario y porque no habrá siquiera saludos. Ni él ni yo llegaremos a saber como se llama el otro ni a calcular el tamaño de la tristeza porque, rápido, como si calzara los zapatos de la muerte, ese hombre se irá con Claudia...


Alguna vez pensé en la muerte. No en la parca, no la de la guadaña. Es la muerte real la que siempre estuvo acá adentro, separando mis neuronas, dejándome caer en el vacío, tensando mis visceras cual guitarra.
El no poder hacer nada, este "no-existir" en tí, ser el espectador de una película millares de veces vista. Dejar el corazón caer (una vez más). Esta muerte, la de no ser en tu plano de realidad. Incorpóreo como soy, incapaz de sujetar nada en la caida.

No reconozco en mí un poder tan mágico le dije, o tal vez lo pensé, ya no recuerdo


El título es de un cuento de Eduardo Gonzalez Viaña.

No hay comentarios.: