Koshka

Tomado de 365 tomorrows

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Koshka
de Viktor Kuprin
Junio 6, 2007

“Esta es la última llamada para evacuación. Todos debemos irnos. Vayan al parque por agua, alimento y atención médica. Si no pueden moverse, llamennos o hagan un ruido, e iremos a ayudarlos.”

El espacial Kuzmin trató de no mirar al expandido y rojo sol mientras caminaba por las desiertas calles urbanas. Nadie había salido a pesar de que había mandado el mensaje tres veces en cada cuadra de la ciudad tal y como se le había ordenado. Solo los tontos o locos esperarían tanto, pensó. El inestable sol que los lugareños bautizaron como Sosnovka acabaría pronto con este miserable mundo.

El detector de movimiento titiló, y Kuzmin se detuvo. Algo en las sombras de un callejón, pero no podía ver a nadie ahí. Afinó el parlante externo de su casco.

“Sal. Soy un CIS de la fuerza espacial. Tengo agua.”

Entonces lo vió. Lastimoso y polvoriento, un enorme gato callejero salió tambalenadose del callejón y perdió el sentido en la vereda caliente. Carraspeó y jadeó por aire mientras miraba a Kuzmin, con la lengua colgandole del hocico.

kuzmin tomó suavemente al gato y lo levantó de los flancos.

“Pobre viejo koshka, te dejaron atrás? Aquí, un poco de esto.”

Llenó su mano con el agua de su tubo de bebida y lentamente, cuidadosamente, dejó gotear el fresco líquido en los labios y lengua del gato. Este empezó a lamer y a tragar.

Kuzmin bajó el cierre de su traje ligero. El aire se sintió como el calor de un horno contra su pecho. Lentamente, acomodó al gato dentro de su fresco cubretodo. Y ahí se quedó, sin queja ni molestia. Pudo sentir al viejo gato zumbando débilmente, tratando de ronronear.

Y así, continuó hasta completar su ruta, sin que otros vagos, humanos o animales, fueran hallados

Mientras Kuzmin volvía al centro de evacuación, vió a otros que habian tenido éxito. Los últimos habitantes de Sosnovka Prima formaban un triste grupo. Dos de sus compañeros llevaban a la fuerza a un lunático que los maldecía por sus esfuerzos. Otros ayudaban a una mujer groseramente gorda, cuya sudorosa piel blanca indicaba un severo ataque de calor. Chicos sucios amontonados, miraban ansiosamente a las naves de tranporte.

Kuzmin estaba reabasteciendo su tubo de agua cuando una mano lo sujetó del hombro y le hizo dar vuelta sobre sus talones.

“Durak! Idiota! Te dije que el saqueo está prohibido!”

Era el teniente segundo Burkhanov, el comandante de sección. De un tirón, abrió el frente del traje de Kuzmin. Una peluda cabeza naranja de orejas aplanadas y ojos asustados le devolvía la mirada al oficial.

“Pero que?! Kuzmin, deshazte de esta … infección! Puede tener enfemedades! me entiendes?!”

Kuzmin negó con la cabeza. “No, señor. Lo siento. No lo dejaré aquí a quemarse.”

Los ojos de Burkhanov se abrieron de ira. Pero se contuvo. Era raro que un recluta de los hombres del espacio rechazara una orden. Y nunca Kuzmin, uno de los más hábiles.

“Bah! prepárense para partir!” Se dirigió hacia el transporte.

Al pasar de los dias, el viejo gato se acostumbró muy bien a la vida de la nave espacial. kuzmin estaba en la sala de descanso, dandole unos cuantos peces sproti a su mascota cuando un tripulante gritó “Ya empezó!” Todos dejaron su comida y corrieron a las ventanas.

El punto crítico había sido alcanzado: Inmolación. Oleadas de fuego barrieron el planeta vecino.

Un hombre cerca de Kuzmin resolló y se santiguó. Era Burkhanov, el rostro triste iluminado por esa tormenta de llamas infernales.

Kuzmin vió nerviosamente como el viejo Koshka vagabundeaba entre los tobillos del oficial. Quedó sorprendido cuando Burkhanov lo levantó, lo puso contra su hombro y comenzó a acariciar al refugiado más pequeño de Sosnovka.

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