Ya había sucedido otras veces

Pero ya son 3 veces seguidas!

Primero: pensando en alguien, se me ocurrió que su amabilidad generaría un karma tál, que no permitiría que alguna margarita que caiga en sus manos sea de petalos pares. Dias después leo un post que habla de los pétalos segundos de las margaritas. Hay relación? no: es muy genérico.

Segundo: Hace unas semanas, regresando del trabajo en una de esas caminatas pensativas, se me ocurre escribir algunas conclusiones sobre mi situación actual (si pues, a veces me pongo así de solemne): Por los caracteres comunes de cada género, concluyo que la razón por la cual es la mujer (casi siempre) quien decide romper la relación es porque, al saberse vulnerable y notar el desinterés/calma de la pareja, lo toma como si fuera ella la única que sufrirá en caso la relación vaya mal. Al no sentirse apoyada en sus temores (o sea, creer que es la única que se preocupa), decide cortar antes que la situación "empeore" (o sea, que ella se sienta mas enlazada a la relación y le afecte mas la separación - muchos "o sea", manyas? - ). El sábado último escucho a una amiga exponer que su padre hace mención al hecho de que mayormente sean las mujeres las que decidan finalizar una relación. De acuerdo: puede que sea una de las interrogantes que cada individuo llega a plantearse en determinado momento de su vida.

Tercero: Ese mismo sabado, al regresar a casa, me viene a la mente el cuadro de Dalí "La persistencia de la memoria". Tengo la tara mental de considerar que algunas palabras tienen un concepto/significado particular, además del que proporciona el diccionario. Cuando escucho "memoria", mi mente - por una retorcida antonimia - la relaciona con "imaginación". O sea: "Memoria" contrario de "Imaginación" y viceversa. Asi, le doy a la memoria el valor de "real", como en un momento le dí a la imaginación el valor de "falso". Pero el cuadro de Dalí destroza esa idea. Como si los recuerdos guardados en la memoria (y por ende "reales") fueran deformados con el paso del tiempo. Le damos a la memoria el valor de "real" porque necesitamos sujetarnos a algo seguro. Entonces nos damos cuenta que solo tenemos la mente. Finalmente - por salud mental - nos convencemos de que la mente es fiable, y nos sujetamos a ella, a su "seguridad" que es para nosotros salvación y bálsamo. En el cuadro, el tiempo se deforma a su propio paso. Así nuestros recuerdos van variando con el paso del tiempo. La esencia, la "solidez" de cada recuerdo, va cediendo al paso del tiempo, hasta quedar como en el cuadro. En algunos casos llega a ser una caricatura en la cual uno puede aún reconocer el objeto recordado, pero se ve obligado a admitir - para sus adentros - que ha cambiado. Eso me transmiten esos relojes chorreados. Es por ello que probablemente dentro de unos años siga recordando una mirada, pero recordaré también que a esa mirada le siguió un beso en la frente (cosa que aún no llego a "recordar"). Años después, seguiré recordando esa mirada y ese beso, recordaré además aquel cuerpo receptivo a mi abrazo, escuchando el latido de mi corazón. Quien sabe que cosas más recordaré en años venideros, que no recuerdo aún.


Hoy saliendo del icpna, encuentro en la vitrina mural que hay una exposición titulada El paisaje de la memoria insomne

Que coincidencia, no?

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