Tan solo dejar que ingrese

La sangre. Por los oidos, los ojos, a través de esta respiración acompasada al ritmo de una melodia que se pierde en su velocidad. Un latido alucinado que dirige la conciencia de pertenencia de cada milímetro en la piel, multiplicando el efecto de cada roce, cada caricia. Uno siente cada poro presente, se siente vivo en cada punto.

la euforia no disminuye con el tiempo, y uno se siente a punto de explotar.

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