El Silencio

De la traducción al inglés
del cuento The Silence
de Haruki Murakami,
a cargo de Alfred Birnbaum.

Así que volteé hacia Ozawa y le pregunté si alguna vez había golpeado a alguien en una discusión.
"¿Por qué me preguntas eso?" Ozawa entrecerró los ojos, observándome. Aquella mirada no era habitual en él. Como si hubiera un súbito resplandor que solo él hubiera podido ver. Una luz que se apagó rápidamente, volviendo a su natural expresión pasiva.
Nada en especial, le dije. Solo se me ocurrió. No había querido implicar nada con esa pregunta, era solo por curiosidad. Completamente de la nada, seguramente.
Decidí cambiar de tema, pero Ozawa no parecía querer dejarlo. Parecía perdido en sus pensamientos, conteniéndose o vacilando. Dejé de intentar animarlo y me puse a observar las estelas plateadas de los jets por la ventana.
No sé como salió el tema. Habíamos estado haciendo tiempo esperando por nuestro vuelo, y él contaba como había empezado a ir a un gimnasio a practicar boxeo desde que estaba en secundaria. Mas de una vez había sido seleccionado para representar a su universidad en encuentros de boxeo. Incluso ahora, a la edad de treinta y uno, continuaba yendo al gimnasio cada semana.
Era difícil imaginarlo. Aquí estaba este tipo con el que hacía negocios todo el tiempo. No tenía para nada la imagen de duro peleador que pudiera tener alguien que boxea desde hace veinte años. Era un tipo particularmente tranquilo, de pocas palabras. Aunque sería difícil encontrar persona más definida en sus costumbres de trabajo. Totalmente sincero. Nunca de forzar demasiado a los demás, nunca de hablar de otros a sus espaldas, nunca de quejarse. Sin importar que tan cargado de trabajo estuviera, nunca alzaba la voz o siquiera arqueaba las cejas. En pocas palabras, era el tipo de persona con el que no podías evitar simpatizar. Cálido, despreocupado; muy alejado de lo que se pudiera considerar agresivo. Cual era la conexión entre este tipo y el boxeo? Porqué había elegido el box, para empezar? Así que eso le pregunté.
Estábamos tomando un café en el restaurante del aeropuerto, a la espera de nuestro vuelo a Niigata. Estábamos a inicios de noviembre y el cielo estaba cargado de nubes. En Niigata había nevado y los aviones se habían retrasado. El aeropuerto estaba lleno de gente merodeando, viéndose cada vez más deprimida con cada nuevo aviso de retraso en los vuelos. En el restaurante, el calor era insoportable y a cada rato tenía que secarme el sudor con un pañuelo.
"Técnicamente, no," Ozawa respondió de pronto luego de un largo silencio. "Desde que empecé con lo del boxeo nunca golpeé a nadie. Te machacan con esto desde que empiezas a boxear: alguien que boxea nunca, pero nunca, debe golpear a nadie, sin usar los guantes, fuera del ring. Una persona ordinaria podría meterse en problemas si le encajara un mal golpe a alguien. Pero si el atacante fuera un boxeador sería Asalto intencional con arma letal."
Asentí
"A decir verdad, si golpeé a alguien, una vez." dijo Ozawa. "Estaba en octavo grado. Era exactamente por el tiempo en que había empezado a aprender a boxear. No es excusa, pero esto fue justo antes de aprender alguna técnica de boxeo. Estaba aún en la parte de ejercitar el cuerpo: saltar la cuerda, estiramientos y correr, cosas como esas. Y a decir verdad, yo ni siquiera tenía intención de lanzar el golpe. Solo me molesté, y mi puño ya estaba en camino, no pude detenerme. Antes de darme cuenta, ya la había encajado. Había golpeado al tipo, y aun así todo mi cuerpo seguía temblando de ira.
Ozawa había comenzado a boxear porque su tío administraba un gimnasio de box. No era el sitio a donde se va solo a sudar; este era un local serio, que había producido un dos veces campeón peso Welter del este de Asia. De hecho, para empezar, fueron los padres de Ozawa quienes le sugirieron entrenar. Estaban preocupados por su hijo, el ratón de biblioteca, siempre encerrado en su habitación. Al principio, el chico no estaba muy interesado, pero su tío le caía bien y se dijo a si mismo que si no le gustaba el deporte entonces podía dejarlo en cualquier momento. Fue así como tranquilamente, fue tomando la costumbre de acudir regularmente al gimnasio de su tío, que quedaba a una hora en tren.
Luego de los primeros meses, el interés de Ozawa en el boxeo lo sorprendió incluso a él. La principal razón era que el box era fundamentalmente un deporte solitario. Una búsqueda en extremo solitaria. Para él era algo así como el descubrimiento de un nuevo mundo. Y ese nuevo mundo lo emocionaba. El sudor volando de los cuerpos de aquellos viejos, el chirriante tacto de los guantes, la intensa concentración de hombres con músculos afinados para responder a la velocidad del rayo; poco a poco todo eso fue apoderándose de su imaginación. Pasar los sábados y domingos en el gimnasio se convirtió en uno de sus pocos placeres.
"Una de las cosas que me gustan del boxeo es la profundidad, eso es lo que me atrapó. Comparado con eso, golpear o ser golpeado no es gran cosa, es solo la consecuencia. Lo mismo con ganar o perder. Si tú puedes llegar hasta lo más profundo, perder no importa; nada puede lastimarte. Además, nadie puede ganar en todo; alguien tiene que perder. Lo importante es tener eso en claro. Al menos para mi, de eso se trata el boxeo. Cuando estoy en un match, siento como si estuviera en el fondo de un profundo agujero. Tan profundo que no puedo ver a nadie más y nadie puede verme. Allá abajo, en la obscuridad, luchando. Totalmente solo. Pero no tristemente solo," dijo Ozawa. "Hay distintos tipos de soledad. Está la soledad trágica que te arranca los nervios de dolor. Y también está la soledad que no se siente para nada como soledad, aunque para llegar a ese punto tienes que desconectarte de tu cuerpo. Si te esfuerzas, obtienes resultados. Eso es lo que aprendí del boxeo."
Ozawa hizo una pausa.
"En verdad, estaba así de cerca de no hablar de ello," dijo. "Incluso desearía poder borrar la historia de mi cabeza por completo pero por supuesto, nunca se puede. ¿Por que es que nunca se puede olvidar lo que realmente quieres olvidar?" Ozawa esbozó una sonrisa y luego pasó la vista por su reloj. Aun había tiempo de sobra, así que empezó su reflexión.
El sujeto al que Ozawa golpeó era un compañero de clase, de nombre Aoki. Ozawa odiaba al tipo desde el principio. El porqué, no lo sabría explicar. Todo lo que sabía era que lo odiaba desde lo más profundo desde que lo vió.Era la primera vez que despreciaba a alguien.
"Pero así sucede, ¿cierto?" dijo. "Quizás una sola vez, pero todos hemos experimentado alguna vez algo así. Detestar a alguien sin ninguna razón en particular. No soy de los que odian ciegamente, pero te juro que hay gente que sencillamente te saca de tus casillas. No es algo racional. Pero el problema es que, en la mayoría de casos el otro tipo te odia igual.
"Este Aoki era un estudiante modelo. Sacaba buenas notas, era el primero de la clase, mascota del profesor y todo eso. También era muy popular. Claro que la nuestra era una escuela solo de varones, pero les caía bien a todos. A todos excepto a mí. Yo no lo soportaba. No le soportaba ese aire de sabelotodo, ni esa actitud calculadora. Bueno, si me preguntaran qué era exactamente lo que me molestaba de él no sabría qué contestar. Lo que si puedo afirmar con seguridad es que yo sí sabía como era él realmente. Y ese orgullo. El asco que me producía la asquerosa terquedad de su soberbia, era insoportable. Era una reacción visceral, como cuando el olor corporal de alguien te desanima por completo. Pero Aoki era astuto y sabía cómo cubrirse. Así que la mayoría de la clase pensaba que él era limpio, amable y considerado. Cada vez que escuchaba a la gente alabarlo - claro que no iba yo a darles la contraria - definitivamente me molestaba."
"En casi todos los sentidos, Aoki y yo eramos completamente opuestos. Yo era un chico callado que no sobresalía en clase. Yo estaba feliz con que me dejaran solo. Claro, tenía amigos, pero no verdaderos amigos en la vida. En cierto modo, tal vez había madurado muy pronto. En vez de salir con mis compañeros de clase me mantenía aparte. Leía libros o escuchaba los discos de música clásica de mi padre o iba al gimnasio a escuchar las conversaciones de los mayores. No había mucho que ver. Mis calificaciones no estaban mal pero tampoco eran las mejores. Los profesores se olvidarían fácilmente de mi nombre. Asi que, comprenderás, era de los que uno no llega a conocer bien. Así era yo, simpre perfil bajo. Nunca le hablé a nadie acerca del gimnasio, los libros o los discos."
"Con Aoki sucedía todo lo contrario. Todo lo que hiciera daba la impresión de un cisne en un mar de lodo. La estrella de la clase, sus opiniones valoradas, siempre por encima de todos. Hasta yo tenía que admitirlo, era sorprendente su rapidez y agudeza mental. Podía inferir rápidamente lo que los otros pensaban e ir adecuando sus respuestas sobre la marcha. Tenía una cabeza bien afinada sobre esos hombros. No era raro que todos estuvieran impresionados con Aoki. Todos excepto yo."
"Suponía que Aoki estaría al tanto de lo que yo pensaba de él. No era tonto, además estaba seguro de que él tampoco estaba muy emocionado conmigo. Después de todo, yo tampoco era estúpido, claro. Yo leia más que cualquiera de ellos. Pero, sabes? Cuando eres joven esa diferencia se nota, haciéndome ver como un engreido, incluso condescendiente. Además, mi forma de ser, reservado; no ayudaba."
"Entonces pasó que, al final del período saqué la nota mas alta en un examen de inglés. Era la primera vez que me pasaba, pero no había sido suerte; había algo que yo quería - ya ni recuerdo qué - y había hecho un trato en casa de que si lograba el primer puesto en clase me lo iban a comprar. Así que me puse a estudiar como loco. Estudié todo lo que podía venir en el examen. Si tenía un momento libre repasaba las conjugaciones de verbos. Prácticamente me llegué a memorizar todo el libro, así que cuando salieron los resultados no fue sorpresa para mi. Era el resultado esperado."
"Los sorprendidos fueron todos los demás. Incluso el profesor. Y Aoki. Es más, estaba en shock. El había sido siempre el mejor alumno en Inglés. El profesor incluso se permitió bromear a expensas de Aoki mientras anunciaba las calificaciones. Aoki se puso rojo. Seguramente habrá pensado que se burlaban de él."
"Dias después alguien me avisó que Aoki estaba soltando cierto rumor sobre mi. Decía que yo había hecho trampa en el examen, cómo entonces, hacia conseguido el puntaje más alto? Cuando escuché eso realmente me harté. Lo que debía haber hecho era reírme y olvidarlo. Pero un estudiante de preparatoria no tiene ese tipo de calma."
"Luego del receso del mediodía confronté a Aoki. Le dije que quería hablar con él a solas, alejado de los demás. Le dije que había oído este rumor y le pregunté que significaba eso. Pero Aoki solo podía mostrar su desprecio. Así como, por qué me importaba tanto? Como, si por pura suerte habia conseguido la nota mas alta, porque estaba entonces tan a la defensiva, y con qué derecho me ponía así de engreído, además? Después de todo, todos sabían lo que había pasado realmente, no? Entonces trató de hacerme a un lado, seguramente creyendo que como estaba en forma y era más alto que yo entonces también sería más fuerte que yo. Ahí fue que esquivé y le dí el golpe en toda la cara a ese imbécil. Fue puro reflejo. No me di cuenta de que el golpe había encajado perfecto en su mejilla izquierda sino hasta un segundo después, cuando Aoki se fue a un lado y se golpeó la cabeza con la pared. Hubo un golpe seco. Había sangre saliendo de su nariz y manchando su camisa blanca. Se quedó ahí aturdido, sin saber lo que había pasado.
"Yo, por mi parte, me arrepentí al momento en que mi puño tocaba su rostro. No debí haberlo hecho. Me sentí miserable. Había sido un acto inútil. Como dije, aún temblaba de ira pero sabía que habían cometido una estupidez.
Pensé en pedirle disculpas a Aoki, pero no lo hice. Si hubiera sido a cualquier otra persona, probablemente sí hubiera pedido disculpas. Era simplemente que no me iba a disculpar con ese cretino. Lamentaba haber golpeado a Aoki, pero no lo suficiente como para disculparme con él. No sentía un ápice de arrepentimiento. Imbéciles como él se merecían los golpes. Él era un gusano, y a los gusanos se les pisotea. Aun así no debí haberlo golpeado. Era una verdad que reconocía dentro de mí, solo que muy tarde. Ya habia dado el golpe. Dejé a Aoki ahi y me fui.
En la tarde Aoki no se apareció a clases. Probablemente se fue directo a su casa, pensé. Pero por el resto del día una horrible sensación me carcomía sin descanso. No podía escuchar música, no podía leer; no podía disfrutar nada. Sentía esta sucia substancia coagulándose en mis entrañas, que no me dejaba en paz. Era como si me hubiera tragado algo ligoso. Acostado en mi cama mirando mi puño, fui alcanzado por la realidad: cuan solo estaba. Y lo odié aún más por mostrármelo."
De ahi en adelante Aoki me ignoró por completo. Actuaba como si yo no existiera. Continuó sacando las calificaciones mas altas. Yo, por mi parte, no volví a poner alma y corazón en estudiar para un examen. No le encontraba ningún sentido. La idea de competir seriamente con alguien me aburría. Cumplía con los deberes lo suficiente como para mantenerme a flote y hacía lo que quería el resto del tiempo. Continuaba yendo al gimnasio de mi tío, dándole duro al entrenamiento. Para un estudiante de preparatoria, estaba empezando a mostrar resultados. Podía sentir mi cuerpo cambiando: los hombros ensancharse, el pecho engrosarse. Mis brazos se endurecieron y mis facciones se tensaron. Yo pensaba; esto es lo que significa convertirse en adulto. Se sentía grandioso. Cada noche, me observaba desnudo frente al espejo grande del baño, de lo fascinado que estaba con mi cuerpo.
Al siguiente año escolar, Aoki y yo estuvimos en clases distintas. Yo estaba contento de no tener que verlo todos los dias, y estaba seguro de que el sentimiento era mutuo, así que pensé que todo el asunto se esfumaría como un mal recuerdo. Pero no era tan simple. Al parecer Aoki aún esperaba la oportunidad para su venganza. Esperando el momento preciso para arrancármelo todo. Ese bastardo estaba lleno de maldad.
Aoki y yo ibamos avanzando grado a grado. Era la misma secundaria privada y preparatoria pero cada año nos tocaban salones distintos. Así hasta el último año: vaya que se sintió feo cuando nos vimos cara a cara en ese salón. La manera en que me miraba, me perforaba las entrañas. Podía sentir esa ligosidad supurando de nuevo.
Ozawa frunció los labios y se quedó mirando su taza de café. Luego me dirigió la mirada con una leve sonrisa. Del otro lado de la placa de vidrio de la ventana llegaba el rugido de motores. Un 737 se elevaba clavándose como una cuña en las nubes y desvaneciéndose de la vista.
"El primer semestre pasó sin sobresaltos. Aoki no había cambiado nada desde octavo grado. Hay gente que no se desarrolla, pero tampoco se regenera; se mantienen exactamente como siempre han sido. Aoki seguía siendo el primero de la clase, aún era el señor Popular. Aunque para mí seguía siendo un repugnante cretino. Nos esforzamos por no mirarnos el uno al otro. Dejame decirte, no es divertido tener a tu demonio personal en el mismo salón. Pero no se podía evitar. La mitad de la culpa era mía, además.
"Luego llegaron las vacaciones de verano. Mis últimas vacaciones de verano como alumno de preparatoria. Mis calificaciones estaban bien, lo suficiente como para ingresar a alguna universidad promedio, así que no repasaba para los exámenes de admisión. Mis padres no hicieron alharaca por eso así que yo continuaba estudiando como siempre. Sábados y domingos iba al gimnasio y el resto del tiempo leía y escuchaba discos.
"mientras tanto, todos estaban ojerosos. Toda la escuela, desde preparatoria, se había convertido en la típica fábrica de repasar. Que quien entró a cual universidad, cual ranking de cuantas matrículas en donde- los profesores no hablaban de otra cosa. Lo mismo con los estudiantes. Para los del último año, todos ya sentían el filo en el cuello, y la atmósfera en clase era tensa. Apestaba. No me había gustado la primera vez, el primer año que empecé a estudiar, y seguía sin gustarme seis años después. Además, al final no había encontrado un solo verdadero amigo. Si no hubiera empezado con el boxeo, si no hubiera empezado a ir al gimnasio de mi tío, hubiera estado jodida y completamente solo.
"Como sea, durante las vacaciones de verano sucedió algo terrible. Un compañero de clase, un chico llamado Matsumoto, se había suicidado. No era un estudiante particularmente brillante. Francamente, no había dejado la menor impresión. Cuando me enteré de su muerte, apenas podía recordar su apariencia. Había estado en mi clase pero dudo que hayamos hablado mas de dos o tres veces. Algo desgarbado, de complexión delgada. Es todo lo que podría decirte de él. Matsumoto murió poco antes de la quincena de agosto. Lo recuerdo porque su funeral fue el dia del armisticio. Fue un dia abrasador. Recibimos esa llamada telefónica informando que el muchacho había muerto y que todos teníamos que asistir al funeral. Todo el salón. Matsumoto había saltado a las vias del tren subterráneo, por razones desconocidas. Él había dejado una nota suicida, pero todo lo que decía era que ya no quería seguir yendo a la escuela, nada más. Al menos, eso era lo que se decía.
Naturalmente, este suicidio puso a la administración de cabeza. Despues del funeral, los alumnos mayores fueron llamados de vuelta a la escuela y sermoneados por el director acerca de cómo deberíamos lamentar la muerte de Matsumoto, cómo todos nosotros debíamos de soportar el peso de su muerte, como deberíamos trabajar con más ahínco para superar nuestro dolor. El discurso sentimental de siempre. Entonces se nos preguntó si sabíamos algo acerca del motivo del suicidio de Matsumoto; si es que lo sabíamos, había que salir y dejar las cosas claras. Nadie dijo nada.
Claro que lamentaba lo del compañero muerto, pero, de algún modo, no dejaba de parecerme absurdo. O sea, él tenía qué saltar? Si no te gusta la escuela, entonces no vayas. Faltaba solo medio año para ya dejar de ir a esa miserable escuela; además, porqué matarse? No tenía sentido. El tipo estaba probablemente neurótico, pensé, llevado al borde por la tensión de los exámenes día y noche. No es para sorprenderse, si te pones a pensar; tarde o temprano un coco se vuelve loco.
Cuando las vacaciones de verano terminaron y la escuela empezó de nuevo, empecé a notar algo extraño en el ambiente. Mis compañeros de clase parecían mantener su distancia. Preguntaba cualquier cosa y solo obtenía respuestas breves y frias. Al principio pensé que sería la presión, ya que todos estabamos en exámenes, no? no le dí muchas vueltas al asunto. Pero luego, cinco días después, de la nada, fuí llamado a la oficina del director. Me preguntó que si era verdad que yo entrenaba en un gimnasio de boxeo? si, pero no iba contra las reglas del colegio. Hace cuanto que iba? desde el octavo grado. Era cierto que había golpeado a Aoki con el puño cerrado en la secundaria? Si, es cierto, no iba a negarlo. Y eso fué antes o después de haber empezado con el boxeo? Después, pero le expliqué que fué antes de empezar con el entrenamiento en sí. El director no estaba escuchando. De acuerdo, se aclaró la garganta, había alguna vez golpeado a Matsumoto? Estaba aturdido.O sea, como le decía, si casi nunca le hablaba a este Matsumoto, por qué habría de golpearlo? y eso es lo que le dije al director.
Matsumoto siempre era golpeado en la escuela, me informó el director. A menudo regresaba a casa cubierto de moretones. Su madre fue a quejarse de que alguien en la escuela, de esta escuela, le pegaba para quitarle sus propinas. Pero Matsumoto nunca le dio ningún nombre a su madre. El seguramente pensó que sería peor si hablaba. Y al no poder soportar todo eso, el muchacho se suicidó. Lamentable, pensé, que no pudiera decírselo a nadie. había sido muy maltratado. Así que la escuela estaba viendo el caso. Si hubiera algo que tuviera en mente, o si fuera a hacerme responsable. En cuyo caso el asunto sería tratado en privado. Si no, la policía se haría cargo de la investigación. Quedaba claro?
De inmediato supe que Aoki estaba detrás de esto. tenía su toque característico, esto de sacarle provecho a algo como la muerte de Matsumoto. Apuesto a que ni siquiera tuvo que mentir. No lo necesitaba. Se había enterado que yo iba a un gimnasio de box - quien sabe como? -  y luego, cuando escuchó por ahí que alguien golpeaba a Matsumoto, el resto fue fácil. Como sumar uno mas uno. Reportar que yo iba a un gimnasio y que lo había golpeado. No se necesitaba nada más. Ah, estoy seguro que habrá agregado algunos adornos, como por ejemplo, como que tenía miedo de mí, que por eso no le había contado a nadie acerca de eso antes, o de como yo realmente lo hice sangrar. Nada que pueda comprobarse fácilmente como una mentira. Era así de cuidadoso. retocando los hechos solo un poco, afinando esta atmósfera de implicación innegable. Era una habilidad que él practicaba.
El director me fulminó con la mirada: culpable. Para él, cualquiera que vaya a un gimnasio de box ya era sospechoso de ser un delincuente. Tampoco es que yo fuera el tipo de estudiante que se llevara bien con los profesores. Tres días después fui llamado por la policía para interrogarme. No hace falta decir, que yo estaba en shock.
Me hicieron pasar por un sencillo interrogatorio policial. Les dije que rara vez hablaba con Matsumoto. Que era cierto que había golpeado a un compañero de estudios llamado Aoki tres años antes, pero ese había sido caso completamente ordinario, por una estúpida discusión, y que no había provocado problemas desde entonces. Eso era todo. Hay rumores de que tú golpeabas al tal Matsumoto, dijo el oficial de guardia. Son solamente eso, le dije, rumores. Alguien que me odia lo está esparciendo. Es falso: no  hay pruebas; no hay caso.
Se corrió la voz por la escuela de que la policía me había interrogado, y el ambiente en clase se hizo aún más frío. una citación policial era como un veredicto - como, ellos no encierran a la gente sin motivos, verdad? Todos creían que yo era el que había estado golpeando a Matsumoto. No sé que tonterías habrá estado dándoles Aoki pero todos se la tragaron. Ni siquiera tenía interés de saber de qué iba la historia. Ya sabía que eran huevadas. Nadie en la escuela me iba a hablar. y como poniéndose de acuerdo - tenía que ser así - me aplicaron el silencio. Incluso mis pedidos urgentes caían en oídos sordos. Me evitaban como a la plaga. Mi existencia fue borrada de su campo de visión.
Incluso los profesores se esforzaron por no mirarme. Decían mi nombre al pasar lista, pero nunca me dirigían la palabra en clase. Educación física era lo peor. Cuando nos dividían en equipos, yo me quedaba sin grupo. Nadie se iba a juntar conmigo y el profesor iba a fingir que no pasaba nada. Yo iba a la escuela en silencio, escuchaba la clase en silencio, me iba a casa en silencio. Día tras día, un vacío. Dos o tres semanas de esta situación y perdí el apetito. Perdí peso. No podía dormir en la noche. Me quedaba ahí, completamente cansado, con la cabeza llena de todas esas imágenes desagradables. Y cuando estaba despierto, mi mente estaba envuelta en una espesa niebla. Ya no estaba seguro de estar dormido o despierto.
Incluso abandoné las prácticas de boxeo. Mis padres se empezaron a preocupar y me preguntaron si algo andaba mal. Qué les iba a decir? nada, solo estoy cansado. Qué iba a lograr contándoles? Luego de la escuela me iba a encerrar a mi habitación. No tenía nada más que hacer. Todo esto veía con la mirada perdida en el techo. Imaginaba todo tipo de escenarios: el más común era en el que me veía a mí mismo golpeando a Aoki. Lo encontraría a solas y lo agarraría a golpes, una y otra vez. Le diría lo que pienso de él - pedazo de basura - y le sacaría la mierda. Ya podría gritar y llorar todo lo que quisiera - perdóname, perdóname - pero yo solo continuaría golpeando, hasta dejarle la cara hecha pasta. Solo que después de un rato de haber empezado, empezaría a sentirme enfermo. Estaba bien al inicio, estaba excelente. Era lo que se merecía el bastardo. Pero lentamente, la náusea me iba alcanzando. Pero ni por eso iba a dejar de golpear a Aoki. Miraba al techo y su rostro estaba ahí y yo estaba golpeando y ya no podía detenerme. Al final él quedaba hecho mierda y yo tenía ganas de vomitar.
Pensé en pararme en frente de todos y declarar abiertamente mi inocencia, que yo no había hecho nada. Pero quien iba a creerme? y porqué era yo el que tenía que disculparse ante esa panda de pavos que se tragaban todo lo que Aoki decía?
Así que estaba atrapado. No podía darle a Aoki la paliza que se merecía y tampoco podía explicarle a nadie. Tenía que callar y aguantar. Quedaba solo medio año. Al terminar este semestre la escuela se acababa y ya no tendría que responder ante nadie. Medio año más, batallando con el silencio. Pero podría soportar todo ese tiempo? no creía poder soportar siquiera un mes. En casa, iba marcando cada día en mi calendario - ya va un día, ya va otro día - Estaba siendo aplastado. Ahora, pensando en ello; no puedo creer lo cerca que estuve de la zona de peligro.
Mi primera señal de alivio llegó un mes después. Por accidente, camino a la escuela, me encontré cara a cara con Aoki en el tren. Como siempre, estaba tan lleno que no te podías mover. Y ahí estaba Aoki, como a dos o tres personas de distancia, sobre el hombro de alguien, encarándome. Debía de verme terrible, falto de sueño, un despojo neurótico. Al inicio me dio esa sonrisa, como diciendo, así que como te va ahora, eh? Aoki tenía que saber que yo ya sabía que él estaba detrás de todo eso. Nuestros ojos se encontraron. Nos observamos mutuamente. Pero al observarlo detenidamente a los ojos, una emoción extraña se apoderó de mí. Claro, estaba furioso con Aoki. Odiaba al tipo. Quería matarlo. Pero de repente, al mismo tiempo, ahí en el tren, sentí algo así como lástima. O sea, era esto lo mejor que ese payaso podía hacer? era esto todo lo que él necesitaba para sentirse superior? Podía realmente sentirse tan satisfecho, tan feliz consigo mismo por esto? Era patético.Realmente sentí una gran pena. De pensar que este idiota sería completamente incapaz de conocer una felicidad real, un orgullo real. De saber que pudieran existir criaturas tan faltas de profundidad humana. No es que yo sea un tipo profundo, pero al menos sé reconocer a un ser humano cuando lo veo. Pero su calaña, no. Su vida era tan plana como una pizarra. Él era solamente superficie, sin importar lo que hiciera. No era nada.
Le sostuve la mirada mientras todas aquellas emociones me embargaban, y ya no sentía las ganas de golpearlo. Ya no me podía importar menos. En serio, me sorprendí de reconocer lo poco que me importaba. Y entonces supe que podría con otros cinco meses de silencio. Aún tenía mi orgullo. No iba a dejar que una alimaña como Aoki me hundiera con él.
Esa fue la mirada que le dí a Aoki. Él habrá pensado que era un duelo de miradas, el cual no iba a perder, y cuando el tren llegó a la estación no interrumpimos las miradas. Pero al final, fue Aoki quien vaciló. Apenas un temblor en las pupilas, pero yo lo noté. Justo ahí. La mirada de un boxeador cuyas piernas ya no le responden. Él está dando órdenes, pero ellas ya no se mueven. Y él, rígido, ni lo nota; él piensa que aún está dando los pasos, pero sus piernas ya están muertas. Se quedaron en el camino y ahora son sus hombros lo que ya no bailan. Lo que significa que ya no hay poder en sus golpes. Era esa mirada. Algo anda mal, pero él ya no puede reconocerlo.
Después de eso, ya era libre. Dormí como nunca, comí mis comidas completas, fui al gimnasio. No iba a ser derrotado. No era como si hubiera derrotado a Aoki, tampoco. Se trataba mas bien de no perder ante la vida. Es muy fácil dejarse hundir por aquellos que te joden la vida. Así que me mantuve por cinco meses más. Nadie me dirigió una palabra. No estoy equivocado, me decía a mí mismo. Todos los demás lo están. Sacaba pecho cada día al ir a la escuela. Y después de la graduación fui a una universidad en Kyushu, lejos de toda esa panda de la preparatoria.
Entonces, Ozawa dejó escapar un profundo suspiro. Luego preguntó si quería otra taza de café. No gracias, dije, ya me había tomado tres.
“La gente que pasa por una experiencia tan dura como esa son gente cambiada, les guste o no”, dijo “esa gente cambia para mejor y también para peor. Para mejor, porque ya son inquebrantables. Comparado con ese medio año, el resto del sufrimiento que experimenté ya ni siquiera cuenta. Puedo aguantar casi todo. También me ha hecho más sensible al sufrimiento de la gente que me rodea. Eso es lo positivo. Me hizo capaz de hacer algunos verdaderos amigos. Pero también está el lado negativo. O sea, me es imposible, en mi cabeza, creer en la gente. No es que odie a la gente, tampoco que haya perdido la fe en la humanidad. Tengo esposa e hijos. Hemos formado un hogar y nos protegemos. Cosas como esas no se logran sin confianza. Es solo que claro, en este momento estamos viviendo una buena vida. Pero si algo sucediera, si realmente pasara algo que lo arrancara todo de raíz; aún rodeado de una familia feliz y buenos amigos, no sé lo que haría. Qué pasaría si un día, sin ninguna razón, nadie creyera una palabra de lo que dijeras? eso sucede, lo sabes. De repente, un día, de la nada. Siempre estoy pensando en eso. La última vez fueron solo seis meses, pero la siguiente? nadie puede saber; no hay garantía. No tengo la confianza para saber cuanto podré soportar la próxima vez. Cuando pienso en esas cosas, realmente me estremezco. Empezaré a soñar con eso y a despertar en medio de la noche. Sucede con cierta frecuencia, de hecho. Y cuando sucede, despierto a mi esposa, me aferro a ella y lloro. A veces por toda una hora, estoy así de asustado”.
Se detuvo y observó las nubes por la ventana. Casi ni se movían. Como una pesada cubierta, regalo de los cielos, absorbiendo los colores de la torre de control y de los aviones y de los vehículos en tierra, de la pista y de los hombres en uniforme.
“La gente como Aoki no me asusta. Los hay en todos lados, pero ya no me hago problemas con ellos. Cuando me encuentro con ellos ya no me meto. Los veo acercarse y me voy a otro lado. Los puedo distinguir en un instante. Pero al mismo tiempo, tengo que admirar a los Aokis del mundo. El mantener el perfil bajo esperando el momento indicado, esa habilidad para aprovechar las oportunidades, el talento para jugar con la mente de los demás - eso es algo poco común. Odio tanto a esa gente que me da ganas de vomitar, pero reconozco su talento.
No, lo que realmente me asusta es lo fácil, como, sin analizarlo, la gente se cree la basura que alimañas como Aoki van soltando. Como es que esos Aokis no logran producir nada por sí mismos, no tener ni una sola idea, y hablar tan bonito, como estas alimañas pueden convencer a los crédulos de algo y hacer que actúen en consecuencia, en manada. Y esta manada nunca se pone a pensar, a dudar por un momento que pudiera estar equivocada. No piensan siquiera en que puedan estar dañando a alguien, insensiblemente, permantentemente. Ellos, que no se hacen responsables de sus actos. Ellos. Ellos son los verdaderos monstruos. Son ellos los que están en mis pesadillas. En ellas, solo hay silencio. Y esa gente sin rostro. Su silencio lo impregna todo como agua helada. Y luego todo se ensucia. Y yo me estoy deshaciendo y estoy gritando, pero nadie escucha.”
Ozawa sacudió la cabeza.
Esperé que continuara, pero él se quedó en silencio. Cruzó los brazos y los apoyó sobre la mesa.
“Aún hay tiempo - que tal una cerveza?” dijo, después de un rato.
Si, vamos, dije. Probablemente nos caería bien una.