Olvidar

- Fue un sueño hermoso.

He estado diciéndome toda la tarde, dudando de venir aquí, a escribir sobre ello. Porque aceptemoslo: el más hermoso sueño no vale nada al ser contrastado con la realidad. ¿Alguna vez acaso, hemos estado juntos, descansando en un sofá? ¿Alguna vez, abrazado junto a ella de manera casual (en el mismo sofá), me he detenido a explicarle mis temores y, entregándome por completo a su sonrisa, a (por primera vez) confiar? ¿Alguna vez estuvimos en alguna sala de amplias ventanas que daban a un jardín, tan hermoso como ella? Claro que no. Y he dudado en venir aquí una vez más porque sé que ese es el problema (o parte de. El escribir así; el sentir así. Todo eso denota una negación a la realidad de los que me rodean. Este es mi mundo. Y obviamente, estoy solo en él). El hecho de que cada texto, cada sueño, cada memoria; no logran sino alimentar las llamas de este infierno, que es este bregar diario sin ella. También porque al despertar hoy, a diferencia de otras veces en que la sueño, no fui ya presa de aquella devoradora fiebre que es la pregunta: "que será de ella? Estarán bien?". El sueño era ya, solo un cuento que seguramente leí hace tiempo, que ya olvidé de donde. Una historia ajena, que por salud mental era mejor no recordar. Porque ya basta, esto no vale. Estas palabras no sirven para regresarme a las tardes de Lima en una banca, o a su voz atrapada en esta celda conmigo. Porque es una celda, este fragmento de tiempo en el que me he recluido, abandonado de todo (fragmento de tiempo en el que me abandono). Entonces, prisionero y cínico, me digo que ella no es más que una excusa para perpetuar este castigo a mi cobardía. Y así, con el corazón vacío decido una vez más, que olvidar es mejor, que olvidar es más sano, y digo que no voy a escribir más. Entonces leo.

Y ya no sé más. Vengo a escribir.