El protagonista mirando la carretera en una noche helada. Se alternan escenas del regreso: una mujer al borde de la pista, un abrazo mudo y el cansancio al regresar. Un cuerpo esperandole y una pequeña casa sacudida del letargo a su llegar. Pequeñas algarabias se suscitan: el perro ladrar, la niña pequeña salir de su habitación a curiosear...
Se vuelve finalmente al protagonista, a punto de desembarcar, y una vez más a la escena familiar, que al espectador se le descubre ajena. La mujer está despierta en su habitación a oscuras, sin saber porqué mira atenta a través de la ventana el despertar de la ciudad. Pronto preparará el desayuno para el hombre que comparte su cama y la niña que sus sueños aún no quiere abandonar, mientras el protagonista está junto a una carretera desierta junto a un par de maletas, esta vez esperando una habitación vacía - a la luz de la mañana, la imaginación ya no puede más -. La cámara abandona a los personajes, en sus inútiles esfuerzos por avanzar. Él, perdido en un sueño mientras intenta detener los autos al pasar; ella, sentada a un lado de la cama, frente a la ventana que le muestra el amanecer detenido mientras ella no deje de mirar.
domingo 15 de noviembre de 2009
Escribir antes que olvidar
(The director's cut)
Etiquetas: "otro poco de calma, camarada", Delira, Desiderata
Escribir antes que olvidar
Los oidos gritan su dolor mientras mi cuerpo es traido de regreso a Lima.
Pienso en el protagonista (como yo) mirando la carretera en una noche helada (como ahora), alternandose escenas imaginadas de lo sucedido a su regreso: una mujer al borde de la pista, un abrazo mudo y el cansancio al regresar. Un cuerpo esperándole y una casa pequeña despertada del letargo a su llegar: pequeñas algarabias a su llegar; el perro ladrar, la hija pequeña salir de su habitación a recibirlo...
Se vuelve finalmente al protagonista, a punto de desembarcar, y una vez más a la escena familiar, que no es suya. La mujer está despierta en su habitación a oscuras, sin saber porqué mira hacia la ciudad desde la ventana despertar. Pronto preparará el desayuno para el hombre que comparte su cama y la niña que aún no quiere despertar, mientras tanto el protagonista está junto a una carretera desierta junto a un par de maletas, esta vez esperando una habitación vacía (a la luz de la mañana, la imaginación ya no es más). La cámara abandona a los personajes, en sus inútiles esfuerzos por avanzar. Él, perdido en un sueño mientras intenta detener los autos al pasar; ella, sentada a un lado de su cama, frente a su ventana el amanecer detenido mientras ella no deja de observar.
Fin
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Escribí esto imaginando escenas de regreso. Empecé a las 02:30 y ya son las 03:21. El dolor a los oidos está cediendo, la urgencia de escribir esto que imaginé también. Solo la vigilia, la realidad y la noche permanecen constantes, prestas a acompañarme una vez que me resigne a ellas.
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Hace falta pulir este texto, eliminar las re(no recuerdo la palabra, pero es cuando se repite una palabra con frecuencia)... Redundancias!
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03:31: intentaré dormir un rato
Etiquetas: "otro poco de calma, camarada", Delira, Desiderata
viernes 24 de julio de 2009
Chica cumpleañera
"Oh, eso no es bueno," dijo el anciano, pasandose los dedos por las arrugas de la frente. "para nada bueno"
Ella se aclaró la garganta nuevamente. "¿Le dejo su comida dentro, señor?" preguntó.
"Ah, sí, claro," respondió el anciano. "sí, claro, si desea. Por mí está bien."
¿Si deseo? pensó ella. Que extraña forma de decirlo. ¿Qué se supone que yo desee?
El anciano terminó de abrir la puerta, y ella puso el carrito dentro. El piso estaba cubierto con una alfombra corta gris, sin lugar para descalzarse. La primera habitación era un estudio amplio, como si el apartamento fuera más un lugar de trabajo que una residencia. Por la ventana se podía ver la torre de Tokio cercana, su esqueleto metálico delineado con luces. Un largo escritorio junto a la ventana y junto al escritorio un pequeño sofá y un sillón de 2 plazas. El viejo señaló la mesa de café de plástico laminado en frente del sofá. Ella dispuso la comida en la mesa: servilleta blanca y cubiertos, cafetera y taza. Vino y copa, pan y mantequilla, y el plato de pollo y verduras.
"Si fuera tan amable de colocar los servicios en el pasillo como siempre, señor, vendré a recogerlos en una hora."
Sus palabras parecieron sacarlo de la apreciativa contemplación de su cena. "Oh, si, claro. Los pondré en el pasillo. En el carrito. En una hora. Si lo desea."
Si, respondió para sí misma. por el momento es exactamente lo que deseo. "¿Hay algo más que pueda hacer por usted, señor?"
"No, no lo creo," dijo luego de pensarlo un momento. Vestía zapatos negros que habían sido lustrados al máximo. Eran pequeños y elegantes. Tiene estilo en el vestir, pensó. Y es muy erguido para su edad.
"Bien, entonces, señor, vuelvo al trabajo."
"No, espere solo un momento," dijo.
"¿Señor?"
"¿Cree que sea posible que me brinde cinco minutos de su tiempo, señorita? Tengo algo que me gustaría decirle."
Fue tan formal en su pedido que la hizo sonrojar. "Creo que está bien," dijo ella. "Quiero decir, si en realidad son solo cinco minutos." Él era su jefe, después de todo. Él le estaba pagando por hora. No era una cuestión de que ella le dé, o él esté tomando su tiempo. Y este anciano no parecía una persona que fuera a hacerle algo malo.
"a propósito, ¿que edad tiene usted?" preguntó el anciano, de pie, con los brazos cruzados y mirandola directamente a los ojos.
"Tengo veinte ahora," dijo.
"Veinte ahora," repitió él, entrecerrando los ojos como si observara fíjamente algo a través de algún tipo de grieta. "Veinte ahora. ¿Desde cuando?"
"Bueno, acabo de cumplir veinte," dijo ella. Luego de un momento de duda, agregó, "Hoy es mi cumpleaños, señor."
"Ya veo," dijo él, frotándose la barbilla como si eso lo explicara todo. "Es hoy, ¿cierto? ¿Hoy es su veinteavo cumpleaños?"
Ella asintió en silencio.
"Su vida en este mundo empezó exáctamente hace veinte años contando desde hoy."
"Si señor," dijo ella, "así es."
"Ya veo, ya veo," dijo él. "Es maravilloso. Bien, entonces, feliz cumpleaños."
"Muchas gracias", dijo ella, y entonces cayó en la cuenta de que era la primera vez en todo el dia que alguien le había deseado un feliz cumpleaños. Claro que, si sus padres habian llamado desde Oita, ella encontraría un mensaje de ellos en la máquina contestadora cuando llegara a casa después del trabajo.
"Bien, bien, este es ciertamente un motivo de celebración," dijo él. "¿Qué tál un pequeño brindis? Podemos beber este vino tinto."
"Gracias señor, pero no puedo. Estoy trabajando ahora."
"Oh, ¿que hay de malo con un pequeño sorbo? nadie va a culparla si yo digo que está bien. Solo un sorbo, como símbolo de la celebración."
El anciano sacó el corcho de la botella y sirvió un poco de vino en su copa para ella. Luego él tomó un vaso ordinario de un gabinete de puertas de vidrio y se sirvió un poco de vino.
"Feliz cumpleaños," dijo él. "Que viva una rica y fructífera vida, y que nada haga sombras en ella."
Chocaron sus vasos.
Que nada haga sombras en ella: se repetía silenciosamente esta frase a sí misma. Por qué habría él elegido palabras tan inusuales para su brindis de cumpleaños?
"Su veinteavo cumpleaños sucede solo una vez en la vida, señorita. Es un dia irreemplazable."
"Si, señor, lo sé," dijo ella, tomando un cauto sorbo de vino.
"Y aquí, en su dia especial, usted se ha tomado la molestia de traerme la cena como un hada de buen corazón."
"Solo hago mi trabajo, señor."
"Aún así," dijo el viejo, con unos pocos y rápidos movimientos de cabeza. "Aún así, amable jovencita."
El anciano se sentó en la silla de cuero de su escritorio y la invitó al sofá. Ella se sentó cautelosamente al borde del sofá, con el vaso de vino en la mano. Rodillas alineadas, ella tiró de su falda para alisarla, aclarándose la garganta nuevamente. Vió las gotas de lluvia trazando lineas hacia abajo en el cristal de la ventana. El cuarto estaba extrañamente tranquilo.
"Hoy resulta ser su veinteavo cumpleaños, y a pesar de eso me ha traido esta maravillosa y caliente comida," dijo el anciano, como reconfirmando la situación. Luego colocó su vaso en el escritorio con un pequeño golpe. "Esto tiene que ser algún tipo de convergencia especial, ¿no lo cree?"
No muy convencida, ella dejó escapar un asentimiento.
"Es por eso que," dijo él, tocando el nudo de su pajarita color hoja seca, "siento que es importante para mí darle un regalo de cumpleaños. Un cumpleaños especial merece un regalo conmemorativo especial."
Turbada, ella movió la cabeza y dijo, "No, por favor, señor, no le dé tanta importancia. Todo lo que hice fué traerle la comida, tal como me ordenaron hacerlo."
El anciano levantó ambas manos, palmas hacia ella. "No, señorita, no le dé usted tanta importancia. El tipo de 'regalo' que tengo en mente no es algo tangible, no es algo que tenga una etiqueta de precio. Para ponerlo en simple" él colocó sus manos sobre el escritorio y tomó una larga y lenta inspiración "lo que quisiera hacer por una amable y joven hada como usted es concederle un deseo que pudiera tener, para hacerlo realidad. Cualquier cosa. Cualquier cosa que usted desee, asumiendo que tenga usted algún deseo."
"¿Un deseo?" preguntó ella, con la garganta seca.
"Algo que usted quisiera que suceda, señorita. Si usted tiene un deseo... Un deseo, lo haré realidad. Ese es el tipo de regalo de cumpleaños que puedo darle. Pero mejor piense en ello cuidadosamente, porque solamente puedo darle uno." Él elevó un dedo en el aire. "Solo uno. No podrá arrepentirse más adelante y deshacerlo."
Ella había quedado sin palabras. ¿Un deseo? Azotadas por el viento, las gotas de lluvia golpeteaban sin ritmo el cristal de la ventana. Todo el tiempo que ella permaneció en silencio, el viejo la miraba a los ojos sin decir nada. El tiempo marcaba su paso irregular en sus oidos.
"¿Yo tengo que desear algo, y me será concedido?"
En vez de responder a su pregunta, el anciano - las manos aún lado a lado en el escritorio - solo sonrió. Lo hizo de la forma mas natural y amable.
"¿Tiene usted un deseo, señorita? ¿o no?" preguntó amablemente.
"Esto pasó realmente," dijo, mirándome fijamente. "no lo estoy inventando."
"Claro que no," dije. Ella no era el tipo de persona que inventa alguna historia tonta de la nada. "Entonces... ¿pediste tu deseo?"
Ella se quedó mirándome por un rato, luego soltó un pequeño suspiro. "No me malentiendas," dijo. "Yo misma no lo estaba tomando cien por ciento en serio. Es decir, a los veinte años tu ya no estás viviendo en un mundo de cuentos de hadas. Si esta era su idea de una broma, pensé, tenía que felicitarlo por ocurrirsele una muy buena."
Era un viejo y apuesto camarada, con una chispa en los ojos, así que decidí seguirle el juego. Era mi veinteavo cumpleaños, después de todo: supuse que merecía que algo no tan ordinario me sucediera ese dia. No era un asunto de creer o no creer."
Asentí sin decir nada.
"Puedes entender como me siento, estoy segura. Mi veinteavo cumpleaños estaba llegando a su fin sin que sucediera nada especial, nadie deseandome un feliz cumpleaños, y todo lo que estaba haciendo era llevar tortellini con salsa de anchoa a las mesas de los clientes."
Asentí de nuevo "No te preocupes," dije "entiendo."
"Así que pedí un deseo."
El anciano mantuvo su mirada fija en ella, sin decir nada, las manos aún sobre el escritorio. También habían en el escritorio algunos folderes gruesos, que bien podían ser libros contables, había además implementos de escritura, un calendario y una lámpara con una pantalla verde. Sobre ellas, sus manos pequeñas se veían como parte del mobiliario del escritorio. La lluvia continuaba golpeando contra el vidrio, las luces de la torre de Tokio filtrándose a través de las gotas rotas.
Las arrugas de la frente del viejo se remarcaron ligeramente. "¿Ese es tu deseo?"
"Sí," dijo ella. "ese es mi deseo."
"Un poco inusual para una chica de tu edad," dijo. "esperaba algo diferente."
"Si no es bueno, desearé otra cosa," dijo ella, aclarándose la garganta. "no importa, pensaré en otra cosa."
"No no," dijo el anciano, levantando sus manos y moviendolas como banderas. "No hay nada malo, nada de eso. Es solo un poco sorpresivo, señorita. ¿No tiene algo más? como, digamos, ¿querer ser más bonita, más inteligente, o rica? ¿está usted bien sin desear algo como eso? - ¿algo que una chica ordinaria de su edad pediría?"
Ella se tomó un momento para buscar las palabras correctas. El viejo solo esperó, sin decir nada, sus manos descansando juntas sobre el escritorio nuevamente.
"Claro que me gustaría ser más bonita, o más inteligente o rica. Pero realmente no puedo imaginar que sucedería si alguna de esas cosas se hiciera realidad. Pueden ser más de lo que yo pudiera manejar. Sigo sin saber realmente de qué trata la vida , No sé como funciona."
"Ya veo," dijo el anciano. "Por supuesto. No es ningún problema para mí"
El viejo de repente fijó su mirada en un punto en el aire. Las arrugas de su frente se hicieron más profundas: bien podían haber sido las arrugas de su cerebro mismo, de lo concentrado que estaba en sus pensamientos. Él parecía estar fijándose en algo - quizás en todo - en los invisibles puntos de polvo flotando en el aire. Abrió sus brazos por completo, se levantó ligeramente de su asiento, y juntó las palmas de sus manos en un golpe seco. Incorporándose en la silla nuevamente, lentamente pasó las yemas de sus dedos a lo largo de las arrugas de su frente como para suavizarlas, y luego se volvió hacia ella con una sonrisa gentil.
"Está hecho," dijo. "su deseo ha sido concedido."
"¿Ya?"
"Sí, no fué ningún problema. Su deseo no fue ningún problema, amable señorita. Feliz cumpleaños. Puede usted volver al trabajo ahora. No se preocupe, pondré el carrito en el pasillo."
Ella bajó por el ascensor al restaurant. Con las manos ahora vacías, se sintió casi preocupadamente ligera, como si estuviera caminando en algún tipo de polvo misterioso.
"¿Estás bien? pareces ida," le dijo la joven camarera.
Ella le dedicó una ambigua sonrisa y sacudió la cabeza. "Oh, ¿si? No, estoy bien."
"Cuéntame del dueño. ¿Como es él?"
"No sé, no le presté mucha atención," dijo, terminando la conversación.
Una hora después subió a recoger el carrito. Estaba en el pasillo, y los utensilios en su lugar. Levantó la tapa para encontrar el pollo y las verduras terminados. La botella de vino y el thermo de café estaban vacíos. la puerta de la habitación 604 permanecía cerrada y sin expresión. Se quedó mirándola por un momento, con la sensación de que se abriría en algún momento, pero no se abrió. Se llevó el carrito por el ascensor y lo dejó en el lavadero. El chef dió una mirada a la bandeja, vacía como siempre, y asintió en silencio.
"Nunca volví a ver al dueño de nuevo," dijo ella "Ni una vez. El administrador resultó haber sufrido solo un dolor de estómago normal y volvió a ser él quien llevara la comida del dueño al dia siguiente. Yo renuncié después de año nuevo, y nunca he vuelto al lugar. No lo sé, siento como que es mejor no pasar cerca de ahí, es una especie de corazonada."
Ella jugueteó con un posavasos de papel, absorta en sus pensamientos. "A veces tengo la sensación de que todo lo que pasó en mi veinteavo cumpleaños fue algún tipo de ilusión. Es como si hubiera pasado algo para hacerme pensar que las cosas que sucedieron en realidad no habían sucedido. Pero estoy segura que sucedieron. Puedo aún traer a mi mente imágenes muy reales de cada mueble y de cada detalle en la habitación 604. Lo que me pasó ahí realmente pasó, y eso también tiene una gran importancia para mí."
Los dos nos quedamos en silencio por un rato, bebiendo nuestras bebidas y pensando nuestros pensamientos.
"¿Te importa si te pregunto una cosa?" pregunté. "O, más precisamente, dos cosas."
"Adelante," dijo. "Imagino que vas a preguntar lo que deseé aquella vez. Esa es la primera cosa que querrás saber."
"Pero parece que no desearas hablar acerca de eso."
"¿Tú crees?"
Asentí.
Ella bajó el posavasos y entrecerró los ojos, como fijando la mirada en algo a la distancia. "No se supone que le cuentes a nadie lo que uno desea. Sabes eso, ¿no?"
"No voy a tratar de sacarte la respuesta," dije. "Aunque me gustaría saber si se hizo realidad o no. Y también - sin importar lo que hayas deseado - si llegaste a arrepentirte de haber pedido ese deseo. ¿No lamentas no haber elegido otro deseo?"
"La respuesta a la primera pregunta es sí y también no. Aún me queda mucha vida por vivir, probablemente. No he visto como irán las cosas hasta el final."
"¿Así que es un deseo que toma tiempo en realizarse?"
"Podría decirse. El tiempo va a jugar un rol importante."
"¿Como en la preparación de ciertos platillos?"
Ella asintió.
Pensé en ello por un momento, pero lo único que me vino a la mente fue la imagen de un pastel gigante cocinando lentamente en un horno a baja temperatura.
"¿Y la respuesta a mi segunda pregunta?"
"¿Cual era la pregunta?"
Siguieron unos segundos de silencio. La mirada que me dirigió parecía carecer de profundidad. La disecada sombra de una sonrisa asomó por las comisuras de sus labios, revelando una especie de callado sentido de resignación.
"Estoy casada ahora," dijo. "con un contador tres años mayor que yo. Y tengo dos hijos, un niño y una niña. Tenemos un setter irlandés. Conduzco un audi y juego tennis con mis amigas dos veces a la semana. Esa es la vida que estoy viviendo ahora."
"Suena bien para mí", dije
"¿aún si el parachoques del audi tiene dos choques?"
"Hey, los parachoques son para chocar."
"Ese podría ser un muy buen sticker de parachoques," dijo, "Los parachoques son para chocar"
Miré su boca cuando dijo eso.
"Lo que estoy tratando de decir es esto," dijo más suavemente, rascandose el lóbulo de la oreja. Era un lóbulo bellamente formado. "No importa lo que deseara, no importa que tan lejos vaya, la gente no puede ser algo distinto de lo que ya es. Eso es todo."
"Esa es otra buena para sticker de parachoques", dije. "No importa cuan lejos vaya, la gente no puede ser otra cosa que lo que ya es"
Ella rió intensamente, con gran placer, y la sombra había desaparecido.
Ella apoyó un codo en la barra y me miró. "Cuentame" dijo, "¿qué habrías deseado tú si hubieras estado en mi lugar?
"¿La noche de mi veinteavo compleaños, quieres decir?"
"Ajá"
Me tomé un momento para pensar en ello, pero no se me ocurrió ni un solo deseo.
"No se me ocurre nada," confesé "estoy demasiado lejos de mi cumpleaños número veinte."
"¿En serio no se te ocurre nada?"
Asentí.
"¿nada?"
Ella me miró a los ojos nuevamente - directamente - y dijo, "Eso es porque ya se ha cumplido tu deseo."
Etiquetas: 'Traduttore Traditore', Murakami
viernes 17 de julio de 2009
Esa conversación
- a esa edad tus padres todavía no te habían explicado?
- que si! lo hicieron! me explicaron todo eso de la cigueña, de París, del tráfico de menores...!
Etiquetas: no respondas
3D
- ya viste la era del hielo en 3D?
- si
- bacán el 3D?
- ... casi no se nota, como que te sacaran algo del bolsillo
Etiquetas: no respondas
